El agua no es eterna, y el que guarda siempre tiene

Antón lois AMIGOS DA TERRA VIGO@TIERRA.ORG

VIGO CIUDAD

M.MORALEJO

El despilfarro en fuentes o baldeos, de evitarse, supondría un ahorro importante

07 feb 2021 . Actualizado a las 21:46 h.

Este año, en contra de la costumbre, no hemos tenido celebración institucional en la ciudad, por lo que pasó un poco desapercibido que el pasado martes se celebró el día mundial de los humedales. Coincidiendo con la fecha en la que en la ciudad de Ramsar (Irán) se firmó, en 1971, el convenio internacional para su protección cada 2 de febrero recordamos su importancia y cada año se elige un aspecto diferente a destacar. En el 2021 el lema escogido fue «Los humedales y el agua», para indicarnos la íntima relación entre estos ecosistemas, los más amenazados del planeta (su ritmo de desaparición triplica al de los bosques, que ya es decir) y un recurso vital esencial como el agua.

Sirva de ejemplo lo que nos decía el Ministerio de Transición Ecológica en su declaración institucional: «El agua dulce es limitada, solo el 2,5 % del agua del planeta es dulce y la mayoría está almacenada en los glaciares, casquetes polares o acuíferos subterráneos. Menos del 1 % del agua dulce se puede utilizar y solo el 0,3 % se encuentra en los ríos y lagos. Nuestro consumo de agua es aproximadamente de 10.000 millones de toneladas al día, aumentando un 1 % cada año y está lejos de estar optimizado. Sirva como ejemplo que cada año se desperdician 1.300 millones de toneladas de alimentos, y el agua utilizada para obtenerlos equivale al caudal anual del río Volga, el más largo de Europa».

Podríamos trasladar esto a nuestro ámbito local empezando por la optimización que reclama el ministerio. Vigo derrocha un millón de litros de agua diarios por regar y baldear cuando llueve. La cifra es el equivalente a lo que consumen más de 7.700 personas cada día, en torno a 128 litros. Con este ejemplo municipal, añadido a que no hay prácticamente humanización urbana que no tenga su correspondiente fuente ornamental con chorritos hipodérmicos, es complicado incentivar un consumo responsable salvo por la vía de la tarifa por consumo. En esto pensábamos que por fin, y no por convicción, sino por imposición legal, el anunciado cambio de tarifas (una década después de ser aprobado por unanimidad en el pleno… y nunca aplicado) sería una buena noticia, pero quizás pecamos de exceso de optimismo.

Un sorprendente aumento de un 256 % en las tasas fijas convertirá en irrelevante el ahorro, tanto económico como en el recurso natural, para las familias viguesas. Siempre nos quedaría el consumo de beber agua de la fuente, pero -como nos descubría Mª Jesús Fuente hace unas semanas en estas mismas páginas- las fuentes públicas de Vigo carecen de control sanitario permanente que certifique su potabilidad. De ahí que las muchas personas que las siguen utilizando lo hacen a su cuenta y riesgo. Ese detalle, exigir controles diarios de la calidad del agua de nuestros manantiales urbanos y rurales, no se le ocurrió al Concello incluirlo en la última prórroga de la concesión a la empresa que gestiona nuestro líquido vital, ni en la anterior, ni en el original. Eran cosas que hacía el laboratorio municipal que, una vez desmantelado, se quedaron en el limbo.

En cualquier caso, hablar estos días de la importancia de conservar y utilizar racionalmente el agua suena un poco raro. El propio día mundial de los humedales, el pasado martes, coincidió con una jornada de lluvia persistente en la que todo Vigo era un enorme humedal, pero esto es un espejismo. Con acierto nos decía el alcalde hace unos años «la sequía volverá». Afirmación completamente cierta, según todos los indicadores sobre la evidencia del cambio climático en nuestro entorno que se resumen en que, salvo excepciones puntuales, la tendencia es que lloverá menos y las lluvias serán más torrenciales. Cambia no solo la cantidad sino la tipología de las precipitaciones.

Ahora, precisamente ahora que tenemos los embalses al máximo de su capacidad (incluso desalojando agua por motivos de seguridad estructural) es cuando podríamos solucionar el problema futuro. No con trasvases, ni nuevas presas, sino empezando por algo tan sencillo como dragar los embalses existentes que llevan décadas acumulando áridos y lodos, aumentar de esta forma un 30 % de su capacidad, y haciendo un uso responsable y eficiente que incluye el mantenimiento de una red de abastecimiento que es un colador.