El mítico burguer de los vigueses

Corner Hut, fundado por José Figueiredo, comenzó su historia en un local donde los jóvenes de época se tomaron sus primeros perritos calientes y hamburguesas. Hoy en día hay cinco establecimientos más


vigo / la voz

Estaban ya los norteamericanos hartos de cuartos de libra, cheeseburguers, aros de cebolla y whoopers, cuando abrió en Vigo el primer local de comida rápida, que conectaba a los jóvenes de la época con la modernidad, y eso que todavía quedaba muy lejos la invasión de los mundos Ronald McDonald. El Corner Hut (el Corner, para los entendidos) fue, para los de la generación X y los babyboomers, el lugar por excelencia donde quedar con amigos o más que amigos, cuando salir todavía significaba volver a casa a una hora que solía rondar las 10 de la noche en el autobús de Vitrasa.

Como diría @MíticoJichodeVigo, en el Corner fue donde te jalaste a tu primera eskuisa y a la vez también tu primer perrito, pero con tanto ketchup y mostaza, que el camarero te llamó la atención.

Resulta que la idea de los «Huts» llegó a Vigo de manos de un inglés. Eso cuenta José Figueiredo, el hostelero vigués que supo dar forma a aquella idea que el británico estrenó en A Coruña con un éxito breve que se expandió a la vez a Ferrol, pero no se mantuvo en ninguno. A Vigo llegaron con tres locales, pero tampoco duraron. Figueiredo se hizo cargo de ellos, se deshizo de dos enseguida y se quedó solo con el que aún permanece, redecorado pero sin perder esencia, con la característica barra en forma de letra u. Por primera vez en la historia, el nombre se adecuaba al espacio físico real y el Corner Hut se asentó en una esquina, la de Velázquez Moreno con la calle Progreso. Y ahí está todavía, viendo pasar el tiempo, como la Puerta de Alcalá. José recuerda a la chavalada haciendo cola los domingos desde las cuatro y pico de la tarde, pioneros del take away. Muchos de aquellos púberes habrán sido atendidos por Ángel Antonio Parada, el actual encargado, que entró en 1979 a trabajar allí, con 18 años.

Desde entonces, muchas cosas han cambiado, tanto en el propio Corner, como en la hostelería en general. Figueiredo es un histórico del sector. Tras su nombre están proyectos casi tan emblemáticos como el de la hamburguesería: el antiguo restaurante del Castro, el pub Bohemia y el Charlie en el Casco Vello cuando se le llamaba «ir a la calle de los vinos», las discotecas BOE y Public Samil, o el restaurante Movies y el pub Chicago en Areal, entre otros más. A mayores, tuvo la concesión de la cafetería de la Facultad de Económicas y la del restaurante de la Lonja de Altura del Puerto de Vigo. Si de algo presume el empresario es de su plantilla y del orgullo de haber puesto en pie un proyecto por el que han pasado ya dos generaciones. Cuando quiso darle un empujón, el hostelero, jubilado hace un lustro, recurrió a la familia. Convenció a su sobrino, Antonio Cores, para que dejara su puesto en Zona Franca, donde se encargaba de la elaboración del informe empresarial Ardán, para afrontar una expansión que les llevó a abrir corners por todas las esquinas: en Vigo, primero en la calle Simón Bolívar y luego en los centros comerciales Travesía y Gran Vía, en Playa América y en Samil. También llegaron hasta Ourense y Oporto, pero ninguno de los dos cuajó, como tampoco lo hizo el séptimo vigués, en la calle Areal.

El propio Cores, vigués del 68, reconoce que de estudiante, cuando los Multicines Centro estaban abiertos, era uno de los clientes habituales de la hamburguesería y cervecería que sigue siendo una empresa local con capital gallego al 100%, «algo que sorprende a muchos», advierte. Corner Hut llegó a rondar los 100 empleados y ahora anda más o menos por la mitad. La empresa explota también en Madrid el restaurante Terramundi, pero su principal interés está en Galicia. Con la expansión llegó también la ampliación de su escueta carta de bocatas (el completo de pollo era la estrella), perritos, hamburguesas y patatas, en la que introdujeron más variedad: platos combinados, ensaladas y menú del día. Producto fresco (excepto las patatas fritas, que son congeladas, sinceridad que se agradece entre tanto postureo falso) y de cercanía, son la marca de la casa .

Como a todo el gremio, la pandemia les ha afectado y parte de la plantilla está ahora en ERTE hasta que se pueda recuperar el horario completo. Aunque los locales están abiertos excepto el de Playa América, que solo funciona en verano, el negocio no da con solo el horario de comida y un 30 % de aforo máximo permitido. Mientras, se han sumado al envío a domicilio con Glovo, Uber Eats y Dbarrio.

Desde 1976

 Dónde está

C / Velázquez Moreno, 42. Vigo

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