Una odisea con final feliz en Vigo

El futbolista Diego Peláez pudo regresar a casa tras varias semanas atrapado en Grecia


Vigo

Diego Peláez ya está en Vigo. El futbolista, atrapado en Grecia durante las últimas semanas, ya había llegado a un punto de dar por imposible el regreso mientras continuara la pandemia, pero hace unos días surgió una vía para intentar nuevamente el viaje -ya había tenido varias tentativas frustradas por la suspensión de los vuelos correspondientes- y decidió intentarlo. Esta vez salió bien y, aunque agotado tras lo que define como una odisea, descansa en casa.

El deportista había mantenido contacto permanente con la embajada y a través de ellos supo de una conexión que parecía fiable. «Algún otro español había conseguido venir de esa manera: Atenas-París, hacer noche en Francia y luego París-Barcelona», comenta. Pese a las reticencias que tenía por haber perdido ya el dinero de otros billetes suspendidos, decidió arriesgar. Y el viaje se completó sin incidencias, aunque de la ciudad condal a Vigo se vio obligado a conducir «once o doce horas» un coche de alquiler.

Antes de eso, el Atenas-París operado por Air France iba «completamente lleno». Aunque, como él, la mayoría de los pasajeros iban protegidos. «Siempre hay alguna excepción, pero prácticamente todo el mundo llevaba mascarilla y guantes, también jabón», cuenta. Ya el segundo vuelo iba mucho menos concurrido, con un asiento libre en cada fila de tres butacas. En los aeropuertos, casi vacíos al operarse tan pocos vuelos, tampoco se encontró medidas de seguridad como tomar la temperatura.

El trago más complicado fue la llegada a Francia. Al tener que pasar una noche en París, había reservado en uno de los tres hoteles del aeropuerto, pero de primeras no le permitían el acceso. «Al bajar del avión, inmigración te paraba y solo dejaban pasar a los franceses, al resto los metían a una sala donde tenían que dormir todos juntos», relata. Finalmente, pudo explicarles sus circunstancias personales, de dónde venía y por qué había ido a parar a Francia. «Tras una hora y media hablando con la policía, conseguí que me dejaran pasar, coger la maleta y hacer noche en el hotel», detalla.

Todo el viaje se desarrolló para él en un clima de «tensión» ante el miedo de que alguno de los vuelos se suspendiera y volver a ver frustrado su regreso. «Desde luego que relajado no vas. En cada sitio puedes tener un problema, no sabes qué te vas a encontrar», afirma. De hecho, se sintió afortunado al conocer las historias de otros españoles con los que se cruzó. «Me encontré gente en situación límite, que llevaban atrapados 40 días en Atenas, incluso un chico que me pidió ayuda en París porque le habían cancelado su vuelo hace diez días y no es que no tuviera dinero para otro vuelo, es que no tenía ni para comer», lamenta.

Pese a no haber llegado a verse en ningún momento en situaciones tan comprometidas -«nunca me faltó de comer ni dónde dormir», subraya-, la llegada a casa supuso un gran alivio. «Ya en Barcelona, escuchar a la gente hablar en español es otra historia», señala. Aunque desde allí se viera abocado a una «paliza» en coche hasta Galicia. «A Santiago solo hay un vuelo a la semana desde allí y no había plazas, así que después de toda la tensión, alquilé un coche. Llegas agotado, pero por suerte, todo bien».

Ahora, en Vigo con sus padres, asume que tendrá que pasar una cuarentena para evitar cualquier riesgo. «Por precaución, estaré en mi habitación al menos quince días», asume. Al menos, será en casa, algo que hace pocos días parecía un imposible.

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