«Juzgan» a una funcionaria de Vigo por robar lápices como fiesta sorpresa por su jubilación

E.V.Pita VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

E. V. Pita

La Fiscalía «acusó» a Clarisa en su último día de trabajo de sustraer bolígrafos en las oficinas de los tribunales. Tras el cariñoso juicio de despedida, la jueza la «condenó» a seguir visitándolos cada quince días

11 abr 2021 . Actualizado a las 12:17 h.

El Juzgado de lo Penal número 1 de Vigo hizo una original fiesta de despedida para darle una sorpresa a una funcionaria en su último día de trabajo, que se jubiló el pasado jueves. Clarisa era una veterana que sumó décadas de servicio a la Justicia. En los años 80 y 90, trabajó en los antiguos juzgados situados en el ahora museo Marco en la calle del Príncipe, a las órdenes de los ex jueces decano Julián Sansegundo y Antonio Romero, recientemente fallecido. En los nuevos juzgados de la calle Lalín, se mantuvo fiel al penal número 1 de Vigo, acompañada de su inseparable compañera Loli.

El último día de trabajo, Loli le contó en confidencia a Clarisa que cuando terminase la jornada traerían unos pinchos de piscolabis y le regalarían un muñeco de cerámica para despedirla. Sería un sencillo acto. Confiada, Clarisa siguió trabajando hasta que irrumpió en la oficina la jueza y le dijo que faltaba un acusado por juzgar y que llevase a la sala la carpetilla con el expediente. Al coger la portada, Clarisa vio su propio nombre rotulado en el escrito de acusación y tuvo que releerlo varias veces para asegurarse de que no estaba soñando. La acusada era ella misma.

Al entrar en la sala de audiencias, se encontró a su marido abogado, Enrique Almuíña, sentado en la tribuna porque se iba a encargar de defenderla en este caso. El letrado de la defensa le guiñó un ojo a su esposa y le aseguró que todo saldría bien.

Sin dar crédito, ante lo que veía, la jueza le ordenó a Clarisa sentarse en el banquillo de los acusados porque iba a ser juzgada por el robo de lápices en la oficina. Entre sollozos de emoción, oyó a la fiscal jefe de Vigo, Susana García-Baquero, leer la acusación contra ella: sus compañeros la «acusaban» de robarles durante años los lápices y bolígrafos que atesoraban en sus escritorios.

Como testigos de cargo, entraron a declarar el letrado judicial, Juan Yáñez, y su compañera Loli, quienes desvelaron diversos episodios en los que sus lápices, rotuladores y bolígrafos habían desaparecido sigilosamente de sus mesas tras pasar Clarisa por allí.

Finalmente, la jueza dictó in voce una particular condena: Clarisa tendría que cumplir jornadas en beneficio de la comunidad. Su trabajo consistiría en volver a visitarlos cada quince días para comprobar que seguía bien.

Entre sollozos, Clarisa no se creía lo que pasaba y no paraba de llorar. Cuando terminó el falso juicio, un simulacro que los anglosajones denominan moon court, todos aplaudieron a la homenajeada. Luego le entregaron varios regalos de despedida por su jubilación, entre ellos un centro de flores y una muñeca con su mismo aspecto que fue confeccionada artesanalmente por la quiosquera de los juzgados. 

Clarisa era una leyenda en los juzgados, ya que empezó a trabajar muy joven y pasó décadas en Vigo al servicio de los tribunales. Así que su despedida también incrementó su fama como funcionaria. No podía sospechar que sus compañeros y su marido abogado le habían organizado una despedida de matrícula de honor, con la complicidad de la jueza y de la fiscal jefe.