José Gil documenta la vida industrial de 1927

El fotógrafo y cineasta de As Neves realizó numerosos documentales entre 1910 y 1935. Hace ahora 20 años era recuperada para todo el público su visión de Talleres Alonarti, en la que imitó a los Lumière


vigo / la voz

El 15 de noviembre del 2000, el Museo do Pobo Galego acogía la proyección de la película Talleres Alonarti. Sociedad La Artística Limitada, realizada en 1927 por el pionero del cine gallego José Gil y Gil. La empresa viguesa Alonarti había depositado unos meses antes la cinta en el Centro Galego das Artes da Imaxe (CGAI). Estaba compuesta de dos rollos en soporte de nitrato y se mantenía en muy buen estado ya que había sido conservada por la empresa propietaria. Para su nueva vida pública, el filme fue pasado a formato VHS.

Durante media hora, el director nevense establecido en Vigo mostraba la fabricación de envases de lata para la industria conservera. A través de rótulos intercalados se va siguiendo en la película todo el curioso proceso fabril de una empresa con docenas de empleados que Gil reúne para la secuencia final, abandonando la factoría a la manera de Salida de los obreros de la fábrica, de los hermanos Lumière.

Junto con las imágenes de mujeres trabajadoras recogidas por el corto Tintorería España, también restauradas por el CGAI y filmadas en la citada empresa compostelana en 1927 por una productora barcelonesa, las de José Gil son las únicas que se conservan sobre la actividad industrial en Galicia en aquella época.

José Gil no solo fue un documentalista, también realizó ficción. De hecho, fue el primer gallego en dirigir una película con guion y actores. Ocurrió en 1916. Miss Ledyia, título del filme, destaca, según los expertos en historia del cine, porque supone la temprana incorporación de Galicia a la creación en este medio nuevo. Sobre un texto de Rafael López de Haro, la película fue dirigida por José Gil, quien aprovechó los modernistas espacios del Gran Balneario de A Toxa, y otras localizaciones del entorno de Pontevedra. En el elenco de actores de esta película pionera se encontraba Castelao, que encarnaba a un insólito pastor protestante que, en la secuencia final, porta una pistola para detener al anarquista Ruskin.

José Gil nació en As Neves en 1870, pero a comienzos del siglo XX ya estaba instalado en Vigo para dedicarse a la fotografía. Su estudio compitió con los de Llanos y Pacheco, pero a diferencia de ellos, decidió explorar la grabación de imágenes en movimiento. Desde 1910, José Gil realiza numerosos documentales, tanto en Vigo como en otros puntos de Galicia, que recorre en un vehículo que tenía incorporada un equipo de proyección para llevar el cine a lugares recónditos.

Tuvo a lo largo de su vida profesional, que se extendió hasta 1935, varias productoras, como Galicia Cinematográfico o Vicus Films, pero también se adentró en otros campos empresariales, como el negocio de los concesionarios de automóviles. Tuvo en exclusiva en Vigo la venta de los modelos de Ford. Pero también a este campo llevó su cámara de cine. Explicaba el periodista e investigador histórico Gerardo González Martín que un documental de Gil llegó al despacho del magnate de la automoción Henry Ford. «En un momento dado, un Ford T muy célebre del industrial vigués Eugenio Fadrique, junto con otro coche semejante, fueron empleados para una función singular: Sobre ellos salieron al ruedo de la plaza de toros de Pontevedra los picadores de un espectáculo taurino, cambiando los tradicionales caballos por sendos vehículos a motor. Gil plasmó aquellas imágenes en película, la obra llegó a Ford, y este le felicitó efusivamente por su trabajo», señalaba hace algunos años González Martín en La Voz de Galicia.

Este empresario de éxito y su mujer, Trinidad Sarabia, vivieron una enorme desgracia, que ha dejado un testimonio artístico en el cementerio de Pereiró. El matrimonio tuvo tres hijas, nacidas entre 1901 y 1907. Maruja, Rosa y Pepa fueron víctimas de la tuberculosis en un espacio cronológico de cinco años. José Gil y Trinidad Sarabia encargaron al gran escultor gallego del momento, Francisco Asorey, la confección de un panteón que acogiese a sus hijas. El escultor reflejó a la mayor de las hermanas, Maruja, primera en fallecer, cuando tenía 17 años, acechada por la muerte. El conjunto escultórico tiene una placa en bronce, realizada por Camilo Nogueira, que recoge el sentir de unos padres destrozados por la desgracia. «Erais como tres rosas donde florecían las tres únicas rosas de nuestra ilusión que erais vosotras. Hubo tres días amargos, con tres horas de viento maldito que os arrebataron para siempre. ¡Triste vida la nuestra desde entonces! Pero Dios volverá a unirnos con vuestras almitas virginales donde las rosas de santidad no mueren nunca. Vuestros padres». Así reza la placa funeraria. José Gil y Gil falleció en el año 1937

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