Hay que ser un águila... para ahuyentar a las gaviotas

«¿Ves alguna?», presume en O Berbés el cetrero Diego Rouco


En Vigo, las gaviotas acostumbran a ponerse las botas. Por su pico ganchudo, suelen salirse con la suya y arrebatar los bocatas de unos cuantos despistados en la playa de Samil o en las islas Cíes. Cualquiera podría pensar que, en las descargas de pescado en los muelles del puerto de Vigo, organizadas a altas horas de la madrugada, las bandadas podrían aprovecharse del trasiego frenético de trabajadores y del meneo de las capturas para encontrar alimento. Pero no es así.

Diego Rouco y Alejandro Figueroa son dos cetreros que se pasean cada día por las instalaciones del puerto en O Berbés con sendas águilas de aspecto señorial y que sorprende posada sobre sus brazos. Su jornada de trabajo comienza a las cinco de la mañana y se prolonga hasta el término de las descargas de los barcos pesqueros y los camiones, alrededor de las doce del mediodía. Los dos compañeros caminan de un lado a otro con estos ejemplares para evitar que las gaviotas interrumpan el trabajo de la «xente do mar». Su labor se ha vuelto esencial para garantizar la integridad de las capturas que se descargan diariamente en las dársenas y que, a continuación, que se subastan en la lonja.

Presa fácil

«Fíjate alrededor. ¿Ves alguna?». Diego Rouco no tiene mucho más que añadir cuando se le pregunta por la eficacia de una sola águila para espantar a las decenas de gaviotas que acostumbran a sobrevolar las inmediaciones de O Berbés. Lo cierto es que, teniendo en cuenta el aroma que implica el atraque de los pesqueros, las de plumaje blanco deben de estar aterrorizadas porque no se ven muchas. «Las gaviotas enseguida detectan que pueden ser una presa fácil para ella», dice el joven para referirse al ave que lleva sobre el brazo y que todavía no tiene nombre. «Todavía es un polluelito», se justifica. Su plumaje es de color pardo oscuro y el final de la cola, blanco.

Los jóvenes amenizan sus jornadas laborales escuchando música en los auriculares, pero sin dejar de intuir la presencia de gaviotas en cualquier momento. Después de unos cuantos meses, Rouco ya conoce la técnica para provocar que el polluelito despliegue sus alas cuando vislumbre las patiamarillas de fondo. Apenas le hace falta girar la palma de la mano para que el águila muestre su envergadura y siembre el pánico.

Diego y Alejandro trabajan duro para ahuyentar a las gaviotas antes y después de que salga el sol en el mayor puerto pesquero de Europa. La encomienda no es poca cosa.

Conoce nuestra newsletter con toda la actualidad de Vigo

Hemos creado para ti una selección de noticias de la ciudad y su área metropolitana para que las recibas en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
5 votos
Comentarios

Hay que ser un águila... para ahuyentar a las gaviotas