Carmen Salinero: «Aquí se da de todo, ahora triunfa el aguacate»

Luchadora contra las plagas, se enamoró de la flor más bella, la camelia, que es «una mina»


pontevedra / la voz

Con Carmen Salinero (Jaén, 1957) habría que hablar de plagas. Que para algo es la jefa de servicio de la Estación Fitopatolóxica do Areeiro y para algo lleva toda la vida dedicada al estudio de los virus, nematodos y bacterias que se empeñan en atacar a los cultivos gallegos. ¿Pero quién quiere hablar de plagas pudiendo hablar de amor? Nadie. Porque, en realidad, la historia de Carmen y las plagas tiene bastante más que ver con el amor que con cualquier otra cosa. ¡Si hasta fue en el centro forestal de Lourizán, donde trabajó antes de estar en Areeiro, donde conoció a su marido! Cuestiones personales al margen, Carmen pone una pasión desbordante en lo que hace. Se enamora de los cultivos; de las especies, del inmenso patrimonio verde de la provincia... Y a la cabeza de sus amoríos vegetales está lo que siente por la camelia, una especie de la que dice que «es como el cerdo, porque de ella se aprovecha todo, desde la hoja a la madera», señala con una amplísima carcajada desde su despacho de Areeiro.

Salinero, licenciada en Biología, nació en Úbeda (Jaén). Pero, cosas de la vida, Citroën la trajo a Vigo siendo niña: «Mi padre trabajaba para una constructora francesa que vino a montar la fábrica de Citroën a Vigo, y aquí nos quedamos para siempre toda la familia», explica. Recuerda que su madre, natural de Extremadura, se quedaba de piedra en la ciudad olívica porque no encontraba tomates para su gazpacho. Le acabó pidiendo a un agricultor que los plantase para comprarlos. «Por aquel entonces no era habitual que se vendiesen», narra Salinero. Esa misma madre curaba los catarros de su prole con infusiones de orégano y plantaba camelias especiales. Así que puede que fuese ella la que le metiese el gusanillo en el cuerpo a Carmen para estudiar Biología, una carrera que cursó en Santiago. Al terminar, se apuntó a Farmacia. Pero cuando estaba rematando esta segunda carrera murió su padre y las cosas cambiaron: «Dejé los estudios y conseguí una beca para el centro forestal de Lourizán, y ahí empecé», recuerda.

Todo empezó con tres becarios

Corrían principios de los ochenta y Carmen comenzó entonces a trabajar seleccionando ejemplares y tratando de propagarlos in vitro. «En el caso de la camelia, con la que empezamos a trabajar muy pronto, lo que hacíamos era tratar de propagar las plantas más importantes que encontrábamos en los jardines de los pazos gallegos», indicaba. Ahí conoció al ingeniero Pedro Mansilla, que luego sería tanto su jefe durante muchos años en la estación fitopatológica de Areeiro como su marido. «La verdad es que sí, que nos conocimos trabajando en Lourizán. Eran otros tiempos. Los becarios vivíamos en el pazo, donde por cierto hacía un frío tremendo. Era todo tan distinto...», confiesa entre risas.

En 1984, hubo un día en el que la Diputación le concedió dos becas distintas. Podía quedarse en el centro forestal de Lourizán o marcharse muy cerquita, a Areeiro, donde comenzaba a montarse la estación fitopatológica. Allí se marchó. «Éramos tres becarios. Pedro, yo y otra persona. Todo empezó así». Se centró en el estudio de las plantas ornamentales, en conocer bien los jardines gallegos y en tratar de sacarle partido a los cultivos. La camelia, como siempre, estuvo en el centro de todo. «Es que esa especie es una mina. Y ahora ya lo estamos viendo. Se hace té, aceite, joyas, bisutería en madera... Y la ruta turística de la camelia es impresionante. La gente ya viene a Galicia a ver los jardines de camelia. Es una maravilla», indica.

Poco a poco, vio cómo se iba transformando la estación fitopatológica. De ser tres becarios pasaron a conformar una plantilla de unas cuarenta personas. Asistió y participó en la profesionalización los laboratorios o la creación de la unidad de biología molecular. Dice que todo cambió en estos años. Salvo el principal objetivo: «La meta es ayudar siempre a las personas que cultivan. Y se cultiva tanto en nuestra provincia... es que tenemos un clima tan benigno que aquí se da de todo. Ahora triunfa el aguacate. Pero también el maracuyá, los frutos pequeños... todo lo que plantes suele ir bien». Señala que el gran éxito de Areeiro es mantener a raya las plagas, estudiar muy bien los cultivos y los agentes que los atacan, solapar esas informaciones «y así dirigir cómo y cuando combatirlos. No se pueden aplicar insecticidas por sistema y calendario. Todo tiene su momento, todo tiene que ser dirigido. Y eso lo sabemos gracias a los estudios».

Carmen cuenta que cuando Pedro Mansilla, su marido y también compañero, se jubiló ella ganó en casa. Pero se le complicaron las cosas en el trabajo. Le suplió como jefa de servicio en Areeiro y desde entonces le toca lidiar con los papeles. Lo hace como ella sabe; con florida pasión. Al fin y al cabo, Carmen Salinero reconoce que ella es, sobre todo, una mujer a una camelia pegada.

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