El tramo de la autovía Rías Baixas que nadie festejó

Alcanza sus bodas de plata el trayecto final del vial que entró en uso sin inauguración ni actos


vigo / la voz

Las promesas, reproches y titulares sobre el calendario de inauguración de las autovías de unión de Galicia con la Meseta en la segunda mitad de los años 90 podrían perfectamente trasplantables a los que genera desde hace años la conclusión del AVE entre Madrid y la comunidad gallega. Bailaban las fechas, sobraban excusas y Galicia no dejaba de emitir sus lamentos por el aldraxe que se aseguraba se le hacía vivir en comparación con la apuesta gubernamental por el Mediterráneo.

Había, como ahora, un presidente socialista en el Gobierno central, Felipe González; un ministro de Obras Públicas igualmente del PSOE, como hoy, Josep Borrell, y un titular de la Xunta del PP, Manuel Fraga, que de vez en cuando daba un golpe en la mesa y lo replicaba su conselleiro Xosé Cuiña para exigir celeridad. Un mes arriba o abajo para la inauguración de cada tramo de la autovía de las Rías Baixas se convertía en motivo casi de conflicto diplomático. Y Borrell respondía lamentando la falta de paciencia y reconocimiento a su trabajo advirtiendo que en aquel 1996 de hace 25 años Galicia iba a ser la comunidad en la que más kilómetros de nuevas autovías entrarían en funcionamiento.

En medio de los pulsos a cuenta del calendario se programó la inauguración del tramo final de la autovía del sur de Galicia, el trayecto de la A-52 que acaba en O Porriño desde O Confurco. Y el Gobierno socialista que estaba en funciones al ser derrotado por José María Aznar, se contrarió cuando el entonces alcalde de A Cañiza y senador, César Mera, advirtió que la inauguración se convertiría en un caos al no estar concluidos los enlaces de los pueblos con la nueva autovía y que el centro de su villa tendría que absorber todo el tráfico, como también ocurre ahora al estar cerrado por reparación el mayor túnel de la A-52.

Fuese la advertencia del regidor o la conclusión de los responsables de la obra de que no había condiciones para el corte de cinta con garantías, que la inauguración prevista para el 21 de marzo se aplazó «por dificultades de última hora», anunciaba el Gobierno Civil de Pontevedra. No fue aquel miércoles, pero dos días más tarde, los conductores que salían a última hora de la jornada desde Vigo hacia Ourense o los que hacían el mismo viaje en sentido contrario eran encaminados al nuevo tramo de la autovía de la Rías Baixas sin festejos ni inauguraciones. Se abrió como con vergüenza, aunque se aseguraba que el ministro Josep Borrell quería ser en persona quien pusiese en marcha el mayor número de tramos posible de una de las obras que más dolores de cabeza le habían generado. Estos eran cuatro kilómetros y medio claves para circunvalar O Porriño y que incluso sirvieron de helipuerto al propio Borrell un mes más tarde cuando el helicóptero que lo trasladaba, esa vez sí, para inaugurar el tramo anterior de 19 kilómetros (O Porriño-Batalláns), se posaba sobre el asfalto cortando el tráfico la Guardia Civil para la operación de aterrizaje observada desde sendos autobuses por toda la comitiva congregada. Ese fue el día en el que ahora vicepresidente de la Unión Europea recriminó a la prensa cuestionarle sobre la peligrosidad del trazado de la autovía A-55 (Vigo-O Porriño), desde su entrada en funcionamiento una de las más peligrosas de España. «Los gallegos nunca se quedan conformes con nada», dijo algo alterado por los abucheos de unas doscientas personas que gritaban «Autovía sí, pero non así», clamando por enlaces a la infraestructura desde los pueblos que quedaban a su paso. Allí estuvieron el entonces diputado Abel Caballero, el mítico alcalde de Ponteareas, José Castro, además del conselleiro Cuíña, azote del Gobierno socialista a cuenta de los retrasos.

Veinticinco años se cumplen pues de aquella apertura del último tramo de la autovía sin fanfarrias, ni nadie que lo festejase, el tramo de nadie, pero el definitivo de una infraestructura cuyo coste rondó los 20.000 millones de pesetas de entonces (120,2 millones de euros) y que semeja haber quedado incompleta, sin la conexión final con Vigo que aunque recibiría el visto bueno para su realización en 1999, de momento se sigue sin vislumbrar mientras se parchea una y otra vez una de las carreteras con más densidad de tráfico de toda Galicia.

Conoce nuestra newsletter con toda la actualidad de Vigo

Hemos creado para ti una selección de noticias de la ciudad y su área metropolitana para que las recibas en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
8 votos
Comentarios

El tramo de la autovía Rías Baixas que nadie festejó