«Yo era "socialistoide" y en Vulcano cambié»

Mantilla es economista, abogado y auditor de cuentas. Fue ponente de la Ley Concursal con el PP


vigo / la voz

Carlos Mantilla (Sober, 1944), decano del Colegio de Economistas de la Provincia de Pontevedra, no para de trabajar en su despacho de la avenida García Barbón de Vigo. Dirige una organización con 1.500 de los 5.000 colegiados que hay en Galicia. Se preocupa de la formación y forma parte del Consello Galego de Economistas, que realiza el barómetro de la comunidad autónoma. «Yo era bastante optimista. La situación es mejor que la de otras zonas, pero me preocupa mucho que España va en el vagón de cola. Da la impresión de que no se saben qué hacer con la pandemia y un segundo confinamiento podría ser terrible».

Su lugar de trabajo parece un museo. Las colecciones están presentes en las estanterías, en las que se pueden contemplar desde diferentes modelos del automóvil Mini, del que Mantilla es un entusiasta (tiene dos), a miniaturas de perfumes y de botellitas. El piso también está lleno de fotos que tienen mucho significado político e histórico. En una se le ve con Miguel Ángel Revilla, compañero suyo en la Facultad de Económicas de Bilbao. Y tiene muchas con Mariano Rajoy, amigo personal y su jefe en el partido.

Carlos Mantilla llegó a Vigo con tan solo 10 años. Su padre era un labrador de la aldea de Rosende en Sober, el mismo municipio en el que nació Manuel Pérez, que fue alcalde de Vigo con el PP. «Pero vivíamos separados por diez kilómetros y allí no nos conocíamos», apunta. Como tantos inmigrantes, en un momento de extraordinario crecimiento en Vigo, la familia se estableció en casa de unos amigos y luego en la Travesía de Vigo, que entonces estaba construyéndose. Era el año 1954. «Mi padre vino a trabajar a una farmacia de Bouzas y mi madre era ama de casa».

«La hija de unos amigos venía a la aldea y nos habló de las posibilidades de estudiar perito mercantil porque en cinco años me podía poner a trabajar. Ingresé y el primer año lo hice en Ourense. Luego mi madre me animó para trasladarme a Bilbao a estudiar en la universidad», recuerda.

En aquella época, en la Facultad de Económicas el ambiente era muy progresista. De hecho, Mantilla tuvo como compañero de clase a un famoso etarra. «Etxebarrieta era el delegado de la facultad y luego murió en un tiroteo con la Guardia Civil», rememora. En ese momento, el que llegó a ser una figura emblemática del Partido Popular en la provincia de Pontevedra sintonizaba con la izquierda «Mi abuelo había sido comunista y yo era más bien socialistoide», relata. Esa era la tónica general en su facultad. Pero luego, el trabajo le fue cambiando. Estuvo de responsable en la pesquera Molares y más adelante empezó a trabajar en el astillero Factorías Vulcano. Corrían los años 70 y Mantilla ejercía de director económico y de personal de una factoría naval que entonces iba viento en popa. «Teníamos hasta tres barcos a la vez y trabajaban para el astillero 3.000 personas de forma directa e indirecta. Había que negociar con los trabajadores y, aunque entendía parte de sus reivindicaciones, no les podía dar toda la razón». Así que sus posturas más cercanas al socialismo se fueron transformando en pensamientos más liberales y conservadores durante la década que trabajó en el astillero, de 1970 a 1980. Por este motivo y por su buen trabajo, la formación política Alianza Popular llamó a su puerta.

«Desde 1979 soy amigo de Mariano Rajoy. Él era presidente en Pontevedra y yo, vicepresidente. Estaban buscando gente para la lista de AP en Vigo y me pusieron de número 6. No salí porque solo tuvimos tres concejales. Luego, en el año 83, fui de número dos con Fernando García del Valle». Recuerda aquellos largos plenos del Concello que acababan a las tantas y «luego todos nos íbamos a tomar una copa al Telmo's».

Cuatro años más tarde, Mantilla se convirtió en el candidato de los populares a la alcaldía y a partir de ahí prosiguió una larga carrera como senador y diputado. «En 1989 Fraga me propuso ser conselleiro de Pesca, pero yo quería seguir trabajando en mi despacho y le sugerí que nombrase a López Veiga».

La formación de este político de vocación, que siempre se ha ganado bien la vida, ha sido muy amplia y ostenta el doctorado en Economía. Es auditor de cuentas y censor jurado de cuentas por oposición, y hace pocos años concluyó la licenciatura en Derecho, una espina que tenía clavada. Cuando acudía a los juzgados con motivo de los concursos de empresas «tenía que competir con los abogados y veía que, a veces, los jueces les hacían más caso a ellos», relata este licenciado por la Universidad Camilo José Cela, su último centro académico.

Debido a su bagaje, fue ponente de la Ley Concursal, un texto que, en su opinión, al irse modificando «se ha desvirtuado porque el objetivo era salvar la continuidad de las empresas y ahora parece que lo que importa es garantizar la seguridad jurídica del concurso, con lo que los procedimientos se van alargando». El caso de Vulcano es un claro ejemplo y Mantilla le desea lo mejor, lo mismo que a Barreras.

Carlos Mantilla siempre ha compaginado la política con su trabajo profesional, con el que se ha ganado muy bien la vida. Era la época de Aznar y Rajoy. Asegura que, ahora, el problema «es que falta vocación por la política. Antes teníamos buen sustento».

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