De los cayetanos al naval: los precedentes del 8-M en Vigo durante la pandemia

Los manifestantes han ideado todo tipo de trucos para protestar en plenas restricciones mediante caravanas de coches o en hileras en forma de damero


vigo / la voz

Durante la desescalada, un músico ambulante cantaba una ópera y, justo a las ocho en punto, todos los peatones de la calle Príncipe empezaron a aplaudir. El tenor no había dado el recital de su vida sino que su actuación había coincidido con una concentración para agradecer a los sanitarios su esfuerzo y cuyos integrantes se habían distribuido por toda la calle a un metro de distancia para cumplir las normas de la pandemia. Este truco de alinearse como las fichas de un damero es uno de los más utilizados para hacer concentraciones en la época del covid y algunas asociaciones lo proponen para celebrar en hileras el Día de la Mujer el próximo lunes.

Las manifestaciones del 8-M vienen a reavivar una polémica sobre la idoneidad de convocar a grandes masas de ciudadanos en plena pandemia. Nadie olvida que pueden ser un foco de nuevos contagios del covid. El dilema entre salir a la calle a defender los derechos civiles o quedarse en casa por miedo al covid se plantea desde hace un año.

Desde los «cayetanos» a los negacionistas o los hosteleros, todos buscaron fórmulas legales para sortear las prohibiciones de reunirse más de cuatro personas no convivientes. En el caso de los negacionistas, algunos han desfilado sin mascarilla.

Uno de los primeros métodos preferidos de los manifestantes fue la caravana de coches. Alegaron que los conductores viajan aislados y, por tanto, cumplen las normas de distancia social. El primer intento de circular en vehículos se remonta al 1 de mayo del 2020, cuando la CUT intentó organizar una manifestación en la plaza de España para el día del Trabajo. Al día siguiente, lo intentó el grupo La Reconquista, que algunos equiparan a los «cayetanos» de Vigo. Ambos grupos, de ideología tan opuesta, chocaron con la prohibición de la Subdelegación del Gobierno, refrendada por el TSXG. El expediente sigue vivo en el Tribunal Supremo, en una causa especial.

Los cayetanos cumplieron su sueño de manifestarse el 23 de mayo del 2020 recorriendo la ciudad en coches para presionar al Gobierno, desde posiciones de la derecha, con el fin de que acelerase el fin del estado de alarma tras dos meses de confinamiento.

Los siguientes en salir a la calle fueron los trabajadores del Naval el 9 de junio, que desfilaron bastante apiñados pero con mascarilla. Ya estaban a las puertas de la desescalada y de la nueva normalidad.

El 2 de noviembre, ya en la segunda ola, volvieron las caravanas de coches por la ciudad. Esta vez eran los hosteleros, al ver que la Xunta imponía el cierre de los bares por la subida de casos de covid. La vacuna aún no había llegado y no se podía correr riesgos. Los dueños de bares y pubs colapsaron el centro de Vigo con sus largas caravanas de coches dando bocinazos.

El 22 de noviembre, diversas agrupaciones partieron de Samil en una nueva caravana de coches para protestar contra la ley Celaá de educación. Tres días después, una marcha de mujeres protestó contra la violencia machista. Marcharon a por el centro.

Tras la tregua de Navidad, los hosteleros desfilaron a pie por el Casco Vello para echar al buzón de Correos una carta a los Reyes Magos porque querían más ayudas económicas. El 9 de enero, se sumaron los autónomos contra la Tesi. Otro día, los peluqueros reclamaron un IVA reducido. Son sectores ahogados por los cierres sanitarios por el covid.

En la tercera ola, el 6 de febrero, con la cepa británica expandiéndose y con Portugal aislado, medio centenar de negacionistas desfilaron por la calle del Príncipe con carteles contra el 5G, las vacunas y la OMS. Los líderes, sin mascarilla, abogaron por su libertad y sus derechos.

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