Los bocatas míticos de la movida de Vigo

El Rin Ran cumple 30 años en el barrio que lideró la oferta nocturna en los 90. Se ha convertido en un clásico cuyo emblema es el bocadillo de calamares y ahora, con el covid, incorpora el envío a domicilio


vigo / la voz

Cuando a Juan Davila se le ocurrió abrir el Rin Ran junto a un amigo, reconoce que fue una arroutada de la que pronto se arrepintieron. «Se nos dio por ahí, con 25 años ni él ni yo sabíamos dónde nos metíamos, no teníamos ni idea de hostelería y aún encima, nos quedamos con el local con el traspaso más barato que encontramos, porque por entonces se cotizaba a la baja, en Churruca no había nada, a excepción del Arco da Vella», recuerda. «Aún no estaba ni La Iguana. Allí había un gimnasio», añade.

Rin Ran empezó en enero 1990 siendo un mesón que tuvo una fulgurante carrera hacia el fracaso. «Al mes ya queríamos dejarlo», admite. El socio abandonó, pero el vigués, que trabajaba también en un almacén de frutas, empleo que siguió compatibilizando al principio, decidió darle otra vuelta porque vio que allí iba a moverse algo.

Comenzaban a abrir locales como el Churruca y el Diagonal, y tuvo la corazonada de que iba a haber movida. Acertó. Hubo movida, y mucha.

En la segunda oportunidad, siete meses después, y ya de su mano y junto a su mujer, la lucense de O Incio Elsa Fernández, fueron dando forma al negocio.

En los inicios abrían por las mañanas porque los acondicionamientos de los locales llevó mucha clientela de obreros al barrio, y luego, al estabilizarse la oferta nocturna, decidieron que su franja más rentable era la tarde-noche, hasta convertirse en un clásico.

El empresario identifica dos tipos de clientela bien diferenciadas, la propia, la que acude al bar como un fin en sí mismo, y la que lo hace, o lo ha hecho, tras salidas nocturnas en las que las piernas flojean, el hambre termina apretando y el cuerpo pide alimento y no cualquier cosa. En este momento, con el ocio nocturno bajo mínimos, a esa segunda clase de consumidor la crisis del covid lo ha barrido casi por completo.

De todas formas, Davila reconoce que hace ya mucho que se amoldaron a sus intereses. «En tiempos, en la década de los 90, estábamos hasta las 4 de la madrugada, pero fuimos acortando según nuestras necesidades. En esa época había deudas y mucho ambiente en la zona. Con los créditos pagados, nos importaba más trabajar para vivir que vivir para trabajar. Era rentable y nos daba para abonar sueldos, así que en fin de semana ya pasamos a cerrar a las 2 y entre semana, a las 12 de la noche». Luego hay excepciones puntuales, como los días de celebración del festival Marisquiño, «los asistentes empezaban a subir desde el Náutico a las 3 de la madrugada y seguíamos despachando hasta las 7 u 8 de la mañana», comenta.

«En tiempos, en la década de los 90, estábamos hasta las 4 de la madrugada, pero fuimos acortando según nuestras necesidades»

En el Rin Ran, Juan se ha ocupado siempre de la intendencia y de atender al público mientras que Elsa ha llevado la cocina. Ambos con la ayuda de su empleada Xoana Varela, que lleva 26 años trabajando con ellos.

La carta, con 70 referencias (también hamburguesas, sandwiches y perritos) fue construyéndose poco a poco, pero el hostelero reconoce que hay muchos elementos del repertorio que siguen manteniendo porque la gente los pide. «Tenemos un cliente que sigue pidiendo el 16 antiguo, el de los 90, que ahora es el de bacon completo, con queso, lechuga y tomate, aunque él lo cambia por pimiento», explica.

Pero en el Rin Ran, el bocata estrella, el más representativo de la casa, es el de calamares. Su clientela ya lo sabe, y otros lo ha oído, por eso llegan preguntando por él, porque tiene fama de ser de los mejores de Vigo, «no son anillas congeladas, sino de los de verdad, congelados en Altamar, pero enteros, y luego aquí se limpian y se trocean», aclara. Hacen el modelo clásico, calamar frito solo, y dos modalidades más: completo con queso, lechuga y restregado de tomate, y otro que lleva también salsa alioli y cebolla a la plancha. Hay otros más que tiene también un lugar destacado en el podio: el de pollo con bacon, lechuga, zanahoria, pepinillo, pimiento de piquillo y mayonesa; y el de jamón asado acompañado de la salsa supernatural que cocina Elsa. «Vivimos en el campo, tengo huerta y la hace con los productos de nuestra cosecha», cuenta.

Con el covid encima, como novedad han decidido sumarse a los envíos a domicilio a través de la plataforma DBarrio y ahora han ampliado el horario abriendo los sábados y domingos desde las 13.00 horas hasta las 23.00 horas.

Desde 1990

Dónde está: Calle Churruca, 10. Vigo

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