El portal de Belén... y de todo hijo de vecino

Begoña Rodríguez Sotelino
begoña r. sotelino VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

M.MORALEJO

Comunidades de Vigo se esmeran en dar aire navideño a las antesalas de sus hogares

26 dic 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Eso de decorar el portal del edificio con las bolas y el espumillón que algún dadivoso vecino no sabe ya dónde poner en su casa ha pasado a la historia. El covid ha convertido los hogares y sus extensiones hasta donde empieza el asfalto, en nuestros minimundos seguros. Vigo, ciudad que como pocas ama la decoración navideña espoleada por su regidor, cuida cada vez más los espacios comunes de convivencia. Para muestra, algunos de los portales donde no ha faltado la imaginación, el arte, el ingenio y la simpatía.

Por ejemplo, el que hizo una exvecina en un edificio en la calle Nigrán en el que una pared se convirtió en una gigantesca cristalera con vistas al parque de A Bouza. La autora que creció jugando en ese jardín es Estela Nahir, una diseñadora e ilustradora formada entre la Universidad de Vigo y Madrid, que, como explica en su página de Facebook (Ela Nahir Art) e Instagram acaba el año con un mural en un espacio del que tiene «muy buenas lembranzas», cuenta con humor, ya que el edificio se llama así. Quizás estos pequeños detalles ayuden a animar un poco el espíritu navideño en estas fiestas tan raras que estamos viviendo este año. Desde luego a mí me ha ayudado bastante y he disfrutado mucho pintándolo. Espero que este sea el primero de muchos, en esta nueva etapa de mi vida como freelance», cuenta la joven experta en lettering, desarrollo de marcas y logotipos de empresa, que no para de recibir felicitaciones. 

Lo mismo le ocurre a Widad Mahdjoub, joven de origen argelino afincada en Vigo que el año pasado animó a sus vecinos a participar en la decoración de un portal que año tras año nadie decoraba por Navidad. A Widad, presidenta de la comunidad del 13 de la avenida de Castelao, se le ocurrió comentarlo con otro residente y este le ofreció un árbol que tenía en casa sin usar porque era muy grande. «Así empezó todo. Siempre he vivido en casas con amplios ventanales que decoraba yo misma, y aquí hice lo mismo. Poco a poco se fueron apuntando vecinos y la cosa acabó en una fiesta con chocolatada y bizcochos que bajaba cada uno de su casa», recuerda.