Solidaridad con las colas del hambre

Más de 40 personas, entre ellos un matrimonio con sus hijos, prepara los menús que la Fundación Casa Caridad de Vigo entrega a diario a personas sin recursos

M.Moralejo (Fotos)
vigo / la voz

Trabajando como voluntarios en el comedor social La Esperanza se aprende mucho de la vida. Lo dice un matrimonio de profesores voluntarios que acuden con sus hijos a colaborar en la organización de las bolsas de alimentos que reparten a personas sin recursos.

«Estamos felices, porque somos una familia y hemos conocido a otra gente y la hemos ampliado con ellos. Venimos encantados», comenta Roberto Martínez mientras distribuye un cocido en decenas de botes. «Cuando tenemos vacaciones, que son buenas y merecidas, venimos. Aprovechamos para echar una mano aquí porque hay más gente que lo necesita e incluso vienen nuestros hijos», comenta Almudena, su mujer. Roberto da clase en el colegio Cluny, mientras que ella es profesora en los Carmelitas. Sus hijos Pablo, Carolina y Santiago tampoco faltan a la cita. El único que no va es el pequeño de 13 años, que todavía es muy joven.

Reconocen que la experiencia en el comedor, donde ya llevan un año colaborando, es muy gratificante. «Aprendemos más aquí que en otros sitios», señala Roberto. Desarrollan con otros voluntarios un trabajo que no se ve, pero que empieza horas antes de que se formen las colas diarias de personas sin recursos en la puerta de este comedor ubicado en el Berbés. Hacen falta manos para servir la comida en los envases y meterlo todo en las bolsas que después recogen los usuarios.

Este servicio humanitario de la Fundación Casa Caridad de Vigo Hogar San José reparte cada día un total de 150 menús, que se duplican los sábados y vísperas de festivos para que las personas que no tienen dinero para ir al supermercado no pasen hambre ni un día de la semana Además cuentan con un servicio de duchas y peluquería y pronto tendrán una sala informática para acceder a Internet y tener más fácil la búsqueda de empleo y el envío de currículos.

Todo esto no sería posible sin la labor desinteresada de más de 40 personas que prestan su tiempo para una labor solidaria. .

Entre ellos también se encuentra Cristian, que lleva dos meses colaborando. Este colombiano de Cali es camarero, pintor, diseñador de moda y estudiante de inglés y gallego en la Escuela de Idiomas. Busca labrarse un futuro en Galicia, donde lleva dos años y hace camino al andar colaborando con esta iniciativa. «Vengo con todo el amor y gratitud, porque quiero y porque me parece una labor muy humana y es gratificante trabajar con un equipo tan maravilloso», afirma.

Otro voluntario es Francisco Dolante, venezolano de 54 años, alumno del centro de formación profesional Manuel Antonio. Cursa estudios de cocina y considera que su trabajo como voluntario en el comedor es una forma de involucrarse en su profesión desde un punto de vista solidario.

Patricia, de 44 años, empezó a colaborar hace cinco años. Descubrió que ayudar en el comedor era lo que quería porque le resulta una labor muy enriquecedora. «Nos dedicamos a organizar y preparar la comida que los transeúntes se llevan en bolsas. Antes de la pandemia estaba abajo, en el comedor, limpiando mesas, bandejas, dando comida y haciendo un poco de todo», señala.

La directora del comedor, Alicia Román, explica que antes de la pandemia colaboraban muchas personas jubiladas que disponían de tiempo para darlo a los demás. El perfil ha cambiado y ahora es más variado. Hay quienes se encuentran en el paro, extranjeros que esperan regularizar su situación y también personas jubiladas. «Intentamos que no sean mayores de 70 años para evitar riesgos», explica Alicia Román.

Donaciones

El funcionamiento de este comedor social tampoco sería posible sin la generosidad de los donantes de los productos que se preparan en sus fogones. Reciben apoyo del Banco de Alimentos, de empresas como Mercadona y de grandes conserveras. También colaboran particulares que acuden al supermercado y les hacen la compra que o bien dejan ellos mismos en la puerta del centro o bien lo hacen a través de un repartidor.

Este comedor será uno de los que reciban este año el título de Vigueses Distinguidos en reconocimiento a su trabajo por las personas más desfavorecidas durante la pandemia. Recogerá el título Sor María Fernanda, que continuó al frente del comedor n pleno confinamiento. La actual directora valora muy positivamente esta distinción porque reconoce al esfuerzo que realizan y es un impulso para que se conozca su trabajo y que les puedan seguir ayudando en el futuro. Llevan 200 años en Vigo, pero hay ciudadanos que no conocen esta institución. La Fundación cuenta además con una residencia con 40 menores tutelados por la Xunta con edades comprendidas entre los 0 y los 18 años y que están matriculados en colegios e institutos de la ciudad.

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