¡No tires la pepita!

El colectivo Epona Terra lo mismo convierte en un vergel tierras abandonadas, monta un huerto con los huesos de los melocotones que iban a la basura. En el intercambio está la clave


vigo / la voz

El futuro es sostenible o no será. Lo sabemos todos, pero solo algunos se han puesto ya manos a la obra y no solo en sentido figurado. Por ejemplo, en Epona Terra. Buena parte de las actividades que lleva a cabo la asociación de reciente creación nacida en Vigo, que extiende sus alas por toda la provincia, tiene que ver con el trabajo físico, individual, pero conectado a una red de personas para que funcione un tipo de economía circular cuya fuerza centrífuga expele muchas de las esclavitudes que nos hemos colgado en los últimos cien años, desde la industrialización a la actualidad.

El colectivo sin ánimo de lucro nació en la parroquia viguesa de Cabral de la iniciativa de un grupo de personas que llevaban años trabajando con huertos sostenibles. Los inicios de la pandemia les pilló tratando de organizar algo que acercase a más gente al autoconsumo y a la soberanía alimentaria.

Una de sus primeras acciones ha tenido un gran éxito y una enorme repercusión. Su propuesta hacerse cargo de campos abandonados caló entre la población mediante una campaña de apadrinamiento. No han sido pocos los dueños de tierras que no pueden o no saben cultivar y no les dan más que quebraderos de cabeza y gastos porque hay que desbrozarlos cada cierto tiempo.

Ahora han puesto en marcha otra iniciativa que también tiene muy buen seguimiento. Como cuenta Jose Portela, uno de los integrantes de Epona Terra, durante el confinamiento, un grupo de gente estuvo haciendo semilleros en los balcones de sus casas para que nosotros más tarde los pudiéramos llevar al campo. Ahora la Comunidad de Montes de Saiáns nos ha cedido un invernadero y vamos a empezar ahí el plantel, la germinación de todo». Para ello han puesto en marcha la campaña Apadrina una semilla, que puede ser de cualquier tipo, «de la fruta que te comas en casa: un melocotón, sandía, melón, ciruelas... en vez de tirarlas a la basura, las guardas».

Pueden contactar con nosotros a través de nuestra página web y buscamos la forma de ir a recogerlas. Si no, también existe la opción de llevarlas a unos puntos de recogida que colaboran con ellos, que son dos en Vigo pero van a ser más. Por ahora, Mamá Natura en el Mercado de Teis y A Artesa de Bea en As Travesas, y además, el quiosco Cachadas de Ponteareas y Flor y Más, en Petelos (Mos). Una vez realizada esta tarea, el siguiente paso de este recorrido circular es la limpieza y conservación de las semillas (en sitio un sitio seco y protegido de la luz del sol) hasta que llegue la hora de germinarlas. De ello se están ocupando varios colectivos. Además de los grupos de trabajo de Epona, personas con parálisis cerebral, colegios y pacientes con trastornos mentales en programas de integración, que también participarán en los procesos posteriores.

Una vez que las saquen del invernadero para la tierra, van a ser ellos mismos los que las planten. Y una vez que den frutos, los que elaboren productos con ellos para hacer el ciclo completo. «Quien quiera puede solo donar las semillas, pero si le apetece, puede seguir su recorrido con nosotros, pueden visitar el sitio donde fueron plantadas y beneficiarse de su fruto otra vez. Apadrinar semillas es darles una segunda vida. En vez de ir a la basura entrarán en el ciclo de la vida y las que no valgan irán para compostaje», explica.

Portela recuerda que cuando empezaron a recoger semillas por los domicilios coincidió con la campaña electoral «y curiosamente mucha gente nos las entregaron en sobres de publicidad de los partidos que nos entregaron llenas de semillas de tomates, pimientos de Arnoia, melocotones y aguacates. Estos últimos ya se han puesto a germinar», añade. Miembros del colectivo han estado acondicionando esta semana en el espacio cedido en Saiáns, el punto del compostaje dentro de los bancales al que también ha acudido un grupo de chicos de la Asociación de Personas Sordas de Pontevedra, que les enseñarán el lenguaje signos a cambio de cultivar. El intercambio es la base del funcionamiento de Epona Terra, además, recogen la fruta que cae de los árboles en fincas que no consumen toda su producción. «También la adoptamos. Tenemos cedido un lagar y con las manzanas hacemos sidra natural. Con otras frutas, como melocotón y pera, se hacen mermeladas y conservas. Todo, para autoconsumo.

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