«Queremos que la gente se sienta vestida por la naturaleza gallega»

Las tres creadoras de Las Flores de Greta lanzan su nueva prenda, una sudadera de algodón orgánico estampada con pigmentos de hojas y flores de los montes de Vigo


vigo / la voz

Le han dado sentido a la expresión vestirse de otoño. Uxía, Nuria y Antía han diseñado la primera prenda de abrigo de la firma Las Flores de Greta: una sudadera de terciopelo de algodón orgánico, en la que quedan impregnados los colores de la estación de las lluvias. Los pigmentos, naturales, son el resultado de estampar hojas de árboles y plantas sobre la tela y esperar a que suelten el tono que han adquirido en la naturaleza. «Siempre hay sorpresas, es algo experimental. Dependiendo de dónde son las hojas, la cantidad de luz que les da, la humedad de la zona donde las recogemos... Siempre es distinto. Siempre son sorpresas. Es como alquimia». Así explica Nuria Benlloch un proceso que ella, como artesana, conoce bien. «En la tela se queda el pigmento de la flor que no siempre coincide con el color, una flor roja no siempre desprende un pigmento rojo». Ahí entra su pericia en el proceso para conseguir el efecto deseado.

Cuando dejaron sus anteriores trabajos para fundar Las Flores de Greta, Uxía Benlloch, Nuria Benlloch y Antía Vargas no imaginaban que su nueva faceta les iba a reportar tantas satisfacciones. «El poder trabajar en el entorno rural se agradece un montón. Cuando recolectas todas las semanas empiezas a convertirte en una observadora y a abrir los ojos. Antes me gustaba pasear por el monte pero no me sentía conectada con la naturaleza como ahora», confiesa Uxía, diseñadora gráfica de formación, encargada del diseño de la web y de la parte digital del proyecto. El equipo lo completa Antía Vargas, ingeniera, que se dedica a la parte más industrial, selección de la maquinaria y diseño de los estands, aunque las tres se complementan en todas las facetas.

El ecoprint necesita entre cuatro días y dos semanas de trabajo en cada prenda para conseguir el resultado deseado, dependiendo de la complejidad de la tela y los tonos que se quieran conseguir. «Nosotros salimos cada mañana a recolectar en función de lo que vamos a usar. Recolectamos en los montes de Vigo y de Gondomar porque nuestro taller está en Morgadáns, Gondomar», explica Nuria. Desde días antes, los tejidos están sumergidos en mordientes, sustancias empleadas en tintorería que sirven para fijar los colores en los textiles. «Escurrimos el tejido, lo extendemos sobre una mesa y vamos colocando, una a una, las flores y hojas que hemos recogido. Una vez está hecho el diseño, hay que enrollarlo, atarlo y luego usamos un depósito de vapor». Dependiendo de lo que quieran conseguir someten la tela a ciclos de determinadas horas. Es la parte más creativa del proceso que se completa después con el lavado y la confección.

Las Flores de Greta suma a su colección una nueva prenda: la sudadera que acaban de lanzar al mercado. «Al tener mucho gramaje hemos conseguido una profundidad en el detalle maravillosa. Queremos que la gente se sienta vestida por la naturaleza gallega. Queremos transmitir la vegetación que nos rodea en el día a día». Que esa naturaleza sirva para arropar es una metáfora que esperan transmitir a sus clientes.

Una vuelta de tuerca más de un proyecto que ha permitido que muchas novias conserven para siempre las flores de su ramo de novia en prendas de seda personificadas. «La novia tiene que conservar el ramo. Dos días después de la boda le mandamos un mensajero a casa para recogerlo y, en un mes, tiene su prenda de seda. Puede escoger entre kimono, blusa, chal o vestido». Les han llegado a pedir encargos curiosos, como estampar las flores de una finca particular para un regalo de aniversario. «El chal es una de nuestras prendas estrella, de las que más vendemos. Y también la bolsa, es ecológica y nos está dando muy buen resultado», explica Antía.

Greta antes que Thunberg

El nombre del proyecto lo decidieron antes de poner en marcha Las Flores de Greta, en marzo de 2018. «Quedábamos para ver qué íbamos a hacer. Hablábamos de nuestro público objetivo: una mujer sostenible, que le guste dar paseos por la playa, disfrutar de la comida orgánica, cuidar lo que compra... Empezamos a ponerle un nombre, y ese nombre fue Greta, y decidimos dedicarle el nombre del proyecto». La casualidad quiso que, meses después, una joven activista sueca se hiciese conocida por liderar las protestas de los estudiantes contra el cambio climático. Una y otra Greta coinciden en la filosofía que las mueve. «Está aumentando la población que quiere saber cómo se han fabricado sus prendas y si las personas que las hacen están en las condiciones que tiene que estar, queremos ser partícipes de eso. Queremos sumarnos a ese cambio de elaborar prendas con alma». Prendas que pueden ir a la lavadora sin que el electrodoméstico consiga borrar ni el pigmento ni la historia que hay detrás.

Su canción

«Peguei uma chuva», de Perotá Chingó. «Es un grupo que las tres empezamos a escuchar cuando nació el proyecto de Las Flores de Greta. Es nuestra música de taller, de hecho la sintonía está muy conectada con todo lo que queremos transmitir. Es inspirador», explica la diseñadora gráfica Uxía Benlloch.

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