Marujita hace croquetas con Cervantes

La ex librería viguesa es desde hoy un restaurante en honor a la abuela del impulsor del establecimiento, que albergará eventos y un club de lectura


vigo / la voz

Hace un tiempo, el alcalde de Vigo aseguró que por las noches daba paseos por la calle del Príncipe y en esas lisérgicas ensoñaciones se encontraba con Julio Verne. No sería de extrañar que si sus caminatas le llevan un poco más lejos, bajando Colón hasta el número 27 de Policarpo Sanz, se tope con Cervantes, cuyo fantasma también es posible que tome cuerpo, resucitado por los olores de la cocina de La Marujita que desde hoy se pone en marcha en el local que durante más de 70 años llevó su nombre.

La librería Cervantes cerró sus puertas en febrero del 2007 y, tras albergar una parafarmacia que igual tenía bálsamo de Fierabrás y todo, vuelve hoy a abrir sus puertas como bar restaurante con un aspecto que aunque en el contenido borra su pasado, el continente lo recuerda en muchos otros aspectos.

Para empezar, el impulsor del proyecto, el diseñador vigués Manuel Pampillón Bugarín, ha tratado de mantener en lo posible la estructura original y tenido la delicadeza de conservar el rótulo original que el anterior inquilino también tuvo a bien no destrozar del todo ocultándolo bajo un cartel adhesivo que lo ha dañado pero se ha podido restaurar. La deferencia viene al pelo en un momento en que varios colectivos del país tienen en marcha a la vez campañas (en Vigo el Ateneo Atlántico con Mirando polos letreiros) para que no se pierdan esos rótulos antiguos que dan personalidad a las ciudades.

Manuel ha decidido bautizar su negocio como La Marujita «en honor a mi abuela, a su cocina y en general a la cocina tradicional, aunque la nuestra tendrá esa base pero con un toque de vanguardia», explica aclarando que su abuela se llama Pilar, pero la llaman todos Marujita para diferenciarla de su madre, Maruja. «Tengo claro que se llame como se llame el local, para muchos seguirá siendo La Cervantes, porque para la gente de Vigo la referencia es la librería, pero yo encantado», admite.

El joven emprendedor de 28 años no tiene vértigo, ya que desarrolló este proyecto en medio de la pandemia, viendo como el sector ya asentado se iba a pique. Además se estrena en un gremio que no era el suyo, ya que es diseñador textil formado en la escuela Goymar de Vigo y tiene un incipiente currículo en el que hay destacados brillos como ser uno de los siete elegidos por Madrid Capital de Moda para exponer sus creaciones en el Museo del Traje.

A pesar del giro profesional, el vigués no ha podido evitar sacar la aguja y el dedal para el equipo que está tras los fogones, para los que hizo una réplica del mandil de su abuela y es el que llevan como uniforme. Su apuesta culinaria se levanta temprano los lunes y no descansa hasta que se pone el sol los sábados. Empieza a la hora del desayuno a partir de las 8 con una carta de dulce y salado y brunch los sábados, sigue con una carta de platos en la que hay desde croquetas a gyozas, tacos, woks o hamburguesas, y no termina hasta las 21.00 horas con tés, cafés, zumos, vinos y copas.

Vocación de socializar

Pero el gusto por el diseño de Pampillón va más allá de las telas y a su bar lo ha vestido de mobiliario vintage adquirido en mercadillos y rastros como el de Madrid, «para lograr una estética años 50 acorde al local», explica añadiendo que todas las piezas son originales y diferentes épocas como la Space Age o de autores como el danés Finn Juhl.

Y mientras, Cervantes seguirá allí en espíritu y a través de algunos de sus textos reproducidos en las paredes. Los libros forman parte interactiva de la decoración aunque el covid impida ahora mismo tocarlos, pero sirven también como soporte para consultar la carta con códigos QR pegados en los lomos.

El vigués entiende su proyecto como algo que además de la restauración se acerca a un concepto más abierto, un espacio adaptable donde la clientela puede hacer vida social. «Este aspecto en este momento hay que posponerlo por la pandemia, pero la idea desde el principio ha sido esa, que sea un lugar de encuentro al que la gente acuda a los actos que iremos organizando, algunos relacionados con la comida y otros con la lectura, desde catas de vinos, cursos de cocina, club de lectura o presentaciones de libros», avanza. Por otra parte, ha aplicado la preocupación por el medio ambiente a su proyecto, contando con proveedores locales, productos de temporada, alimentos ecológicos, control de residuos, eficiencia energética y política zero waste en colaboración con Too Good To Go, la aplicación que avisa para recoger lo que sobra al cierre.

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