Los hosteleros de Vigo se aferran al «take away»

Hoy comienza el cerrojazo a los espacios interiores y el mal tiempo apenas deja utilizar las terrazas


Vigo / la voz

La hostelería de Vigo se aferra al take away para sobrevivir las próximas semanas ante la travesía del desierto que se inicia hoy con la entrada en vigor del cierre de los espacios interiores de los locales. Los empresarios confían en que las medidas para salas y comedores no se prolonguen más de quince días.

El cerrojazo afecta a más de mil establecimientos. Manuel Alonso, propietario de O Lagharto Pintado, en Rosalía de Castro, señalaba ayer: «Vamos a abrir con comida para llevar y la terraza. En noviembre no nos fue mal, dentro de las circunstancias que tenemos». El restaurante sirve medio centenar de menús al mediodía, sobre todo a ejecutivos y oficinistas de la zona. Ahora está ajustando el arrendamiento a causa de la pandemia. «No tengo quejas de mi casero. Estoy negociando un alquiler dinámico en función de las restricciones».

El panorama es sombrío. «El 80 % de mis clientes me han dicho que van a cerrar», asegura Rogelio Mayo, proveedor integral de hostelería que suministra cada semana desde bebidas a carne o material de limpieza a 125 restaurantes y locales de hostelería de la ciudad.

Uno de los restaurantes que va a echar la persiana, al menos durante quince días, es la parrillada argentina Milongas, situada en el centro comercial A Laxe, que lleva apenas un mes abierto y cuenta con once empleados. «Tenía pensado abrir otro en Ourense pero vamos a aplazarlo», asegura el dueño del negocio, José Rivas. El propietario se desplazó ayer a Vigo desde Santiago para iniciar los trámites para el cierre. En toda Galicia tiene 7 restaurantes y 90 empleados que van a pasar a un ERTE. El local ocupa una esquina privilegiada del centro comercial. Aunque la ley permite que se puede ir de tiendas no se puede sentar en la terraza porque es interior.

Otro hostelero muy afectado por la situación, es Omar Fares, dueño de tres restaurantes muy conocidos en la ciudad: La Central, Nero y La Trastienda del Cuatro. En total, da empleo a 40 personas. Eran 52 antes de la pandemia. Fares asegura que está negociando con los caseros y con los bancos porque la situación es dura y con este tiempo no se pueden abrir las terrazas. Tiene que hacer frente a alquileres muy altos y a costes fijos elevados. «Con las previsiones de lluvia y viento no me compensa mantenerlos abiertos», señala.

Otros negocios, sin embargo, van a intentar capear el temporal como puedan a pesar de que solamente cuentan con una miniterraza con capacidad para 12 personas, como es el caso de Mucanijo, situado en la calle Inés Pérez de Ceta. Su propietaria, Isabel del Río, asegura: «Vamos a intentar seguir peleando. Ahora estoy yo sola».

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