Las calles de Vigo cambiaron de nombre en cuatro ocasiones

En 1862, el gobierno municipal publicó las normas a las que debía atenerse la numeración de los edificios en toda la ciudad


vigo / la voz

En junio de 1862, la junta general de estadística estableció las normas que debía seguir la numeración de los edificios de calles y plazas de la ciudad de Vigo. Junto a la ordenanza municipal aparece el listado de todas las calles, plazas y travesías con los nombres que entonces tenían. En aquel momento algunas de las antiguas murallas todavía no habían sido derribadas aunque sí ya existía el permiso para hacerlo.

En el antiguo núcleo de población estaban las siguientes calles: Placer, Antequera (una calle muy corta situada en la actual Porta do Sol, en la acera de la Princesa), Soledad (calle estrecha en la actual Porta do Sol, en la acera de las escaleras de Segunda República), Desengaño (más o menos, Fermín Penzol), Ballesta, Imperial (Joaquín Yáñez), Gamboa, Triunfo, Palma, Oliva, Lage, Juanelo, Fuente de Vigo, San Antonio (en el entorno de la actual plaza da Pedra), Piedra, San José, Amargura (Cesteiros), Campucha (Méndez Núñez), Sombrereros, Herrería, Misericordia (inicio de Elduayen), Cuesta, San Sebastián, Huertas, Barranco del Castillo, Real, Baluarte, San Vicente, Caracol, Franco, Alta, San Julián, Peligros, Pobladores, Anguila, Falperra, Santiago, Rivera, Caramujo, San Francisco, Barroca, Príncipe, Ánimas, Lavadero, Caños, Victoria, Muelle (parte de Carral), Isabel II y Arenal.

Constitución y Princesa eran las dos únicas plazas existentes, mientras que con la denominación de plazuela se encuentran en el listado las del Sol, la Leña, la Iglesia, la Yerba (Argüelles), Vieja y de Pescadores. En ese mismo espacio también estaban los paseos de Granada y de la Pescadería; las bajadas a la Fuente, a la Pulga, a la Yerba, al Baluarte, de Sombrereros, de Pobladores, de San Juan y al Fuerte; las travesías de la Cruz, del Desengaño, de la Iglesia, de San Bernardo, del Cónsul, de los Alfolíes, de la Cárcel, del Maestro, de la Escuela, del Correo, de la Esperanza, del Embudo, del Bote, del Pez, del Peñasco, de la Angustia, de Santiago, de las Portillas, de la Aurora, de los Caños, del Laurel, del Canceleiro, de la Barja, de Miragaya y de Buena Vista. Se señalaban como barrios Romil, Peniche, Santa Marta, Picacho y Fervenza; mientras que eran lugares Pazos, Canadelo, Pino y San Lorenzo. También estaban el callejón del Estrecho, la subida al Campo, la carretera de Bayona y el Arenal de Coya. Dentro de los límites de la parroquia de Santiago de Vigo se incluían la calle Hospital, la travesía de Isabel II, y los lugares de Roupeiro, Pito, Castañal y Couto.

La parroquia de Santo Tome de Freixeiro estaba compuesta por los barrios del Regueiro, Puente Nuevo, Iglesia, Traviesas, Couto, Lameiro, Moledo, Lage, Santa María de Castrelos, de la Costa, Falcoa y Macal, Pazó y la Espedrigada. Llama la atención que incluyesen aquí espacios pertenecientes a otras parroquias del ámbito vigués, pero así es como las cataloga el informe de 1862.

Desde aquellos nombres originales, el callejero vio alterada su nómina por cambios ideológicos en cuatro ocasiones. La primera se produjo tras la revolución de 1868. El único nombre que sobrevive en la actualidad es la plaza de Argüelles.

El 29 de mayo de 1931, la corporación republicana acometió un nuevo cambio. Aparecieron entonces nuevos nombres, como el del periodista republicano José Nakens, para la antigua calle San Vicente; o el republicano decimonónico Estanislao Figueras, cuyo nombre asumiría la calle Romil. El capitán Galán obtuvo la calle del Príncipe, y su colega golpista el capitán García Hernández, la calle de Urzaiz.

Aquel «rueiro» duró hasta el 1 de octubre de 1936, cuando los militares golpistas introdujeron sus propios nombres y restituyeron otros. Entre los recién llegados estaban José Antonio Primo de Rivera (José Antonio, para los vigueses) para la calle Urzaiz; Calvo Sotelo, para Elduayen; o Capitán Carreró, para la Porta do Sol.

Con la primera corporación democrática, tras la dictadura, se volvieron a cambiar el nombre de las calles, para, en su gran mayoría, restituir antiguas denominaciones.

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