Apadrina un campo abandonado

El colectivo Epona Terra prepara fincas que los propietarios ceden porque no las usan, y enseña a cultivarlas


vigo / la voz

La España vaciada está llena de campos abandonados. Y no solo en pueblos remotos de Soria o Teruel, sino mucho más cerca, en parroquias de Vigo y de toda la provincia, donde crece la maleza que, en años mal dados, sirve de pasto de las llamas en incendios como los del 2015 y poco más. Que ese poco más se convierta en fuente de riqueza o al menos en labor de provecho para la comunidad es la idea que han puesto en marcha desde la asociación Epona Terra.

El colectivo, de reciente creación, está integrado por varias personas que llevan años trabajando con huertos sostenibles y otras cosas igualmente sostenibles, como el festival de música The Wild de San Miguel de Oia. «A raíz de la pandemia creamos la asociación sin ánimo de lucro que trata de acercar a la gente al autoconsumo y a la soberanía alimentaria», cuenta José Portela.

La tarea básica de los miembros de Epona Terra consiste en buscar terrenos abandonados de los que la gente no puede hacerse cargo, y como asociación se encargan de gestionar con los interesados contratos de cesión de esos campos que luego se pondrán a disposición de personas que quieran cultivarlos. «Eso se puede hacer plantando un huerto de forma individual, de manera colectiva. Desde la asociación les informamos y les formamos para que sepan qué tienen que plantar en cada época y cómo hacerlo, y lo que cosechen será para su autoconsumo», explica.

Pero hay más opciones. Por ejemplo, las que se le brinda a personas que por edad, por discapacidad o porque simplemente por su trabajo no tienen tiempo a ir a un huerto a cultivar, también contemplan el apadrinamiento de los huertos y beneficiarse de lo que produzca un terreno que otra persona cultivará.

Como aclara Portela, su primera misión con cada propiedad que pasa a formar parte del banco de datos de terrenos, es limpiarlo. «Hay que meter una desbrozadora y prepararlo para entregarlo limpio y que quien empiece, pueda cosecharlo de la forma más sencilla. Eso conlleva gastos y además hay que comprar semillas y plantas y en esa parte contribuye el padrino, que luego se beneficiará con una parte de la producción».

En Epona Terra argumentan que los dueños de los terrenos parados salen ganando «porque se ahorran su mantenimiento y se evita que montes o fincas, además con riesgo de incendios, se conviertan en criaderos de ratas, que muchas veces es lo que son. De esta forma, el que va a trabajar tiene su propia producción, el que apadrina también tendrá parte de ella y si hay excedentes, también el propietario», resume.

La pandemia cogió al colectivo en el arranque de la iniciativa, que dio sus primeros pasos en la parroquia viguesa de Cabral, pero quedó paralizada y ahora están reanudando. La respuesta les sorprendió porque no solo abarca Vigo. «Nos están llamando de Ourense, Lugo, A Coruña... donde estamos poniendo en marcha también pequeños grupos de Epona», asegura.

«Teníamos mucha gente ofreciendo terrenos que por culpa de la cuarentena no pudimos visitar. Esta semana estamos desbordados con esa tarea y tenemos bastantes interesados en hacer plantaciones comunitarias, varias personas que se han unido para ello y, de hecho, la semana que viene pondremos ya en marcha una plantación de maíz y calabaza en Bembrive», explica. Las próximas, en Matamá, Redondela, Salvaterra, Ponteareas y Mos. «Padrinos aún no tenemos, porque esta idea surgió recientemente», admite.

Además, la asociación ya ha pensado también en qué harán con los excedentes de producción, si los hubiera: «Enseñar a elaborar platos o a hacer conservas con los alimentos, que, insistimos, son para autoconsumo. La orientación a la venta se contempla solamente en caso de excedente de producción y en mercados de cercanía», afirma.

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