«No habrá ostrera en A Pedra hasta que no cambie la cosa»

La pandemia mantiene recluida en su casa de Arcade a la única mujer que queda en la popular calle viguesa


vigo / la voz

Si por ella fuera, seguiría al pie del cañón. No hay nada que se le ponga por delante a Isabel Seoane, la única ostrera que queda en la popular zona de A Pedra. El resto de mujeres fueron desapareciendo, bien por jubilación o por fallecimiento, como fue el caso de su hermana María hace un par de años. Es su familia la que le para los pies para protegerla del covid al pertenecer por su misteriosa edad al grupo de riesgo. «Si digo los años que tiene me mata, ella se ve bien y está bien», comenta su hijo José Rodríguez, quien sigue con esta tradición familiar.

Desde que comenzó la pandemia, Isabel pisó A Pedra un día que su hijo tenía que ir a una boda, otro que se grababa un reportaje y el último, de visita. Pese a su vitalidad, reconoce que la situación le da miedo y que no sale mucho de casa.

«Hasta que no acabe esto y no cambie la cosa no iré, no habrá ostrera en A Pedra. Por allí pasa gente de todas partes y hay más riesgo. A ver si se arregla, se acaba pronto y marcha de una vez, hay que esperar», explica paciente Isabel desde su casa de Arcade. En medio siglo que lleva al frente del puesto no recuerda nada parecido, ni una ausencia tan larga.

«Estoy deseando ir. En 40 o 50 años solo falté por alguna marea roja, obras o vacaciones, pero nunca tanto tiempo. Echo de menos a la gente, conoces personas buenas y estas muy entretenida; en cuanto pueda ir, me largo; el domingo por la tarde pasé por allí para hacer una visita, estaban los de los bares y hablamos que no tienen ventas, no están bien», indica.

Reconoce que su vida sin A Pedra es más aburrida: «Por la mañana hago la comida, arreglo la casa... Y por la tarde, caminamos, vamos a misa y, si se puede, tomamos un cafeciño con amigos, pero me gusta mucho aquella cosa de Vigo, toda la vida me ha gustado, quiero mucho a ese sitio», dice. Cuenta con añoranza lo joven que era cuando empezó y lo bien que se encuentra todavía. Por si alguien piensa en jubilación añade: «Tengo ilusión de vivir y de ir allá».

Asegura que los compañeros ostreros, entre ellos su hijo, están muy protegidos contra el covid y ofrecen todas las garantías. Tampoco ella se queda atrás. «Lleno la basura con mascarillas», dice. La familia sigue de cerca sus pasos y confirma su optimismo y buen estado de salud.

«Muy pocas personas de nuestra generación aguantarían lo que han aguantado ellas. Ahora hay techo, pero antes, si llovía, tenían que estar de pie y sujetando el paraguas. Y la ropa no era ni mucho menos un plumífero, era un mantón», indica José Rodríguez, su hijo. Para recordar estos y otros detalles ha colocado fotos antiguas en el puesto. «Es para que se pueda comparar cómo era antes y cómo cambió. Se ve en una imagen a mi madre y a mi tía en pleno invierno con mantón».

Para su madre, las ostras y A Pedra son su vida, su gente y sus amigos, igual que lo era para su tía, su abuela y ahora lo empieza a ser para él también. «Si en todos estos años ha faltado por algún motivo personal ha sido un día puntual por una gripe o un resfriado, aunque la mayoría de las veces ha ido con ello. Se alternaban mi tía y mi madre, pero era muy raro, igual si estaba un día en cama», aclara José.

Una de las fechas más inolvidables para Isabel fue cuando acudió con su hermana a Madrid a recoger la medalla de oro al Mérito en el Trabajo y se pudo codear con el actor Arturo Fernández. Aunque para ella todos los días son buenos cuando acude desde Arcade a Vigo, pese al madrugón.

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