Alejo Stivel: «Los músicos no somos más prioritarios que los barrenderos»

Tras cuatro décadas de trayectoria, considera que en su libro de cuentas emocional el debe y el haber «están bastante equilibrados»

Alejo Stivel, en una imagen de archivo en las fiestas de San Roque del 2018
Alejo Stivel, en una imagen de archivo en las fiestas de San Roque del 2018

Será su primer directo tras el confinamiento y, por ende, tras la cancelación del concierto de despedida de Tequila en el Wizink madrileño. Asume que la sensación será extraña. «Tanto como salir a la calle y ver a todo el mundo con mascarilla. Yo no me termino de acostumbrar. Me parece una película de terror de serie B», comenta Alejo Stivel. En Vigo se presenta en formato trío «acústico plus», con guitarra eléctrica, acústica y un set de percusión.

­-Tras el confinamiento se posicionó rotundamente en contra del parón promovido por algunos agentes culturales, ¿por qué?

-Creo que la cultura es importante, por supuesto. Me dedico a ella y no voy a minimizar lo que le podemos dar a la gente. Pero los barrenderos son tan importantes como los artistas. Y ya no digamos los sanitarios. Esos son los más importantes de todos. Y no es una frase que diga desde marzo. Es algo que siempre he defendido.

Desde luego que no se trata de infravalorar a nuestro gremio. Simplemente lo coloco en el mismo lugar que el resto. No creo que por hacer música, subirnos a un escenario, ponernos una ropa cachonda y que nos iluminen unos focos seamos más necesarios que los demás. Todos lo estamos pasando mal.

-Sin embargo, también dijo que los músicos eran «los enfermeros del alma».

-Sí, sí, claro que lo somos. Pero la sociedad está llena de gente prioritaria. Y los músicos no somos prioritarios. Somos una pieza más de ese engranaje. Nosotros, por lo menos, tenemos la suerte de que nos gusta hacer lo que hacemos.

-Hace un par de semanas, en estas mismas páginas, y en referencia a la truncada despedida de Tequila, Ariel Rot bromeaba diciendo que le parecía que estaba condenado a vivir con Tequila eternamente.

-Yo corregiría a Ariel porque no estamos viviendo de Tequila. Nos queda pendiente un solo concierto, una sola noche. En cualquier caso yo no considero una condena el vivir con Tequila, me lo paso bomba. Simplemente, decidimos acabar con ese ciclo el 20 de marzo y no fue posible. Lo pospusimos para este 23 de septiembre, pero es evidente que también es inviable. Así que lo hemos reprogramado para el 23 de septiembre, pero del 2021.

-Tituló su último disco «Yo era un animal». Y ahora, ¿qué es?

-En el final de esa canción digo que sigo siendo un animal. Tal vez otro tipo de animal. Antes era un caballo indomable y ahora soy más un gatito de sofá.

-Me sorprendió que en una de las canciones de ese disco dijera que no tiene cuentas que saldar.

-Pues sí, la verdad es que me siento así. En mis libros de contabilidad emocional el debe y el haber lo tengo bastante equilibrado. Otro tema es que me queden cosas por hacer, que por supuesto que sí. Como me dice mi cuñado, sufro de «multiproyectosis aguda». Pero eso ya no son deudas ni cuentas pendientes de resolver.

-También ha dicho en alguna ocasión que «el rock and roll es como el botox, te estira las arrugas del alma». ¿Qué o quién le arruga hoy el alma?

-Hay millones de cosas en el mundo cada día que me gustaría no ver. Pero me arruga mucho el alma ver gente con una avaricia y ambición tal que es incapaz de empatizar con las personas que lo pasan mal.

-A la vista de su trayectoria como músico, compositor y productor, ¿tiene la sensación de que la industria musical ha sido desagradecida con usted?

-Primero, no creo que la industria musical sea un ente que deba agradecer nada. Es como decir: «¿Tú esperas de la telefonía que te trate bien?». No, claro que no. Pero es que, sinceramente, nunca he buscado un agradecimiento de la industria musical. Espero gratitud solo de mis amigos. Por otro lado, es cierto que yo he tenido una carrera muy particular, en la que me he escapado de los focos durante muchos años. Y yo entiendo que si estás encerrado en el estudio, produciendo, y no te dejas ver, no ya la industria discográfica sino el propio público, no digo que te olvide, pero no te tiene tan presente como quien estuvo siempre ahí. Pero insisto, y siguiendo esa línea de no victimismo, yo me considero un afortunado. Trabajo en un oficio que elegí cuando era niño, que me sigue encantando y que me permite seguir pagando mis cuentas y echarle gasolina a mi coche. Soy yo quien da las gracias. No a la industria discográfica, sino a la vida. Sería yo el desagradecido si tuviera algún rencor.

VIGO TERRAZA AUDITORIO MAR DE VIGO

VIERNES, 20.30 20 EUROS

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