Los personajes de las calles

El callejero vigués rinde homenaje a políticos y filántropos


Allá por 1988, el que fuera Cronista Oficial de la Ciudad, Lalo Vázquez Gil, daba a luz un libro titulado As rúas de Vigo, en el que se hacía un detenido repaso a la nomenclatura de los viales olívicos. Pero una nómina tan completa era un objetivo inabarcable para un investigador aunque fuese archivero municipal. Vamos ahora a completar el origen, trazado y motivos de las calles más importantes del Vigo histórico ya que algunas le quedaron en el tintero.

Fue en 1834 cuando se designa a la Plaza como de Isabel II y al campo de Granada Campo Nuevo de la regente María Cristina (no tuvo éxito). Son años de la atroz guerra carlista en el norte entre liberales y absolutistas por el trono. En 1852 la Plaza de la Alhóndiga (mercado de granos para alimento) dejará paso a la que hoy conocemos como Plaza de la Princesa, primogénita de Isabel II. En 1861 se instaura la calle del Príncipe (infante, futuro Alfonso XII), que era el arranque de la carretera a la Meseta (Vigo-Villacastín), por eso es tan recta al ser trazada «a cordel». La clasicista arquitectura isabelina de los edificios fue estudiada por J. Garrido (Boletín Glaucopis).

Por supuesto, los grandes caciques de la Restauración figuran asimismo en el callejero. Al factótum del Partido Conservador, J. Elduayen Gorriti (1823-1898), se le adecentaba la placa conmemorativa en 1896; ingeniero de Caminos y marqués del Pazo de la Merced, fue diputado de 1857 a 1878, cuando pasa a senador vitalicio; fue ministro en tres gobiernos de Cánovas. En 1896, le conceden la plaza donde estaba su estatua (ahora en Montero Ríos). Le sustituye en el Congreso sin fisuras su rival del Partido Liberal el onubense Ángel Urzaiz (1856-1926), que igualmente llegó a ministro y gozó de gran poder; sus adláteres le dedicaron en 1895 el tramo de la carretera de Ourense, de Príncipe a la curva de la Estación, pero ya en 1906 se define pormenorizadamente su trazado, y se extiende desde el cruce de Ronda hasta el límite del Ayuntamiento de Lavadores (hoy llega al alto de O Seixo).

También les tocó a políticos locales de gran prestigio. Destaca Eduardo Iglesias (1850-1916), abogado, de Teis, líder indiscutido del Partido Liberal (el hombre de Urzaiz en Vigo) y antiagrarista, llegó a ejercer de alcalde; sustituyó a la Plaza del Progreso en 1916. Un autentico camaleón político: progresista, unionista de centro y conservador, Joaquín Yáñez (1814-1892), comerciante e industrial, primer regidor, mandatario poderoso, sustituyó a la centenaria rúa Imperial en 1894, aunque se propuso primero A Laxe (1892).

En 1882, se acordó dar el nombre de Marqués de Valladares, Francisco Xavier Martínez (VIIº, 1808-1887) a la primera longitudinal en la que había de ubicar el nuevo teatro solo por haber cedido (vendido) los terrenos para abrirla «y en condiciones muy aceptables». Luego le peloteaban con sus presuntos méritos y los de los familiares predecesores.

De bien nacidos es ser agradecidos y grandes benefactores tuvieron su calle. J. García Barbón (Verín 1831-1909), enriquecido en Cuba, legó la Escuela de Artes y Oficios, una obra puntera para toda la comarca, que hoy funciona; en 1909 sustituyó al general Espartero, espadón progresista, reconocido en el Sexenio Revolucionario, antes carretera de Circunvalación. Policarpo Sanz (1841-1899), también «cubano», legó al pueblo de Vigo 337.126 pesos de oro, con los que levantar un Instituto de Enseñanza y un hospital de caridad; su magnifica colección de arte se custodia en el Museo Quiñones de León; parte de la Circunvalación desde 1890 lleva su nombre.

De reyes iba también el callejero. De el breve Alfonso XII (reinó de 1875 a 1885), con el que se restauró la dinastía Borbón, lleva su nombre un Paseo. Su hijo, el malhadado Alfonso XIII (1886-1941), que se reunió en la bahía en 1904 con el káiser alemán, fue homenajeado en 1905 con la bajada de la Estación al duque de la Victoria en terrenos de O Pito y O Roupeiro.

Llegado el centenario de la Reconquista (1909), como el Ayuntamiento no tenía un duro, hubo pocos actos simbólicos, pero se acordó poner el nombre del polémico alcalde reaccionario Francisco Xavier Vázquez Varela (1754-1819), entre los capuchinos y O Couto. Este, con una doble cara, colaboró en la expulsión de las tropas napoleónicas. En pleno absolutismo de Fernando VII, ascendió a consejero de Hacienda.

Pero hay muchas más. Volveremos sobre el tema.

Historiador y miembro fundador del Instituto de Estudios Vigueses

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