Los garbanzos con chorizo del siglo XXI

Las inventoras del Calabizo, que con calabaza devuelve a los veganos el sabor del embutido, sacan al mercado el primer potaje que lo combina con esa legumbre. Como el de la abuela, pero listo al abrir el tarro y calentar


vigo / la voz

Si el inventor de la fregona o del futbolín tienen miles de pedestales mentales en la cabeza de las personas que se han beneficiado de esas ideas, hay tres mujeres en Vigo a las que habría que hacer un monumento: Sofía Calvo, Edurne Sendra y Keila Pousa, el tridente que hizo realidad la existencia de Calabizo, el primer chorizo gallego de calabaza 100 % vegetal, basado en la tradicional receta del chorizo ceboleiro.

Cada una en su papel, en un engranaje perfectamente engrasado, han conseguido, en un lustro, llevar el chorizo vegetal a todo el país, primero en pequeñas tiendas y ahora ya en grandes superficies comerciales. Primero en su versión simple, la dulce, y luego en dos variedades más: el picante y el ecológico. Menos el último, todos se despachan en paquetes de tres o de seis unidades. «Es porque todo lo que hacemos en versión ecológica es en tamaño pequeño para que no se dispare en coste», justifica.

Lo mismo ocurre ahora con la novedad que acaban de sacar al mercado. El primer potaje de garbanzos vegano, saludable y listo para comer con solo girar la tapa del tarro y calentar, lo hacen en dos modelos, un envase de vidrio pequeño, de 440 ml., ecológico, y otro tarro que lleva casi el doble, pero sin ingredientes de cultivo ecológico. «En principio lo pensamos como un producto para consumo individual, para llevar al trabajo o para personas que viven solas, pero tuvo tanto éxito que los consumidores nos lo reclamaban en tamaño familiar. Eso lo encarece mucho, así que hicimos una versión más económica, pero con vegetales de calidad, como siempre, y sin aditivos ni conservantes, como todo lo que sale de nuestra fábrica», aclara Edurne Sendra, la CEO de Calabizo que, tras 20 años como ejecutiva en una empresa del sector alimentario, decidió dar un giro profesional para abrazar una aventura que ya es una exitosa realidad. «El garbanzo del tamaño menor, el eco, es el pedrosillano, de un calibre más pequeño y que necesita algo más de tiempo de cocción que la variedad que ponemos en el otro, que es más grande y más mantecoso, el típico del cocido», resume. «De este tipo no encontramos proveedor con certificado ecológico en España, y que la materia prima sea de aquí es otra de nuestras insignias», aclara.

La receta con los garbanzos: cebolla, tomate, zanahoria, aceite de oliva virgen extra, pimiento, espinacas, Calabizo, agua , ajo y sal. «Sin conservantes, colorantes ni aditivos», subraya.

Cuando empezaron con el chorizo vegetal llevaron las primeras pruebas al Centro Tecnolóxico da Carne, ya que el del vegetal ni existía ni existe aún. Fue un éxito que las desbordó. «Lo que más nos costó para arrancar a más velocidad fue encontrar maquinaria que se adaptase a nuestras necesidades, ya que la que abunda, lógicamente, es la de los chorizos convencionales», recuerda.

La pandemia les ha dado un bofetón, como a casi todo el mundo. «En abril del 2020 la facturación descendió por primera vez», reconoce. Los transportistas no podían suministrarles la materia prima que se requiere para fabricar y tampoco tenían EPIS. Así, tuvieron dos meses de parón a los que se sumaron casi dos más, «porque el proceso de elaboración, adobo, mezcla, secado, fermentación y curado en bodega lleva de 4 a 6 semanas», cuenta.

Mientras aprovecharon para plantearse la expansión a más mercados y envían ya a Canadá, Alemania, Reino Unido y han abierto una tienda en Finlandia y otra en Lisboa. «Pasamos de 500 a 1000 puntos de venta en España», apunta Keila.

El milagro naranja, cuya calabaza ecológica es 100 % gallega, ha recibido premios hasta del Basque Culinary Center y estudian otras novedades con lentejas y alubias.

Un poco de historia.

 De toda Galicia. Edurne es viguesa y Sofía, ourensana de O Barco y como insisten sus compañeras, «la verdadera creadora de la receta». Se conocen desde que estudiaban en Lugo, la primera para ingeniera agrónoma y la segunda, técnicas agroalimentarias. Con los años mantuvieron el contacto, aunque Edurne se fue a Gondomar y Sofía siguió en Lugo, en hostelería. Tuvo varios restaurantes y fue cocinera en un vegetariano. Se unió Keila como encargada de relaciones comerciales, ventas y márketing, en un local en Gondomar. De ahí fueron al polígono de Porto do Molle, en Nigrán, que ya se les queda pequeño.

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