La ingeniera que conduce el futuro de Vietnam

Rita Sobrido dirige el equipo de diseño de «software» para el control de la producción de coches, motocicletas y autobuses


Ribeira / la voz

El punto de partida está en A Pobra. El de llegada, en Hai Phong, la tercera ciudad más poblada de Vietnam. Entre ellas hay 10.000 kilómetros y cuatro años frenéticos que han llevado a Rita Sobrido García (A Pobra, 1994) de graduarse como ingeniera química por la Universidade de Vigo a ser pieza clave en la empresa automovilística vietnamita Vinfast LLC. Motocicletas eléctricas que recorrerán las calles de Hanói, coches utilitarios y de lujo que moverán a miles de personas por todo el mundo y autobuses eléctricos que buscan un planeta más verde llevan el sello de una pobrense que, a sus 26 años -sí, 26 años-, no ha tocado techo. Hablando con ella queda claro que lo mejor está por llegar. Pero, como dijo Naval Ravikant: «Puedes destruir tu felicidad si pasas todo tu tiempo viviendo en las ilusiones del futuro». No es el caso de Rita Sobrido. Vive esta etapa arañándole cada segundo.

Otro refrán muy manido asegura que no hay camino que conduzca al éxito que no tenga baches. Tampoco el de la pobrense, que tras cerrar su etapa universitaria entró en la empresa ASM, en Vigo: «Estaba muy contenta, aprendí muchísimo con ellos, pero siempre sentí que tenía que vivir en otro país. No había hecho Erasmus y necesitaba marcharme». Fue en abril del 2017 cuando fichó por ATS: «Tenían oficinas en todo el mundo y estaban buscando gente. Miré países de Europa, Canadá y Estados Unidos, pero me decidí por Australia».

«Les interesé. Tenía miedo por el inglés, pero la entrevista en español fue peor aún [ríe]. Parecía un examen de la carrera», explica la barbanzana, que estuvo un mes formándose en Barcelona antes de viajar a la isla oceánica: «Fue empezar una vida nueva. No conocía a nadie, pero hay muchos españoles en el mundo que te hacen la vida más fácil».

Adaptada a su vida como aussie, se encontró con el problema de las visas: «Llevaba tres meses allí cuando caducó el visado. Me mandaron a trabajar a Indonesia un mes mientras lo solucionaban. El plan era volver, dejé todas mis cosas en mi piso [ríe]».

El gobierno australiano le cerró las puertas y ella pensó que «igual se acabó la aventura y me vuelvo a casa. No tenía un plan be. Me vi en Indonesia sin poder ir a Australia a recoger mis cosas. Al final la compañía me ofreció ir a la oficina de Singapur. No quería volver aún. Singapur es una ciudad increíble, muy de futuro, pero nuestra empresa se dedicaba sobre todo a crear software para producción y allí las fábricas son limitadas, hay de lentillas y comida, pero es todo finanzas».

Eso hizo que decidiera embarcarse en pequeños proyectos que la llevaron a Malasia, Filipinas, hasta acabar en Vietnam: «Apenas conocía el país, fui para 14 días, pero al final me pidieron que me quedara. Empecé a trabajar con Vinfast. La misión era lanzar scooters eléctricas en ocho meses y coches en dos años Nunca nadie lo había hecho y parecía imposible. Donde están las oficinas ahora mismo no había ni tierra, era todo mar. En marzo del 2018, dónde trabajo ahora era todo agua. Fue muy loco, seguía viviendo en Singapur, pero pasaba más tiempo en Vietnam».

El fichaje

Ese vaivén la llevó a aceptar la oferta que le presentó Vinfast. No querían a una trabajadora externa, querían que estuviese con ellos tiempo completo. «Formaba parte del proyecto y cuando empiezas algo quieres ver como acaba. La decisión no fue complicada. Las motos las sacamos un mes después, y fuimos a la carrera para hacer lo mismo con los coches. Cumplimos con el tiempo marcado. Fue una locura».

Para la pobrense, esta experiencia le ha permitido crecer profesionalmente más rápido de lo que podía haber creído: «Todo está sin implementar, hay que diseñarlo todo, no hay planes establecidos. A pesar del covid el país se ha adaptado muy bien, y la empresa también. Conseguimos sacar un coche de lujo, el plan ahora es hacer tres modelos más y estamos con un autobús eléctrico. Los coches eran de gasolina, pero queremos movernos hacia el mundo eléctrico».

El futuro, afirma, es una incógnita. «Nunca me había planteado llegar a vivir en Vietnam. No es para toda la vida, pero me ha hecho crecer no solo a nivel profesional, sino personal. Tienes miedo, no hablas inglés, vas a estar sola, pero es parte del proceso. Es duro, pero hay que tener calma. Trabajar fuera es algo que recomendaría a todo el mundo». Aunque no lo sabía cuando salió de A Pobra do Caramiñal. Ese era el camino para poder pilotar el futuro de la automoción de Vietnam.

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