«Esto es una explosión de alegría»

Luis Carlos Llera Llorente
luis carlos llera VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

Los vigueses llenan los restaurantes abiertos, que tienen reservas para todo el fin de semana

17 abr 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Vigo se echó a la calle para cenar en una noche plácida donde el termómetro marcaba los 23°. El ansia de alternar y de socializar estaba entre todos los comensales que sonreían ante unos platos que se servían rápido en una especie de fast food por motivos de la pandemia. «Esto es una explosión de alegría», aseguraba un empresario que despachaba un chuletón junto a su familia en el restaurante Chavolas, uno de los más conocidos del Casco Vello. En el local no cabía un alfiler, salvo en las mesas que no pueden ser reservadas por aforo. El Chavolas fue anoche un lugar de encuentro de grupos de amigas y de familias.

No todos los locales de hostelería de la ciudad abrieron, claro. Algunos, por cautela; otros, por no tener licencia de restaurante. Pero los que sí lo hicieron se llenaron a pesar de que había que reservar y proporcionar un montón de datos personales..

En algunos casos, las reservas se hicieron sobre la marcha como en algún local de Rosalía de Castro. En esta calle se podían ver grupos familiares y de amigos que poco después de las ocho hacían su aparición en el restaurante La Tagliatella, una franquicia especializada en comida italiana que suele tener mucho éxito entre las familias. «Teníamos ganas de venir con nuestro hijo al que le gusta mucho la pizza», señalaban en una familia formada por Pablo, de 7 años, Mónica y José. No habían dado las 20.30 horas cuando el restaurante ya registraba una enorme afluencia de público ansioso de volver a poder disfrutar de una buena cena con pasta.

Por el Casco Vello se podían ver grupos de jóvenes extranjeros conversando después de tomar sus consumiciones y gente apurando en los establecimientos. En el restaurante Komercio, de Montero Ríos, una pandilla de amigas celebraba su reencuentro después de varios meses sin verse. «Lo malo es que todo tiene que ser rápido y subiendo y bajando la mascarilla continuamente, pero estamos muy bien, porque hacía falta una recarga positiva», señalaba un grupo de mujeres que se definen en Whatsapp como «As de sempre» y que compartían unos huevos rotos.

El empresario Omar Fares, dueño de varios restaurantes, recibía en La Trastienda del 4 a su amigo Jacobo Gantes, que fue concejal en A Coruña. «He venido para cenar», señalaba el antiguo edil, que tiene a un hijo estudiando en Vigo. Y el dueño del establecimiento aclaraba: «Estamos a tope, a los diez minutos de saberse que se podía abrir hasta las 23.00 horas recibimos un montón de llamadas».

En otros restaurantes, los grupos de amigas repartían las tortillas de patatas y otras raciones y alguien bromeaba con los camareros: «Estáis desentrenados» decía una chica joven mientras hacía un pedido.

Uno de los restaurantes con más solera de la ciudad, El Mosquito, acogía anoche a sus primeros clientes después de mucho tiempo cerrados. «En un años solo hemos estado abiertos cuatro meses», señalaba el propietario, que recibía en persona a la primera pareja de clientes madrileños que habían llegado al local. «Estamos en un hotel y venimos a tomar un buen marisco», señalaban Alberto y Cristina. Desde A Pedra se veía un megayate iluminado y la postal era perfecta para contemplar la ría volviendo de cenar como un jeque.

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Locales de hostelería

Una gran mayoría no tienen licencia de restaurante, por lo que no están facultados para abrir hasta las 23.00 horas. Y algunos que podrían hacerlo, de momento prefieren esperar.