Tres años después de los incendios del 2017 sigue casi todo por hacer

Aquellos fuegos vertieron a los ríos y la ría de Vigo unas 60.000 toneladas de ceniza


Amigos da Terra vigo@tierra.org

Hace unos días charlábamos con una veterana mariscadora de Nigrán que nos confirmaba que, tres años después, en cuanto mueves un poco los sedimentos de la Foz do Miñor encuentras todavía las cenizas de los incendios de octubre de 2017, tan recordados estos días. Aplicando un cálculo medio de 13 toneladas por hectárea, a consecuencia de aquellos incendios se vertieron a los ríos y la ría de Vigo unas 60.000 toneladas de cenizas. Junto a ellas buena parte de la materia orgánica de los suelos que hiperfertilizaron y dañaron los bancos marisqueros. Tres años después no hemos recuperado ni una ínfima parte de esa materia orgánica imprescindible para la recuperación de las zonas quemadas. Mientras, paradójicamente, Vigo sigue enviando a quemar sus bioresiduos a una incineradora en lugar de implementar un sistema de compostaje (como el de la Diputación de Pontevedra) y utilizar ese fertilizante para devolver la vida al suelo que nuestros montes quemados necesitan vitalmente.

Para darnos cuenta del absurdo pensemos que si algún día toda la materia orgánica anual de los residuos de Vigo y Nigrán se convirtiera en compost, dicho abono apenas sería suficiente para empezar a recuperar el suelo fértil perdido en solo uno de los incendios de 2017. Vigo y Nigrán deberían integrarse ya en ese programa provincial y de paso cumplir las exigencias europeas sobre residuos. Sobre el suelo quemado, las especies invasoras aprovecharon la oportunidad para conquistar terreno a mayor velocidad y de esta forma eucaliptos, acacias y sus hermanas menores tapizaron el suelo que hoy vemos engañosamente verde, como si aparentemente no hubiera pasado nada. Y por supuesto nada cambió en la clásica discusión entre las medidas preventivas y las de extinción. El maestro Juan Picos, director de la Escuela de Ingeniería Forestal de la Universidad de Vigo, lo explicaba haciendo una acertada analogía con el coronavirus y la sanidad pública. 

Más prevención que extinción

¿Deberíamos reforzar la atención primaria o las urgencias? La respuesta es que sería un error optar por una cosa en detrimento de otra. Se tienen que reforzar ambas. Aplicando ese principio a los incendios. ¿Apostamos por la prevención o por la extinción? Las dos cosas son imprescindibles. El problema es que no están equilibradas y se destinan más medios y presupuestos a la extinción que a la prevención. No se trata de recortar de un lado para añadir al otro, se trata de mantener los recursos para la extinción de incendios y aumentar considerablemente los destinados a la prevención. Porque la prevención cuesta. Solamente el mantenimiento de las franjas de seguridad en los ámbitos que implican supone desbrozar un par de veces al año aproximadamente el 10 % la provincia, o lo que es lo mismo, con un coste prudente de 350 euros por hectárea solo en la provincia de Pontevedra supone un coste anual de 32 millones de euros.

También seguimos olvidando el papel fundamental y transversal de la educación ambiental, destinada a los agentes sociales determinantes, que sigue sin existir y sin recursos para su aplicación, y así nos va cuando paralelamente seguimos escuchando la eterna cantinela de lo imprescindible que es la concienciación ciudadana. Tres años después muchas comunidades de montes hicieron, ejemplarmente por su cuenta, dicha prevención y regeneración evitando la erosión y reforestando con especies autóctonas las zonas incendiadas. Chandebrito, Camos, Coruxo o Matamá, entre otras. Proyectos a pequeña escala, pero que son realidad y poco a poco ayudarán a mitigar y capturar una mínima parte de las 700 toneladas de CO2 que emitieron (siendo prudentes en el cálculo) aquellos incendios. Otras actuaciones grandiosas no pasaron de los anuncios, como el corredor verde perimetral de Vigo que tres años después ni siquiera cuenta con un proyecto definitivo (y como de costumbre ni participado ni consensuado).

Un buen indicador de que una vez apagados los incendios las promesas se desvanecen como el humo aunque se vuelvan a prometer otra vez coincidiendo con cada aniversario. No se desvanece sin embargo el recuerdo de Maximina Iglesias y Angelina Otero, vecinas de Chandebrito que perdieron la vida en aquellos incendios.

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