Una obra millonaria para colgar pancartas y proteger de la lluvia a los clientes de los pubs

En enero de 1975 era aprobado el proyecto de entrada en Vigo de la autopista, pero el scalextric nunca llegó a utilizarse


vigo / la voz

En enero de 1975, el Ministerio de Obras Públicas aprobaba el proyecto de entrada a Vigo de la Autopista del Atlántico, denominación entonces de la AP-9. Contemplaba aquella aprobación la expropiación de 539 propiedades de distintos tipo situadas entre Chapela y la calle Alfonso XIII. Las había de particulares, como los herederos de García Barbón, pero también de organismos públicos, como el Concello de Vigo o Renfe. Sin embargo, pasará a la historia este tramo por la solución adoptada por los ingenieros, diez años antes, para acceder al centro de la ciudad.

El ingenio popular denominó como scaléxtric el paso aéreo situado sobre la calle Lepanto que daba acceso a la Gran Vía. Fue una obra millonaria que jamás fue empleada para el uso proyectado. Sí sirvió como cobijo contra la lluvia a los cliente de los bares nocturnos de la calle durante los primeros años ochenta, y también para colocar las grandes pancartas que aderezaban las multitudinarias manifestaciones de los efervescentes años finales de la década de los setenta.

Aquel proyecto estatal contó en sus primeros momentos con el respaldo del Concello de Vigo, a través del alcalde Joaquín García Picher. Antes del fallecimiento de Franco, la censura actuó con prontitud ante cualquier atisbo de oposición, y es difícil encontrar en los periódicos de la época referencias explícitas a la oposición vecinal. El 25 de mayo de 1975, La Voz de Galicia colaba una de aquellas referencias. Los bomberos de la ciudad era requeridos por el alcalde para retirar de la calle Lepanto unas pancartas contrarias al proyecto.

Justo tres días después de la muerte del dictador, el alcalde García Picher comenzó a recibir anónimos en los que se le amenazaba de muerte; incluso, una de sus hijas recibió una llamada telefónica con el mismo mensaje. Los vecinos opositores al proyecto reaccionaron rápido, condenando públicamente aquella acción.

Las protestas comenzaron a llevarse a la calle, y el 26 de abril de 1976, la Policía Armada, popularmente conocida como los grises, disolvía una manifestación de unas trescientas personas que gritaban contra el scaléxtric y el alcalde. La vía administrativa también le fue cerrada a los vecinos cuando el Ministerio de Obras Públicas desestima una recurso. A comienzos de 1977 ya era visible el paso.

La gran manifestación contra este elemento discordante se produjo en julio de 1978, cuando se reunieron mil personas en el lugar; esta vez con autorización gubernativa.

Tras las primeras elecciones democráticas, la corporación dirigida por Manuel Soto se sumó a la oposición vecinal, y cuando se abrió la autopista entre Pontevedra y Vigo, el 7 de febrero de 1981, el scaléxtric no fue utilizado como vía de entrada en la ciudad.

Desde UCD, el partido centrista de Adolfo Suárez, se propuso la posibilidad de colocar una pantallas laterales para minimizar el ruido de los coches y dar intimidad a las viviendas, pero tampoco fue aceptado por nadie el remedio.

La solución definitiva se ejecutó el 24 de mayo de 1986. El ministro de Obras Públicas Javier Sáenz de Cosculluela y el alcalde Manuel Soto ofrecían a dúo un concierto de martillo eléctrico ante la alegría generalizada de los vecinos. Se cerraba así un largo período de tensiones generadas en torno a una obra que costó muchos millones de pesetas, pero que jamás fue empleado para otra cosa que para colocar pancartas y proteger de la lluvia a los clientes de los pubs de la calle Lepanto.

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