La otra compañía telefónica de Vigo

La oenegé Grandes Amigos se reinventa para no dejar sin afecto y amistad a los mayores

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«Hola Carmen, ¿cómo estás, qué tal te encuentras? ¿Cómo has llevado la semana?» La oenegé Grandes Amigos se reinventa para no dejar sin afecto y amistad a los mayores

vigo / la voz

La forma de relacionarse ha cambiado con la situación sanitaria y a la oenegé Grandes Amigos le ha faltado tiempo para reinventarse y no dejar colgados a los mayores. Su objetivo, ofrecer compañía, afecto y amistad a las personas de más edad que sienten soledad no deseada, se ha mantenido. Salvo que la situación lo permita o casos excepcionales, los voluntarios han sustituido las charlas cara a cara y los cafecitos por otro tipo de compañía, la telefónica. «Al igual que la visita presencial, se mantienen las conversaciones sobre los temas que apetecen y se intentan buscar momentos reconfortantes. Las llamadas se hacen desde casa y cada voluntario aprovecha el horario que puede. Existe flexibilidad, nos adaptamos a la disponibilidad de las personas», comenta una de las dos coordinadoras de Vigo, Laura Carballa. Esta situación permite que varios voluntarios puedan llamar a una sola persona.

Durante el verano, con la mejora de la situación, pudieron retomar los contactos físicos, pero según se ha ido complicando la cosa han tenido que volver atrás y aumentar la vía telefónica hasta superar el 80 % del total de los contactos. La compañía es más habitual con personas que viven en sus hogares, pero también se hace con los que están en residencias, como por ejemplo en la del Meixoeiro.

La organización detecta que cada vez es gente de menos edad la que se pone contacto con ella, en torno a los setenta años, aunque la franja de edad de los mayores que atiende en este momento va de los 65 a los 96. También entre el centenar de voluntarios el abanico es muy amplio, desde los 20 años a cerca de ochenta. Predominan las mujeres, pero cada vez son más los hombres que se animan a embarcarse en este tipo de misiones. «Se notó un aumento en el número de voluntarios para el acompañamiento telefónico, aunque siempre hacen falta, tanto para presencial como para telefónica», indica la coordinadora.

De las 63.100 personas mayores de 65 años que residen en Vigo, más de 12.000 viven solas de forma voluntaria o involuntaria. La oenegé deja claro que no es lo mismo vivir sola que sentirse sola.

La asociación se preocupó de hacer un seguimiento del estado de los mayores en los peores momentos de la pandemia a través del teléfono. Un 87 % se encontraba con buen estado de ánimo y siete de cada diez tenían un nivel de preocupación bajo o moderado, según informa el portavoz de Grandes Amigos, José Ángel Palacios. «El esfuerzo se centró en contener emocionalmente a las persona mayores. El número de fallecidos y lo que sucede en las residencias podía generar miedo y afectar a la salud. Nos centramos en lo afectivo con el equipo de Vigo para darle respuesta, coordinados con el Concello y la Xunta», explica Palacios. La preocupación, dice, ha sido y es que se sientan acompañados, lo que les ha obligado a reinventarse continuamente.

«El equipo de voluntariado de Vigo es una máquina de crear iniciativas, como por ejemplo, la llamada Pequeños grandes detalles. Se reúnen, piensan que les gusta a cada mayor y se lo entregan», comenta el portavoz. Destaca que este voluntariado no es asistencial, sino para empoderar a loa mayores.

Eligio Castro Sieiro: «Hola Carmen, ¿cómo estás, ¿que tal te encuentras?, ¿cómo has llevado la semana?»

Es uno de los voluntarios de Grandes Amigos y ayer Eligio Castro contactaba vía telefónica con Carmen, o como él dice familiarmente, con la mía: «Hola Carmen, ¿cómo estas?, me alegro, ¿qué tal te encuentras? Bueno poquito a poco, en esta situación hay que llevarlo día a día, no queda otra. ¿Qué tal tus hijos?». Así comenzaba la conversación a distancia entre ambos. «La charla puede ser la misma que en persona, lo único que cambia es que en la presencial te ves, ves su respuesta. Antes, incluso, te podías tocar, era más gratificante; ahora si nos vemos, tiene que ser con mascarilla y guardando la distancia», comenta el voluntario de 42 años, al que le separa medio siglo de su amiga.

 «Hay personas que se manejan con videollamada, mi mayor no. Yo la suelo llamar, le pregunto cómo está y según tenga el ánimo voy por un lado u otro. Si está cansada lo noto por el tono de voz y procuro animarla. Otras veces le cuento mis andanzas o pregunta por mis padres. Se aprende mucho de la gente mayor, tienen una experiencia que no se paga con nada», continúa explicando Eligio.

Su trabajo le permite disponer de tiempo y puede llamar un par de veces a la semana, depende del ánimo que tenga Carmen, quien si se encuentra bien, le cuenta anécdotas de su infancia, de su casa y del cuidado de sus hijos. «Tengo compañeros que tienen trabajos que les deja menos tiempo libre y sacan un rato, aunque sea de noche o el fin de semana, para hacer una llamada. En el tiempo que puedes estar en las redes sociales haces una llamada y la gratitud no tiene precio», indica. Tal es la confianza entre las dos partes que los mayores acaban tratando a los voluntarios como si fueran de la familia. «Te ofrecen de todo, Carmen me ofreció manzanas asadas», dice. Cree que, en general, están llevando bastante bien la pandemia. «A veces le digo: «Carmen, cambia de canal, pero como ella no sale de casa no ha tenido mucho miedo, y como entre sus hijos no ha tenido casos, pues se siente protegida».

Eligio tiene claro el beneficio que aporta el contacto con las persona mayores: «Tienen mucha fuerza, tenemos mucho que aprender de ellas, es una pena que se les deje tanto de lado con lo que aportan y lo gratificante que es. Me hace más bien ella a mí que yo a ella. Te cuentan cosas y te dan unas respuestas más modernas y coherentes que gente con la mitad de edad».

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