Gregorio Espino, la nueva meca de Vigo

La comunidad musulmana inaugura una nueva sede para sus 3.000 integrantes


VIGO / La VOZ

La cafetería que se llamaba Los Olivos se conoce ahora como Sáhara. En su terraza, un hombre con bigote y de tez morena se toma un café de una forma tan tranquila que resulta entrañable. A su lado, una pareja pide un té y, cuando se lo van a servir, la camarera, que lleva las cejas perfectamente depiladas, se lo arroja desde una tetera de plata que chorrea humo. Su gesto no demuestra sorpresa, sino que ya eran conscientes de que su infusión llegaría a la mesa en ese recipiente de tintes árabes. En el interior del local, sentadas en tres butacas altas, se encuentran tres mujeres con velo que sonríen cada vez que se cruzan los ojos.

Justo en frente de la cafetería, hay otro local en el que preparan la apertura de una nueva pastelería. Desde hace años este bajo estaba regentado por una pareja dedicada al diseño de interiores con materiales de madera. Un poco más hacia delante, una tienda que venden alfombras oferta moquetas por 25 euros. Como no podía ser de otra manera, el local responde al nombre de El Zoco.

Poniendo la lupa en todos estos detalles, se puede advertir que el Gregorio Espino de toda la vida, la calle en honor al alcalde que tuvo la ciudad hace cien años, convive con el Vigo árabe.

Que la nueva sede del centro cultural islámico se haya trasladado hasta el número 47 de esta vía, por tanto, no responde a una casualidad. Hoy se inaugura esta sede musulmanda en Vigo, convirtiéndose en la nueva meca de la ciudad. Hasta este bajo de Gregorio Espino acudirán, a partir de ahora, cientos de religiosos para asistir al sermón de los viernes.

Desde el 2009, el centro cultural se encontraba en la Travesía. El traslado hasta la zona de A Doblada responde a un incremento de la comunidad musulmana en esta ciudad, que alcanza los 3.000 miembros. «Vigo agrupa a la concentración más importante de musulmanes de la provincia. Gente de Cangas o de Nigrán, por ejemplo, vienen hasta aquí», explica Abdel Uzairi, portavoz del Centro Cultural Islámico de Vigo.

La nueva sede tiene un tamaño de 700 metros cuadrados, casi el doble que la anterior. Dentro está repartida en diez salas. «El aforo total es de más de 400 personas, pero, con las restricciones actuales, lo hemos limitado al 50 %», cuenta Uzairi.

El complejo tiene una mezquita amplia acomodada con una moqueta roja. Además, cuenta con una sala de conferencias y varias aulas en las que imparten e instruyen niños y niñas «de entre 3 y 15 años» en la fe islámica. El color de las paredes y de las luces del centro son blancas y, en las critaleras de las salas, destacan los decorados propios del arte musulmana, en la que preodominan los arcos arabescos.

Además de profesar y dar a conocer la milenaria historia musulmana, en sus aulas también se imparten cursos de árabe para españoles, actividades extraescolares como cursos de gastronomía magrebí y oriental, iniciativas para fomentar la convivencia y la integración o, incluso, clases de refuerzo de castellano, gallego, francés, inglés o también matemáticas.

«Nuestra intención es que este nuevo centro cultural esté al servicio del barrio», relata el portavoz. «Queremos dejar claro a nuestros hermanos que aquí tienen una casa y que podemos aconsejarlos con cualquier problema que surja. Deben saber que siempre podremos ofrecerles un té con pastas», dice riéndose. «Además, dos veces al año queremos organizar jornadas de puertas abiertas para impulsar nuestra identidad común», añade. Cuando se refiere al nuevo bajo como un lugar solidario, puntualiza que nadie, tampoco los no musulmanes, se quedan fuera.

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