La otra pandemia del 2020 en Vigo

71 detenidos por violencia machista. Calvario y Teis son los barrios con más casos. El maltratador tipo tiene 40 años. «En el confinamiento, la mujer estaba tan controlada que la agresión se ejercía de forma solapada», explica la psicóloga Carmen Clavería


vigo / la voz

Antes del estallido de la pandemia de covid-19, la violencia machista ya constituía uno de los incumplimientos de los derechos humanos más arraigado y reiterado de la sociedad actual. El maltrato y las humillaciones hacia ellas es un virus que persistió durante todo el 2020. Su reflejo a nivel local son las 71 detenciones tramitadas por la Policía Local a lo largo del año que acaba de terminar por «comisión de un delito de violencia de género».

En el partido judicial de Vigo se interpusieron 438 denuncias por este motivo, casi la mitad que el año anterior. «El confinamiento pudo encapsular los casos más graves de violencia machista», intuyó en medio de la pandemia Natalia Prieto, secretaria xeral de Igualdade. Sin embargo, las llamadas al 016, el teléfono de atención para las víctimas, sonaron 914 veces en la provincia de Pontevedra, según datos del Ministerio de Igualdad, 24 más que en el año prepandemia.

Cada cinco días, la Policía Local de Vigo detuvo en el 2020 a un varón por ejercer violencia sobre la mujer. Las 71 víctimas representan el número 5 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que impulsa la igualdad de género dentro del marco de la Agenda 2030. Los relatos de los agentes sobre lo sucedido reflejan toda una lacra social difícil de atajar. Hubo maltratadas descubiertas en «estado de nerviosismo», «con todo el cuerpo lleno de moratones» o «con el párpado del ojo derecho hinchado». Otras fueron víctimas de «un ataque de celos» o de la «negativa de mantener relaciones sexuales». Las hay también que, con 70 años, reconocieron «haber sufrido episodios de violencia de género toda su vida» o quienes llevan «tres meses de convivencia con un varón que la agrede casi a diario». En cuanto al tipo de agresión, la víctima fue «golpeada y precipitada por un desnivel», «sujeta por el cuello al tiempo que la amenazaba de gravedad», «arrastrada por los pelos por toda la finca», «golpeada con un plato de comida en la cara» o pareja de un hombre que «provocó llamas en el domicilio para tratar de sofocarla».

Además, se tramitaron casi una decena de arrestos en los que estaba «vigente una orden de alejamiento de doscientos metros y de comunicación con su expareja», pero los implicados seguían citándose.

Los informes policiales evidencian que, al margen de todo el casco urbano, O Calvario, con 10, y Teis, con 9, fueron los barrios con mayor número de detenciones por violencia de género. Concretamente, la Travesía de Vigo (5), que se extiende a lo largo de ambos distritos, es la calle de la ciudad en la que se registraron más arrestos. En cuanto al perfil del agresor, la edad media de ellos es de 40 años y la de las víctimas, 36,5 años, casi coincidente con la edad media de las maltratadas en España, que es de 36,6 años.

Los relatos de la Policía Local recogen, asimismo, el origen de los protagonistas. En el caso de los atacantes detenidos, el 23,9 % son extranjeros, un porcentaje mayor que el de la población inmigrante de la ciudad (4,27 %).

Por horas, la mayoría de los arrestos (26) se produjeron por la noche, entre las 19.00 y las 23.59, cuando la pareja suele encontrarse encerrada en casa.

Vigo se mantuvo en el 2020 como la urbe gallega en la que se cometieron más delitos contra la libertad sexual. Fueron 63, según datos del Ministerio de Interior. Su diferencia con A Coruña (39) es más significativa que la registrada en el 2019.

Carmen Clavería: «En el confinamiento, la mujer estaba tan controlada que la agresión se ejercía de forma solapada, sin pedir auxilio»

Su discurso sobre la violencia de género es firme y decidido. Sus más de treinta años como psicóloga de la Rede de Mulleres Veciñais Contra os Malos Tratos le permiten argumentar cada una de sus consideraciones. Carmen Clavería estudió Psicología en Buenos Aires y actualmente coordina las terapias de grupo y algunas individuales.

—Este año se han presentado la mitad de denuncias en Vigo que en el 2019. ¿Cómo se explica?

—Durante el confinamiento, cuando ellos no iban a trabajar, lo que sucedía es que la mujer estaba tan controlada que la agresión o la violencia la ejercía de una manera solapada, sin que ningún vecino se enterase, para que ellas no tuvieran forma de pedir auxilio. A lo largo de los últimos meses he recibido llamadas y pedidas de auxilio desde Coruña o Betanzos, sitios disparatados con respecto a Vigo. Probablemente ellas cogieron el móvil, vieron un teléfono y llamaron en un momento de descuido. Pasado el confinamiento hubo más denuncias. Otra cosa que hacíamos era trabajar con los hijos de las maltratadas. Nos comunicábamos con ellos para que ellas pudieran presentar la denuncia. 

—La edad media de los agresores es de 40 años. La de ellas, 36. ¿Qué sucede con la gente joven?

— Con la gente joven lo que sucede es que en realidad son los padres los que buscan orientación. Otro motivo es que utilizan los mismos mecanismos que las mujeres mayores que se basa en la negación de lo que está sucediendo. Ellas para justifican el maltrato diciendo que ellas también tienen carácter y les contestan. Tienen el cerebro manipulado, consideran el maltrato como algo normal y como síntoma de igualdad. Pero sí hay denuncias, de hecho nosotras en la Rede nosotras tenemos mucha gente joven que han denunciado.

—Además, la mayoría de agresiones se producen de noche.

—Es porque ellos están en casa. Si están trabajando fuera tienen la posibilidad de llamarla y controlarla, pero no existe la posibilidad de pegarlas. La mayoría de detenciones se producen a partir de una agresión física o de una violación, no desde una violencia psicológica.

—¿Cuál es la antesala a una agresión física?

Al principio de todo hay un proceso de seducción en el que el hombre envuelve a la mujer y conoce su historia. Esa historia es la que va a utilizarla para dominarla y aislarla. El maltrato comienza con pequeñas insinuaciones, con miradas, con gestos de desaprobación y luego va en aumento. Si la mujer llega a cuestionarle, él le contesta «tú sabrás lo que has hecho» para culpabilizarla. Entonces llega el momento de la agresión física cuando ella se revela, cuando le plantea que se va a divorciar, a irse de casa... Las denuncias llegan después de muchas agresiones físicas.

—¿Cuánto puede tardar la víctima en darse cuenta de que no es amor sino que es exigir, es desconfiar... es posesión?

—El nivel de miedo y la angustia que presentan las confunden. Tardamos meses para que se den cuenta de las distorsiones que ellas hacían de la realidad para poder subsistir en ese estado de sumisión. La mayor estafa moral que se puede hacer a una persona es la violencia de género, donde te sacan toda tu dignidad.

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