Los disturbios en Vigo por Hasél se atribuyen a violentos de Navia, Coia, Lavadores y Teis

Grupos ocultos que buscan cualquier causa social para justificar la violencia como única solución; son los mismos agresivos de siempre en la ciudad


vigo / la voz

La mecha de la convocatoria se encendió el mismo miércoles. Un cartel voló desde la mañana por las redes sociales anunciando, en gallego lusista, concentraciones a las 20.00 horas en Vigo, A Coruña, Compostela, Lugo, Ourense, Pontevedra y A Guarda. Todo para reclamar la amnistía por Pablo Hásel, condenado por la Audiencia Nacional. Ya en Vigo empezó con una concentración de unas 40 personas entre las calles Príncipe y Urzaiz. Todos bajo el paraguas de un mismo eslogan: «¡Non pode ser: rapeiros na cadea e corruptos no poder!». Lo siguiente, tras caminar unos metros en dirección al Ayuntamiento, fue romper el orden de grupo para arrastrar y tirar al suelo contenedores.

La escalada de violencia prosiguió con pedradas a los coches de la Policía Local, y se zanjó con la mera llegada de un furgón de la Policía Nacional. No se habían bajado todos los agentes del vehículo y los violentos ya habían desaparecido escondiendo sus rostros. Pero no sus formas, reconocibles en la forma previa de llamar al desorden y su ejecución. Los servicios de información de la Guardia Civil y de la Policía Nacional apuntan a los mismos grupos violentos de siempre en la ciudad. Radicales dentro de grupos que abogan por el independentismo, okupas, tribus urbanas, alguna peña de fútbol, anarquistas, defensores de las ideas y atentados de la banda terrorista Grapo (84 asesinatos y tres secuestros), antisistema o, incluso, sindicalistas. Colectivos con subgrupos que aprovechan movimientos de protesta social para desplegar sus verdaderas intenciones. Se ubican en Navia, Coia, Lavadores y Teis, aunque tienen sus bares y otros puntos de encuentro en la ciudad.

«Cazan adeptos en estos movimientos públicos, también en ambientes y zonas deprimidas, alegando que una causa justa está, incluso, por encima de la Justicia», explican en ambos cuerpos, que coinciden también al valorar que estas células están obligados a actuar juntas para aparentar que arrastran a mucha gente. En Galicia, además, tienen un problema con el nacionalismo. A diferencia de Cataluña o el País Vasco, tiene una base cultural que rechaza la violencia y abraza la moderación. De ahí su buen momento actual. Sí preocupan ya en ambos cuerpos también que las secuelas económicas de la pandemia sirvan para captar nuevos violentos: «El hambre moviliza mucha más gente que el independentismo».

Los vínculos de Hasél con Vigo: más raperos famosos por sus condenas que letras o superventas

El primer apellido de Pablo Hasél es Rivadulla, de tradición en Galicia, pero su pasado, constatado hasta su abuelo —el teniente coronel Andrés Rivadulla, que luchó contra los maquis en Lleida—, no lo sitúa en Galicia más que por motivos propagandísticos o lúdicos. Su vínculo más estrecho con la Vigo brotó al mismo tiempo que un grupo local de rap era llamado a capítulo por la Audiencia Nacional, precisamente por el mismo pecado penal, enaltecimiento del terrorismo, por el que el ciudadano Pablo Rivadulla Duró está condenado y se ordenó su ingreso en prisión esta semana.

La Insurgencia es el colectivo musical de Vigo que estrechó lazos con un Rivadulla de lo más receptivo. Ambos hicieron causa común para mutar su enaltecimiento del terrorismo en libertad de expresión. En el caso de La Insurgencia fue por enaltecer a la banda terrorista el Grapo, sus atentados y a sus integrantes condenados. Las redes sociales o los escenarios fueron sus altavoces, sin censura, para abrazarse. Incluso se ubica en Vigo a Rivadulla para fortalecer y cristalizar la estrategia común exculpatoria. También en Madrid, acompañando a los vigueses para hacer causa común.

Pero Rivadulla tiene aún más vínculos con Galicia, todos relacionados con el Grapo y su pasado sangriento. El abogado que defiende a los exintegrantes de la banda terrorista fue abogado de Rivadulla y una persona especialmente activa, a mayores, en la campaña diseñada para exculparlo. Ya en A Coruña, es pública y notoria su relación con los hermanos Cela Seoane y su madre, conocida popularmente como Pepita. Dos de los hijos pertenecieron al Grapo y cumplieron condena, que Rivadulla (con apenas 24 años) rechazó en sus canciones redoblando su incitación a la violencia: «Prefiero grapos que guapos, solo pienso en matarlos».

Incluso organizó conciertos de homenaje y visitó el bar que regentaba los condenados y su madre en A Coruña, de nombre por Faluya. Rivadulla incluso dedicó una canción a Pepita. Otros la recuerdan, un 25 de julio en Santiago, alegre por las heridas en las manos de un juez en un atentado. «Ya no podrá firmar más sentencias», repetía en bucle.

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