Vigo ya no es zona de riesgo incendiario por primera vez desde la oleada del 2017

De A Cañiza a Mos, O Val Miñor y O Baixo Miño mantienen su condición de peligrosidad


VIGO / LA VOZ

La historia -y la hemeroteca- demuestran que el papel lo aguanta todo en materia de incendios forestales. Vigo, en el domingo negro del 2017, fue la mejor prueba. No se aplicó el ya entonces obsoleto plan de emergencias municipal. Sí el Plan de Prevención e Defensa contra os Incendios Forestais (Pladiga), documento anual de la Xunta sobre todo lo relacionado con el fuego en los montes, ya sea antes o después de apagarse. El del 2020 dejó un cambio significativo en el mapa autonómico de riesgos, al menos sobre el papel. Se recogen las parroquias gallegas con alta actividad incendiaria (PAAIs), que este año se fija en 28, por las 71 del 2019. La gran novedad se da en la mayor ciudad gallega, Vigo, que abandona por primera vez desde el 2017 este ránking de ceniza, humo y muerte.

El director xeral de Defensa do Monte, Tomás Fernández-Couto, es el primero en reconocer que la teoría no siempre va de la mano con la práctica. «La memoria histórica de los últimos diez años, en Galicia, supone un factor muy importante para ver dónde tenemos los incendios. Mayoritariamente son intencionados, con datos en las manos nos situamos entre un 75 y un 80 %. Y los incendiarios actúan siempre en su entorno, por eso se repiten las mismas zonas. Creemos que en esas zonas se volverán a repetir los incendios y por eso en esas zonas se concentra el esfuerzo policial». Con este escenario cíclico el foco se aleja de Vigo, salvo la excepción del 2017, en gran parte por el arrastre de aquellos vientos de sur que llevaron las llamas en volandas hasta el centro de la ciudad.

El máximo responsable autonómico en todo lo relacionado con el fuego en el rural sí pone el acento en otras zonas cercanas, y que precisamente también fueron pasto de las llamas aquel fin de semana de octubre del 2017. «La zona sur de Pontevedra sí que es de riesgo, digamos, para que se entienda visualizando un mapa, que cogiendo como referencia Castro Caldelas (Ourense), todo lo que está al sur se considera de alto riesgo».

Vigo, la excepción

Ya con el mapa en la mano, la linea paralela que va desde la costa a la villa medieval ourensana deja en situación de riesgo a todo el área de Vigo, desde A Cañiza hasta Mos pasando por O Porriño y su toda su comarca, O Val Miñor y O Baixo Miño. Ya en el papel del Pladiga, y atendiendo a los criterios oficiales que otorgan o retiran la condición de peligrosidad, este año solo constan las parroquias de Valeixe (A Cañiza) y Pontellas (O Porriño). Ya en el 2019, además de Zamáns (Vigo), figuraba Arbo, con dos parroquias, As Neves, Ponteareas, O Porriño con otra parroquia, Salceda, Soutomaior y Tomiño.

En Vigo, al margen de los municipios del área, se da una casuística curiosa. El Ayuntamiento rechazó adherirse a un convenio de la Xunta para limpiar franjas secundarias de seguridad (la primera franja, por ley, es competencia de los concellos y consiste en limpiar los perímetros de viviendas y núcleos de población). A la iniciativa se han adherido ya 263 ayuntamientos de los 313 que integran Galicia. El de Vigo no consta entre en la lista, al mismo tiempo que, la semana pasada, las brigadas, pagadas precisamente con fondos municipales, denunciaban la imposibilidad de cumplir con la ley por el mal estado de los montes privados de ña coidad. Y todo ello con julio a la vuelta a la esquina. «Vigo tendrá sus motivos, ellos tienen un plan propio y un presupuesto muy potente como Ayuntamiento, esperemos que todo salga bien», dice Fernández-Couto.

El director xeral de Defensa do Monte considera que el plan autónomo de Vigo no está reñido con el plan promovido por el Gobierno gallego, la Federación Galega de Municipios e Provincias (Fegamp) y Seaga. Considera igualmente que podría suponer la ayuda necesaria para corregir la situación de peligro denunciada hace unos días en La Voz por los brigadistas: «Se incluye en el Pladiga y afecta a perímetros en estado de abandono en los que, independientemente de la propiedad, entramos para hacer las acciones subsidiarias que consideramos de prevención siempre que los propietarios no actúen en 15 días». Dicho plan incluye, a mayores del terreno asignado inicialmente, desbroces en otros 10 kilómetros también de forma subsidiaria, y otros diez kilómetros en márgenes de carreteras municipales. El plazo de adhesión sigue abierto al no estar sujeto a plazos.

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