Los artistas de un circo viven confinados en seis caravanas en Coia desde la alerta

«Esperaremos a que pase esto para seguir llevando la magia de pueblo en pueblo», dicen


vigo / la voz

El espectáculo debe continuar y una trapecista siguen ensayando su número en Coia para pasar las horas muertas del confinamiento a la espera de que termine el estado de alarma por el COVID-19. Hasta 18 artistas de un circo están atrapados en medio del barrio de Coia, cerca de la rotonda con el monumento a la Xente do Mar. Irónicamente, los artistas del circo ofrecían en Vigo una función titulada Oceanika y ambientada en el fondo del mar. Pero se quedaron varados en tierra.

Son cuatro familias nómadas que se mueven en autocaravana por toda la península pero que la cuarentena les pilló por sorpresa y les obligó a cancelar su segundo fin de semana con funciones en Vigo. «Hay que esperar a que pase todo esto, a ver si podemos continuar llevando magia de pueblo en pueblo», dice el director de logística del Evolution Circus, Sandro Monteiro.

«Esta situación es a nivel mundial, no somos los únicos que estamos bloqueados, todas las actividades culturales lo están y lo llevamos lo mejor posible», dice el encargado.

Monteiro explica que llegaron a Vigo a principios de mes. Habían programado actuar tres fines de semanas en la ciudad y continuar su gira por Galicia en A Coruña y Santiago pero el real decreto del estado de alarma frustró sus planes, «Conseguimos hacer funciones solo el primer fin de semana y a partir de ahí se cancelaron todas por el agravamiento de la situación», relata el organizador.

Cuando se agravó la situación, antes de entrar en vigor el estado de alarma, muchos miembros del circo se fueron para sus residencias en A Coruña, Madrid o Portugal. Dos italianos se quedaron atrapados en el circo de Coia al no poder volver a su país, que también sufre la cuarentena por el coronavirus. «Nos hemos quedado confinadas cuatro familias porque somos los que vivimos en el circo, son nuestras casas con ruedas», dice.

«La vida aquí es un poco complicada», admite el encargado. Han precintado todo el contorno con vallas para proteger su espacio donde aparcan seis autocaravanas y doce camiones con el equipo del tráiler. «Hemos vallado el terreno donde tenemos las viviendas, respetando las medidas de seguridad. Solo sale una chica que va a hacer la compra para todos; estamos como confinados en nuestras caravanas y nuestro recinto», explica.

Todo el material y sus familias permanece junto a ellos. Por la mañana, dedican las horas a hacer tareas de mantenimiento de los transportes y algunos gimnastas se ejercitan en sus barras y columpios de acrobacias. «Como la orden es de cuarentena obligatoria nos hemos quedado bloqueados con doce camiones y las caravanas. Aquí hay niños y gente mayor que viaja con el circo. Mis padres viajan conmigo porque no los quiero en casa solos. Es una situación que nadie se la esperaba», indica.

En Evolution Circus trabajan portugueses, españoles e italianos «a los que le pilló todo tan rápido que no quisieron dejar aquí sus autocaravanas para volver a su residencia», afirma.

El espectáculo que estaban ofreciendo en Vigo se llamaba Oceanika. «Estaba ambientado en el fondo del mar, hacíamos una concienciación sobre el problema del vertido de plásticos a los océanos, era una temática adaptada a los tiempos y al medio ambiente», añade Monteiro.

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