Las empanadillas que bajaron del cielo

Verónica Fernández dejó su trabajo como azafata por otra aventura de altura. Alentada por su hermano, jefe de cocina del Parador de Tui, crea Vioncas Bake, donde las hace ricas, sanas y con una estética cuidada


vigo / la voz

A la pasión por el cocido y los churros, en Vigo hay que sumar la adicción a las empanadillas. Parecía que estaba ya todo inventado, pero no. Hay un antes y un después tras la aparición en el planeta empanadilla de Vioncas Bake. Viene de otra galaxia. O igual no desde tan lejos, pero, por múltiples razones, están a años luz de otras opciones hasta ahora conocidas. El proyecto empresarial acaba de arrancar de la mano de una joven emprendedora que lo ha dejado todo atrás para centrarse en esto.

La tudense Verónica Fernández Pereira se reencuentra con un sector en el que se había iniciado hace años, cuando comenzó a estudiar en Vigo un ciclo superior de restauración que terminó en Madrid. Tras varios empleos en turismo como azafata, regresó a casa. «Monté un pequeño restaurante, Casa Fina, en un local de mi madre en O Cerquido, Salceda, donde ahora, en la cocina ampliada, está el obrador», cuenta. Pero Verónica, que reconoce que es un culo inquieto, volvió a volar.

A comienzos de la pandemia regresaba de nuevo a casa para trabajar en Iberia, donde ya había sido preseleccionada como azafata, pero su hermano Miguel, jefe de cocina del Parador de Tui, le planteó una idea que dio un giro inesperado a sus propósitos. «Tienes la formación, tienes el local, tenemos una materia prima espectacular... ¿Qué te parece si empezamos con esto?», recuerda que le dijo. «Creo que tenía razón, y con él aconsejándome, que sabe muchísimo de cocina, me lance», cuenta sobre su hermano, que es también «culpable» del nombre de la empresa, ya que Vioncas «es como me llamaba de pequeña».

Hace menos de un mes que echó a andar y las expectativas son más que buenas. El cierre de la hostelería no ha truncado sus planes porque su intención era arrancar a través de su web vioncasbake.es con venta a domicilio (por ahora solo por los municipios cercanos al obrador) y crecer según la demanda, aunque, como reconoce, «el principal objetivo es abrir un local en Vigo». Mientras, se pueden encontrar en el establecimiento de comidas para llevar Alalimón (María Berdiales, 34) y en la cafetería Óscar Romero de Salceda.

16 variedades

Verónica ha sacado para empezar una carta con 16 variedades de empanadillas, 14 saladas y dos dulces, que se pueden ver también en su Facebook e Instagram.

Lo que tienen de especial o diferente se ve por fuera y se aprecia por dentro. Los sabores, por ejemplo, van más allá del famoso trío: carne, bonito y bacalao con pasas -que los hace también-, pero de otra manera, acercándose a gustos internacionales: ternera y picada de almendras con un punto picante (o con ketchup, pepinillo y queso fundido), pollo con mole poblano, cordero kebab; pollo Thai con curry, cerdo a la cerveza, wok de setas, espinacas y queso Arzúa Ulloa, y de remate, manzana con canela o plátano y chocolate Gold.

Cuidar el producto, la calidad y la presentación (porque la estética también importa) sin que se vaya de precio, son vitales, dice, en unas empanadillas que llevan su logo sellado con un marcador alimentario en cada unidad y que como lo demás, hace ella una a una. Aunque si sigue así, necesitará ayuda pronto. Las empanadillas de Vionca llevan aceite de oliva virgen y van al horno, lo que evita que sean grasientas.

Pero en lo que la emprendedora insiste es en la importancia de trabajar con productores locales. De la materia prima destaca la harina de Trigo y Limpio, empresa que cultiva trigo callobre de forma tradicional, moliendo en piedra el germen entero, lo que hace que conserve intactas sus propiedades. Tampoco se olvida de su madre, Fina, figura clave en esta historia, ya que a su lado se iniciaron sus hijos en la cocina. Ahora Verónica rescata su receta en la masa de la empanada de maíz y centeno, y otros sabores caseros de la tradición gallega, pero contemporánea.

Un poco de historia.

 Formación. La formación inicial de Verónica en restauración no tuvo una continuidad laboral, ya que saltó a otro ámbito. Hizo la diplomatura de Turismo y, al acabar, encontró empleo en un buen hotel de la capital. De allí decidió irse a Inglaterra, donde se quedó varios años trabajando en una compañía de trenes. Cuando regresó a Galicia puso en marcha el restaurante, pero a los dos años apareció un trabajo como auxiliar de vuelo, así que alquiló el negocio y volvió al Reino Unido. Ese carácter viajero impregna su primer proyecto en el sector de hostelería, buscando variedad y gustos más exóticos que irá modificando o ampliando según sean recibidos aquí.

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