Así viven las mujeres desahuciadas

La mayoría de las viguesas que se quedaron sin hogar residen en pisos diminutos de renta social en distintos municipios de la provincia y no tienen trabajo

Merchi Pérez vive en Moaña en situación de pobreza energética
Merchi Pérez vive en Moaña en situación de pobreza energética

vigo / la voz

Tres vecinas de Vigo desahuciadas durante los últimos coletazos de la anterior crisis económica cuentan su experiencia y vicisitudes en la nueva vida que se vieron obligadas a afrontar tras salir de la ciudad por la puerta de atrás. En los tres casos lograron esquivar en el último momento la lista de los sintecho gracias a los pisos de protección facilitados por la Xunta. El bajo precio, al tratarse de alquileres sociales, les ha permitido salir adelante a duras penas y a costa de muchos sacrificios.

La mayor renuncia fue tener que dejar su ciudad natal o, en otros casos, en la que habían echado raíces. La falta de viviendas sociales en Vigo, tanto de ámbito municipal como autonómico, les obligó a desplazarse a otros municipios del área metropolitana e incluso de otras localidades de la provincia. Moaña, Cambados y A Cañiza fueron sus destinos.

A Merchi Pérez le costó sudor y lágrimas evitar dormir al raso. Cuando ya se veía debajo de un puente, la Xunta le ofreció un piso de alquiler social en Moaña. No era lo más apropiado para ella, pero no estaba como para poner condiciones. Agradecida por la solución, sin embargo, la vida se le complicó. Motivos familiares le obligaban a desplazarse a diario a Vigo para llevar a su hijo al colegio. El escaso dinero que recibía de ayudas se le iba en transporte y llegó un momento en que se veía incapaz de pagar el piso. Tras dar a conocer su situación, la Xunta le consiguió un pequeño inmueble en la calle Tomás Alonso de Vigo. De apenas 35 metros cuadrados y sin dormitorios, ella y su hija se apañan durmiendo en el sofá y en una cama nido del salón. Su hijo mayor ya se ha independizado y el mediano vive con la abuela. Al menos ahora no deja el dinero en el transporte y puede pagar los 40 euros del alquiler. Los gastos los asume con los 278 euros de la risga y los 200 de la pensión de la niña. «Agradezco estar en Vigo porque es mi entorno, nací aquí y es donde está la gente que me apoya. Las madres solas estamos desprotegidas», comenta. Al menos ya no tiene pesadillas, como cuando cobraba 500 euros y pagaba 360 de alquiler más gastos de luz, gas y agua. Desde que la desahuciaron en el 2016 no ha encontrado trabajo.

Raquel Pereira y sus hijos
Raquel Pereira y sus hijos

Un caso similar es el de otra viguesa, Raquel Pereira. Tras perder su piso en la ciudad, de nuevo la Xunta le solucionó la papeleta, aunque se tuvo que trasladar hasta A Cañiza.

En este municipio reside en un inmueble de poco más de 30 metros cuadrados con una habitación en la que duermen ella y sus dos hijas de uno y 4 años. Lo que más siente es estar lejos de su única familia, una hermana que reside en Vigo. Sus padres y sus abuelos fallecieron. «A veces voy a verla, pero hay muy mala combinación de autobuses; por ejemplo, si voy el fin de semana tengo que volver el lunes, porque el domingo no puedo», explica la joven.

Su ilusión sería volver a Vigo y tener un piso con dos dormitorios, pero sabe que está muy difícil. «Cobro una risga porque no he encontrado trabajo, tengo fibromialgia y a veces me tengo que tomar tres calmantes», comenta.

Inconvenientes

Lo malo del piso, dice, es el calor, que le obliga a tener todo el día encendido el ventilador. «Es una especie de pasillo en una azotea recubierta de chapa en el tejado y el lateral y por eso se concentra el calor. Tengo un patio pequeñito que aprovecho para poner la lavadora y más cosas, aunque entra la lluvia», añade. Paga 40 euros de alquiler social y aún así, muchos meses tiene dificultades para saldar las cuentas. «Tengo la tarjeta de bienvenida del bebé que son 1.200 euros al año y de ahí tiro para pañales, pero la mayor come mucho, y eso que está en el chasis. Me gasto unos 300 euros al mes en comida», indica.

Elizabeth Gómez intenta recomponer su vida en Cambados
Elizabeth Gómez intenta recomponer su vida en Cambados

El tercer caso es el de Elisabeth Gómez, una mujer venezolana asentada en Vigo que, como las anteriores, fue víctima de un desahucio en la ciudad. Tras rechazar un piso que la Xunta le ofrecía en Vila de Cruces por la situación del inmueble y las dificultades a las que temía enfrentarse para encontrar trabajo, finalmente le ofrecieron una segunda oportunidad en Cambados donde reside en la actualidad.

«Trabajé en una empresa de mejillones en Cambados y después en otra en Vilagarcía, pero con esto que ha pasado nos mandaron a casa y solo se quedaron con los mayores. Ahora no tengo paro porque fueron pocos meses y busco trabajo de lo que sea, casas, hostelería... Lo necesito con urgencia. Está todo colapsado no sé que va a pasar», se lamenta. Para más desesperación se ha tenido que enfrentar a problemas familiares. Su hija mayor se ha escapado varias veces de un centro de menores y ya no sabe qué hacer.

«Pago 71,47 euros del alquiler social, pero a veces se me van hasta 150 euros en el recibo de la luz porque todo va con electricidad y eso que pongo la lavadora de noche», añade. Teme que de seguir así no pueda pagar el alquiler y se quede en la calle con su hijo de 11 años que vive con ella. De hecho, piensa que si no llega a tener este piso podría estar otra vez sin techo.

«No puedo acceder a ayudas porque tengo pareja de hecho, aunque reside en Vigo, pero es el único que me ha ayudado», dice. Por lo demás, asegura estar satisfecha de su nueva vida en Cambados y del vecindario.

Los casos de estas tres mujeres no son los únicos de traslados por desahucios. Otros vecinos de Vigo tuvieron que dejar la ciudad para tener un hogar en Salceda de Caselas, Salvaterra de Miño, Vilagarcía y A Guarda, según constata la Plataforma Antidesahucios. Salvo contadas excepciones, los problema a los que se han tenido que enfrentar son el desarraigo y el desempleo.

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