El catalán Marcó del Pont vendía seguros a comienzos del siglo XIX

El comerciante representaba en Vigo a una compañía madrileña


vigo / la voz

Buenaventura Marcó del Pont pocas cosas hizo en su vida que no le reportasen dividendos. De hecho, fue el hombre más rico de Vigo. De él se conoce que fue regidor perpetuo de la villa, lo que no quiere decir que fuese alcalde de por vida, sino un cargo más parecido a lo que hoy es un concejal. Este comerciante catalán llegado a Vigo a mediados del siglo XVIII se hizo con el tráfico comercial con el sur de América en cuanto se permitió el comercio de ultramar desde Vigo. Además, empleó su flota en la lucha corsaria contra los ingleses, lo que le reportó importantes beneficios. Como ejemplo de su poderío económico, cuando se realizó el préstamo obligatorio al Rey en 1805 para sufragar la guerra contra Inglaterra, este empresario pagó el triple de lo que le correspondía al segundo de los contribuyentes vigueses. Es decir, tenía mucho dinero.

Sin embargo, es menos conocido que fue una de las primeras personas que se dedicó a los seguros en la localidad olívica. En agosto de 1794, la Gaceta de Madrid informaba de las actividades de la Real Compañía de Seguros Terrestres y Marítimos, de la que era representante en Vigo Buenaventura Marcó del Pont. Era una empresa conformada por grandes capitales establecidos en Madrid, entre los que se encontraban importantes fortunas, como la del ducado de Osuna.

El anuncio

Se explicaba en el periódico oficial del Estado que esta compañía aseguraba «de incendios y undimientos todos los edificios de esta Corte, como los demás del Reyno». «Para evitar que a los que quieran asegurarse en ella los gastos de tasación y reconocimiento por peritos, correrá los expresados riesgos de incendio y undimiento por todo el valor en que se convengan los interesados con la dirección de la misma compañía en esta Corte y en el interior del Reyno con sus comisionados», señalaba el anuncio de La Gazeta de Madrid.

Esta compañía, decía el periódico oficial, para «facilitar a toda la nación tan ventajoso beneficio que le proporciona constantemente la seguridad del valor de sus haciendas contra toda desgracia, libertándose por este medio todo propietario de la pérdida tan sensible que resultaría en qualquiera de los casos adversos referidos y muchos de su ruina».

En las condiciones del seguro se decía que si la pérdida excedía de la tercera parte del valor dado al inmueble asegurado, quedaba al arbitrio de la aseguradora pagar los daños tasados o admitir el abandono del edificio, entregando el total del valor contenido para evitar desavenencias, claro está, una vez verificados los daños.

¿Y cuánto se pagaba por semejante servicio? Se dice en el anuncio que una casa regular en Madrid se aseguraba al año por «un peso de quince reales vellón por cada mil de valor que se dé al edificio, y las casas de mayor peligro a proporción». Para las del resto de España se decía que sería «poco más, según las circunstancias».

En Galicia, además de Buenaventura Marcó del Pont, también operaban otros dos comisionados en Ferrol y A Coruña. En 1799 le sucedería en el empleo Josef Antonio Cayro, el mismo que destituyeron los vigueses en enero de 1809 de su cargo de juez-alcalde ante la presencia de las tropas napoleónicas.

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