Afronta tres años de cárcel por espiar a su exmarido con un «zapatófono»

La mujer, que tenía la custodia de los dos niños menores en común con su expareja, había instalado una grabadora en una zapatilla pero alega que quería investigar unos posibles abusos a sus hijos


vigo / la voz

Una madre divorciada de Vigo se enfrenta a 3 años de cárcel por, supuestamente, espiar las conversaciones de su exmarido con un artilugio parecido al zapatófono, popular en películas como Anacleto o Johnny English. La acusada será juzgada el 4 de marzo en la Sala de lo Penal número 1 de Vigo. El dispositivo espía, colocado en una zapatilla, y la grabación serán las pruebas clave.

La mujer tenía la custodia de los dos niños menores del matrimonio y su exmarido iba a visitarlos a un punto neutral. Según la Fiscalía, la exmujer ocultó un dispositivo apto para grabar sonido dentro de una zapatilla deportiva que calzaba su hijo de dos años. Poco después, el exmarido visitó al niño en el Punto de Encuentro Familiar de Vigo y charló con el pequeño en un cuarto privado, mientras el micrófono de la zapatilla grababa toda la conversación sin conocimiento ni autorización del adulto.

La primera grabación data del 12 de mayo del 2019. La madre, supuestamente, usó el truco varias veces y se enteró de las charlas entre su exmarido y uno de los hijos en común durante las visitas. La Fiscalía recalca que «invadió la esfera personal e íntima de su exmarido» y la acusa de un delito de descubrimiento de secretos. Pide que la exmujer cumpla penas de prisión y pague una multa de 6.000 euros.

Versión de la madre

La madre explicó a La Voz su versión. Asegura que, aunque la Fiscalía diga que es su exmarido, en realidad es el padre de sus dos hijos pero nunca estuvo casada con él. Aclara que puso una grabadora en la zapatilla del hijo pequeño porque sospechaba de unos supuestos abusos pero no tenía dinero para contratar a un detective privado para que hiciese las vigilancias. Al final, la pillaron y luego descubrió que no había tales abusos. Pide comprensión y recalca que cualquier madre haría lo mismo en su lugar para despejar cualquier duda.

Según cuenta, la idea de colocar un dispositivo en la zapatilla en las visitas del padre fue porque el hijo mayor, entonces de tres años y medio, le contó un episodio durante las visitas del padre que le hizo sospechar de posibles abusos del padre aunque luego supo que eran «fantasías» del niño.

Como madre se vio obligada a actuar. Su abogada le aconsejó contratar a un investigador privado pero era un trabajo que no alcanzaba a su bolsillo y, presuntamente, tomó ella misma cartas en el asunto y puso la grabadora en el calzado de su hijo pequeño. Insiste en que como madre estaba desesperaba y se veía en la obligación de averiguar la verdad. El tema de los abusos quedó en nada y ahora ella se sentará la próxima semana en el banquillo de los acusados por, supuestamente, invadir la privacidad de su expareja.

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