«Los jóvenes creen que ya estamos bien y usan menos la mascarilla»

El 30% de las personas que transitan por las principales calles de Vigo, o no usan la protección o lo hacen de forma incorrecta


vigo / la voz

Mascarillas por doquier: colgadas del brazo, en la muñeca, tapando el mentón o a modo de bolso, al menos en el 30% de las personas que pasean por las calles más transitadas de Vigo. Esto es lo que ha comprobado La Voz tras observar el uso de esta prenda desde el jueves hasta ayer sábado. Tres de cada diez personas o no la utilizan, o lo hacen pero no de manera correcta. Algunas de las personas consultadas achacan el desuso de la mascarilla, sobre todo, a los más jóvenes.

Hasta ayer, ponerse la mascarilla era obligatorio en la calle solamente cuando no se podía respetar la distancia interpersonal de 1,5 metros. No obstante, esto ya ocurría en las dos principales y más transitadas calles peatonales de la ciudad: Príncipe y la peatonal de O Calvario, donde las aglomeraciones siempre han sido muy habituales.

Desde hoy, la Xunta endurece el uso de la mascarilla y hace que sea obligatoria en todos los espacios. Así lo establece el Diario Oficial de Galicia: «Para as persoas de seis ou máis anos será obrigatorio o uso da máscara en todo momento, tanto cando se estea na vía pública e en espazos ao aire libre como cando se estea en espazos pechados de uso público ou que se encontren abertos ao público, aínda que se poida garantir a distancia de seguridade interpersoal de 1,5 metros».

PRÍNCIPE

«La policía está siempre advirtiendo». Santiago De Lima observa a los transeuntes de Príncipe todos los días desde su puesto de la Once. «Al principio poca gente usaba la mascarilla, la policía estuvo avisando mucho y ahora la mayoría la utiliza, aunque aún se ve a gente sin ella», afirma. Sobre la vigilancia y el control policial, Santiago dice que en esta calle «hay mucho control, la policía está siempre advirtiendo» y que ha visto «muchas multas».

En media hora, el coche de la policía pasó dos veces por Príncipe. En el mismo tramo horario, también se ha visto a personas que se la quitan tras abandonar las tiendas, en el rencuentro con grupos de amigos o para respirar mejor ante la sensación térmica de 30 grados. El tiempo ayuda a que no se produzcan aglomeraciones, puesto que las personas prefieren estar en la playa que pasear por una calle sin apenas sombras. No obstante, hay gente en las terrazas y otras que entran en los comercios para aliviar el calor con el aire acondicionado.

Vanesa Otero vive en la calle María Berdiales, muy próxima a Principe. Ella tiene una opinión diferente a la de Santiago, el vendedor de la Once, puesto que explica que por las personas que circulan por esta calle principal «pasan bastante de usar la mascarilla». «Sí que se ve que los jóvenes la usan poco, pero también hay mucha gente mayor que parece que no tengan miedo», afirma Vanesa. Sobre el control policial en esta calle, la viguesa dice: «Antes había más policía, ahora no se ve policía ninguna y tampoco veo que ordenen poner la mascarilla a quien no la tenga». Por ello, Vanesa cree que debería haber «un poquito más de control, sobre todo en calles como esta, muy masificadas».

«Los jóvenes piensan que ya estamos bien, entonces son los que menos la usan», dice Morgana Molina, una veinteañera que paseaba junto a su hermana. Morgana afirma que en su día a día, a través de las redes sociales, ve a muchas personas de su edad en fiestas donde no se respetan las medidas de seguridad: «Las personas de las discotecas tienen que estar encimas de ellos».

PEATONAL DE O CALVARIO

«La mascarilla se utiliza por miedo, pero no por el miedo correcto». Leticia Álvarez es una poeta que recorre las calles de Vigo vendiendo sus letras. En la peatonal de O Calvario, ella explica que las personas respetan las medidad de seguridad estipuladas. No obstante, esto lo atribuye de forma directa al miedo de los individuos a ser sancionados: «La gente respeta las medidas de seguridad, pero por miedo a la multa, por miedo a si pillan algo, pero no por conciencia o por solidaridad por las personas que sí que están en un grupo de riesgo». A esto, la poeta añade: «Estoy convencida de que, si no hubiese multas detrás, si no hubiese policía, o si no dejasen entrar en los supermercados sin mascarillas, la mayoría de la gente no la habría usado».

A las 12.00 horas, el sol pega con fuerza en la peatonal y los transeúntes buscan la sombra. Las distancias se acortan y el metro y medio que debe separar a las personas es prácticamente inexistente. Para sofocar el calor y descansar también del uso de la mascarilla, hay quien elige sentarse en una terraza.

Aurora Castro, propietaria de la cafetería Siglo XXI, asegura que «la mayor parte de la gente no usa la mascarilla». Para esta trabajadora, los transeuntes que circulan por la peatonal «realmente, no están respetando nada la ley y sí que deberían de tratar de tener un poquito más de consideración con la gente que sí la usamos». Aurora afirma que «he visto de todo» y por ello, dice que el uso de la mascarilla no depende de la edad. También explica que muchas de las personas que se acercan a su negocio «traen la mascarilla debajo de la boca, debajo de la nariz o literalmente en el brazo». Desde su bar, Aurora señala que ha visto aglomeraciones desde el final de la cuarentena y cree que el paseo «debería tener más vigilancia policial, porque sinceramente lo necesitamos». No obstante, reconoce que la hay, pero dice que «muy escueta». «Para hacer valer la ley, deberían de darle un poquito más de susto a la gente, para que vean que sí es un problema enorme», cree Aurora.

El juicio que hace la propietaria de la cafetería Siglo XXI contrasta con la de Keler Rodríguez, que trabaja en el café Urzaiz. Este camarero dice que la mayoría de sus clientes hacen un uso correcto de la mascarilla. Además, afirma que aunque por la peatonal «haya de todo», personas que la utilicen y otras que no, sí que se producen los necesarios controles de la policía para que se garanticen las medidas de seguridad.

A partir de hoy, la mascarilla pasa a ser obligatoria en todos los espacios públicos. Los ciudadanos deberán ponérsela para evitar ser multados.

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