Las tiendas de ultramarinos mantienen vivo el centro de Vigo

Los minoristas de proximidad suponen una alternativa a las colas de los supermercados


vIGO / LA VOZ

Las tiendas de ultramarinos acumulan una larga tradición en Vigo, son apreciadas por los vecinos que recurren al comercio de barrio, y siguen abiertas en plena crisis sanitaria del coronavirus. Le dan vida a las calles peatonales de O Calvario o del centro de Vigo donde, a causa del real decreto del estado de alarma, están cerrados todo los comercios de ropa de marca, los restaurantes, cafés y pubs. Los ultramarinos se han convertido en una alternativa a las colas de los supermercados.

En barrios como el Casco Vello, los ultramarinos son el salvavidas de los vecinos que solo bajan hasta la esquina. Son los únicos negocios abiertos de la zona, a excepción del mercado marinero de O Bebés, que sufre un bajón de las ventas por el cierre de la hostelería.

En un bajo del antiguo mercado de A Pedra, el obrero de una reforma en una vivienda hace cola para comprar un bocadillo en el ultramarinos que regenta José Manuel en la calle Teófilo Llorente. Los operarios siguen trabajando en una docena de rehabilitaciones en el casco histórico. El ruido de las piquetas y las rebarbadoras es lo único que rompe el silencio.

El comerciante José Manuel explica que «la situación está un poquito complicada pero se va saliendo para adelante. Es lo que hay y la gente es comprensiva». El minorista añade que, aunque hay un puñado de tiendas abiertas en el Casco Vello, el perfil del cliente no ha variado. «Antes hacían un tipo de compra en un sitio y en otro y ahora lo concentran más», dice. No tuvo que reponer productos: «Básicamente, es lo que hay siempre y no

faltó nada».

Chocolate, cerveza y vino

En la colegiata, la tienda de alimentación Ribera ha tomado medidas de seguridad. El joven encargado y una allegada van provistos de guantes y mascarillas. Dejaron de exponer fruta en el exterior y solo puede entrar un cliente por turno. Óscar Ribera cuenta su experiencia: «No sacamos mercancia la calle para que la gente no las toque. No podemos decir que estamos mal porque, por lo menos, podemos abrir». Reponen casi todos los días porque tienen poca cantidad y, si se vende dos o tres productos, procuran traer más.

Ribera cuenta que muchos clientes van a su ultramarinos «para evitarse la cola del supermercado, por lo que vienen aquí». Entre los caprichos que piden los compradores está el chocolate, así como cerveza y vino. De fruta y latas de conserva les compran poco porque «eso lo tienen en el supermercado».

El tercer ultramarinos del Casco Vello está al final de Teófilo Llorente, con la plaza de O Berbés. En ese momento, lo atiende José, protegido con unas mascarilla y guantes. Un cartel avisa de que solo entren de uno en uno. Tuvo más clientela por ser festivo, «hubo más afluencia, no mucha pero alguien siempre viene».

A José le llama la atención que algunos clientes «llegan muy nerviosos y preocupados, lógicamente, igual que los que estamos aquí, porque lo que no es habitual es lo que tenemos encima». Entre los productos que más solicitan sus clientes está la lejía, papel higiénico y alimentación. «Debido a todo esto, está todo el barrio parado», añade.

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