Calatrava y Chipperfield se quedan con ganas de levantar el Mar de Vigo

El arquitecto pontevedrés César Portela ganó el concurso del auditorio en el 2000


vigo / la voz

David Chipperfield, Francisco Mangado y Jaime González Valcárcel. Fueron los arquitectos que, en diciembre del 2000, quedaron finalistas en el concurso convocado por la Consellería de Política Territorial para hacerse con el diseño del futuro auditorio de Vigo. A mediados de diciembre se reunían los integrantes del jurado en el hotel NH Palacio de Vigo para seleccionar a los cinco arquitectos de entre los 28 proyectos presentados al concurso.

Los finalistas, según explicaba La Voz de Galicia una vez conocidos sus nombres, tenían un plazo de tres meses para presentar el anteproyecto y la correspondiente maqueta del palacio de congresos ideado para la ciudad.

El auditorio, que luego sería bautizado como Mar de Vigo, se había proyectado entonces sobre una superficie de 25.000 metros cuadrados, en el recinto que hasta poco antes había ocupado la empresa Casa Mar. El conselleiro Xosé Cuíña destinó a tal fin la cantidad de 10.000 millones de pesetas (60 millones de euros, aproximadamente). En todo aquel proceso, el dirigente del PP encontró la complicidad del concejal de Cultural de Vigo, entonces Carlos González Príncipe, en la elección de los terrenos para tan ansiado proyecto. El PSOE era entonces socio del gobierno encabezado por alcalde Lois Pérez Castrillo (BNG).

El propio político de Lalín presidió el jurado, aunque no participó en las deliberaciones, y se comprometió en diciembre en dar a conocer el nombre del ganador el 28 de marzo del 2001, Día de la Reconquista de Vigo. El arquitecto elegido finalmente tendría otros seis meses de plazo para diseñar el proyecto definitivo de estas instalaciones. Xosé Cuíña se mostraba convencido de que se habían seleccionado las mejores propuestas presentadas y afirmaba también que el proyecto era «una buena muestra de lo que debe ser la colaboración institucional, recordando que la ciudad de Vigo necesitaba una infraestructura de este tipo por su importancia dentro del contexto empresarial y cultural». El edil vigués de Cultura, Carlos González Príncipe, subrayaba la complejidad del proceso de selección de los anteproyectos por la gran calidad de los mismos, lo que había obligado al jurado a realizar seis votaciones.

Los dos arquitectos más mediáticos eran Santiago Calatrava y David Chipperfield. El español había recibido un año antes el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, aunque posteriormente se convirtió en un arquitecto muy polémico por el sobrecoste de algunas de sus obras e incluso por fallos en el acabado de las mismas. Santiago Calatrava, de forma sorprendente, decidió poco después abandonar el proceso y no presentarse a la elección final.

Visita de Chipperfield

El arquitecto británico David Chipperfield visitaba en enero el inmueble para conocer el espacio sobre el tendría que hacer su propuesta. Recorrió las estancias de la antigua empresa en compañía del arquitecto barcelonés Fermín Vázquez, con cuyo estudio colaborará en la propuesta de diseño para el auditorio vigués.

En abril del año siguiente, se dio a conocer que César Portela sería el encargado de crear el ansiado palacio de congresos revestido de acero inoxidable y presidido por un enorme ventanal que permitiría ver el mar desde dentro del edificio. Sería también el auditorio más caro de los que se habían construido hasta entonces en Galicia. El arquitecto y presidente del jurado, Xerardo Estévez, describió el proyecto ganador como «un edificio de dos fachadas, una que mira al mar, y otra a la ciudad; todo ello con un enorme óculo que genera un hueco transparente que comunica tierra y mar y en el que, además, confluyen los espacios comerciales y de ocio».

César Portela estaba viviendo un momento de gran reconocimiento profesional. La prestigiosa revista Descubrir el arte lo situaba, junto a Moneo y Calatrava, en el ránking de los cinco mejores arquitectos españoles del momento. En 1999, el pontevedrés había recibido el Premio Nacional de Arquitectura por su trabajo en la estación de autobuses de Córdoba.

Pero lo que parecía una maquinaria que ya no se detendría hasta completar la actuación en el litoral vigués se volvió inacción durante un tiempo. Por distintos motivos políticos y económicos, las obras del auditorio no comenzaron inmediatamente. De hecho, el proyecto definitivo no fue aprobado por el gobierno vigués hasta octubre del 2008, ya con Abel Caballero al frente de la alcaldía. Además, el propio arquitecto se vio obligado a rebajar su propuesta inicial debido a que no encajaba con el presupuesto que tenían los adjudicatarios del trabajo (Sacyr y Caixanova). Acabada la obra, se habían gastado cerca de cien millones de euros.

Si su gestación y construcción fue polémica, no menos aconteció en la inauguración del edificio. El 26 de marzo del 2011, el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, presidía el concierto inaugural a cargo de Luz Casal. Al día siguiente aparecía una placa en la que se recordaba que Abel Caballero había inaugurado el edificio. Un mes antes, después de una consulta popular, una comisión le daría el nombre de Mar de Vigo al complejo cultural.

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