San José bendice a la hostelería de Vigo

Eclosión de clientes en el día del padre y la Policía Local tuvo que disolver algún grupo


vigo / la voz

Como las antiguas máquinas de pinball, los hosteleros de Vigo jugaron a fondo la bola extra que les ha dado la Administración autonómica y celebraron por todo lo alto el día de San José. La tarde incluso estuvo más animada que el mediodía con una población ansiosa de disfrutar de ese momento en que el sol no se ha puesto y permite charlar al aire libre con una consumición. En algunos puntos, como la calle Teófilo Llorente, había demasiada gente y la Policía Local tuvo que intervenir y pedir a los grupos de jóvenes que se separasen y no se juntasen más de seis personas, porque en algún momento puntual sobrepasaron esa cifra. «Siempre se meten con los jóvenes», señalaba uno de ellos que guardaba las medidas. Pero en general la clientela dio muestras de civismo.

En el Casco Vello había mucho ambiente, aunque algunos mantenían cautela como Natalia Rey propietaria del Terra Bowles. «Hoy es un día de prueba estoy yo sola. A ver cómo funciona este horario. Nos encargamos del delivery y mantenemos abierta la terraza», decía esta joven que abrió este restaurante de fusión de comida gallega y hawaiana el pasado octubre en plena pandemia.

Juanjo Figueroa, el presidente de los hosteleros del Casco Vello, señalaba que la jornada del día del padre transcurrió bien «con restricciones que son injustas. Hoy se ve que la gente está de forma ordenada en las terrazas. Han salido a consumir con prudencia y seguimos con aforos absurdos». Explicaba que «nosotros estamos abiertos de 20:00 a 21:00 horas para que la gente se pueda llevar la cena a casa y mientras espera, tomarse una cerveza».

Aunque la hostelería ha reabierto hasta las 21 horas, muchos locales siguen cerrados y hay calles que se encuentran vacías, como la de las Ostras que depende directamente del turismo, que todavía no ha llegado con normalidad. En A Laxe y el Náutico el trasiego era notable e incluso se podía escuchar a algunos viandantes hablar en inglés.

Los vigueses y visitantes de la comarca aprovecharon para pasear y reunirse con la familia y los amigos en un día en que entró en vigor la desescalada. Los grupos permitidos son de seis personas, un número reducido pero suficiente para muchos pequeños grupos familiares. «Venimos de Ponteareas», decía una familia que degustaba una bandeja de marisco en el restaurante Mar del Plata de Samil.

El Casco Vello, Samil, Bouzas y otros puntos de la ciudad registran una gran afluencia. En muchos locales, las reservas estaban completas a las 12:00 de la mañana. Es el caso de La Carpintería restaurante de Bouzas que fusiona la cocina vasca con la gallega moderna y ocupa un antiguo almacén de sal. La copropietaria, Elena Garmendia, aseguraba que «estamos completos para los dos turnos del mediodía. Para nosotros los días del padre y de la madre son de los más fuertes y hay que reservar con mucha antelación». Garmendia matizaba que el restaurante no va a abrir de 18:00 a 21:00 de la tarde porque no tiene mucho sentido dar cenas a las 19.00 horas. «Y además tendrías que echar a la gente a las 20.45 horas para poder cerrar a las nueve».

En El Sopapo optaron también por la prudencia y decidieron con que era suficiente abrir al mediodía. Cumplan las normas a rajatabla y su espacio es amplio. Han tardado dos años en darles la licencia para la terraza. Burocracia.

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