Arepas venezolanas con toque de las Rías Baixas

Begoña Rodríguez Sotelino
begoña r. sotelino VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

Oscar Vázquez

Hace 20 años, Lyset Machado y su familia viajaron de Caracas a la ría de Vigo. No se atrevió a introducir el símbolo gastronómico de su país hasta el 2019, innovando a base de fusiones con pulpo, calamares, lacón...

13 mar 2021 . Actualizado a las 00:46 h.

En julio del 2019 abrió en Vigo Arepas da Ría, un pequeño restaurante familiar enclavado en el barrio de Coia (Martín Echegaray, 22), a unos metros de la famosa rotonda presidida por el barco de Alfageme. El negocio es el sueño de una venezolana que ha fusionado los sabores de su tierra natal con los de la de adopción.

Hace 20 años, Lyset Machado llegó desde Caracas con su marido y sus dos hijos a Cangas do Morrazo, localidad con la que les unía un estrecho vínculo, ya que era donde nació su suegra y residía toda la familia española de su esposo. La villa marinera los acogió con los brazos abiertos cuando decidieron cruzar el charco al intuir que la situación en su país empeoraba y su hija necesitaba cuidados especiales. «Desde que llegué quise montar un negocio de hostelería con las arepas como bandera», cuenta la mujer. Las hacía y se las daba a probar a todo cuanto paisano, familiar y amigo se cruzaba por su nueva vida, pero reconoce que, aunque gustaban, no veía la receptividad suficiente para su apuesta profesional de futuro.

Así que se puso a trabajar en el sector, en lo que iba saliendo, lo que no era fácil porque su hija tenía problemas físicos y ella debía adaptar su horario laboral a las necesidades de la niña, que en aquella etapa recibía tratamientos de fisioterapia. Pero Lyset encajó muy bien en su nuevo hogar y, como recuerda, «tuve la suerte de dar en Cangas con gente maravillosa que me ayudó a hacerlo compatible». En este tiempo trabajó en restaurantes y dio clases de cocina en el colegio de Coiro al que acudían sus pequeños, que hoy son grandes (ella es enfermera y él, informático). A los ocho años de aterrizar en O Morrazo se trasladaron a vivir a Vigo y consiguió trabajo en la cafetería del IES Álvaro Cunqueiro, donde estudiaban sus críos (si algo se repite en cada etapa de su historia es la cercanía con ellos). Hasta que se fueron a seguir formándose fuera. «Ya tenía tiempo para mí y decidí montar Arepas da Ría, aquí, cerca de casa. Todo el mundo me decía que me fuera al centro, pero yo quería estar en mi barrio, que mis vecinos nos conociesen y nosotros a ellos», relata. Así fue como empezaron con una clientela fiel a la que podían llamar por su nombre. Pero con la pandemia les ocurrió al revés que a la mayoría de los negocios. «Nos cambió totalmente el concepto, nos abrió el mercado y llegamos más lejos», admite. Para tratar de salir adelante empezamos con la venta a domicilio: «Mi hijo nos echó una mano creando la pagina web y mi marido con los pedidos aunque ambos tienen sus empleos».