Las colas del hambre en Vigo no paran de crecer

alejandro martínez VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

Los colectivos que reparten alimentos auguran que la situación seguirá empeorando a lo largo del año

18 mar 2021 . Actualizado a las 01:38 h.

Cuando se cumple un año de la declaración del estado de alarma, las colas del hambre no han parado de crecer en Vigo. Las entidades que se dedican al reparto de alimentos en la ciudad soportan un aumento de la demanda de personas empobrecidas que no tienen dinero para satisfacer sus necesidades básicas.

Lo grave es que tienen la percepción de que la situación no va a mejorar a corto plazo, sino que son conscientes de que lo peor está aún por llegar. Alicia Román, directora del comedor de La Esperanza, de la Fundación Casa Caridad de Vigo, señala que desde las últimas semanas han notado un incremento de unos 40 usuarios diarios que acuden a esta institución en O Berbés para recoger los menús preparados en bolsas. El equipo de cocina y los voluntarios preparan cerca de 200 diarios. Considera que la causa de este aumento está relacionada con el cierre de la hostelería porque muchos negocios están cerrando y los trabajadores se quedan en la calle con unos ingresos insuficientes. «Es un aniversario triste porque vemos que la situación no está mejorando», afirma esta responsable. Esta institución cerró el comedor durante la pandemia, pero entrega bolsas de alimentos para que los beneficiarios puedan comer todos los días de la semana. Los sábados se llevan una ración doble porque los domingos no hay reparto.

De la misma forma, Ricardo Misa, director de Vida Digna, también percibe que cada vez son más las personas que se dirigen a sus instalaciones de la calle Brasil en busca de alimentos. Alrededor ocho nuevas familias se anotan cada semana como beneficiarias de esta organización, después de acreditar documentalmente su situación de escasos recursos. Vida Digna ha aumentado los días de reparto para que las colas de espera no sean tan largas y evitar esa incomodidad que supone para las personas que acuden a recoger las bolsas de comida. No observa una mejoría a corto plazo. «Hay muchas empresas que no van a volver a contratar a sus empleados, que devuelven el dinero de los ertes porque se ven incapaces de continuar cuando esto pase», afirma.

Perfiles

Los beneficiarios de estas organizaciones obedecen a perfiles diferentes, pero todos tienen un denominador común. No tienen trabajo y las ayudas o subsidios que perciben de las administraciones públicas no son suficientes para tener una independencia económica.

Hay personas que se encuentran enfermas, otros ya se han jubilado y también abundan parados de larga duración o que acaban de perder el empleo por culpa de la pandemia.

«Tengo 53 años, trabajaba en PSA y cobro 451 euros. Me alcanza para pagar el teléfono, el agua, la luz y el alquiler del estudio en el que estoy viviendo», comentaba ayer una de las personas que hacían cola en el comedor de La Esperanza.

XOAN CARLOS GIL

«Yo estoy de baja porque tengo un problema en la vista y un quiste en el cerebro. Cobro 460 euros del ingreso mínimo vital y creo que el futuro está complicado», aseguraba ayer Carlos, un uruguayo que lleva 18 años en España. Señala que el cierre del albergue de Marqués de Valterra por un brote de coronavirus está poniendo la vida difícil a muchas personas que no tienen hogar.

XOAN CARLOS GIL

«El trabajo es escaso», aseguraba también Raymond Rudolf, un deportista chileno especialista en BMX, que se ve abocado a pedir ayuda de alimentos ante la falta de competiciones.

Eduardo está jubilado. Tenía un quiosco pero emigró a Suiza cuando un conductor en estado de ebriedad destrozó la instalación. Percibe una pensión que no le llega para comer. «Hay días que la comida está bien preparada, otras veces no, pero es lo que hay y cuando no queda otra, con llorar no voy a cambiar las cosas», afirma.