«Nosotros somos la casa»

La fotografía de Eva Díez, que reflexiona sobre las soledades que habitamos, cobra más sentido en reclusión forzosa


vigo / la voz

A Eva Diez (Vigo, 1982) siempre le llamó la atención el audiovisual como herramienta artística. Estudió Imagen y Sonido en su ciudad y enseguida tuvo su estreno laboral fundando su propia productora de vídeo, una empresa al final decepcionante en la que, reconoce, no eligió bien a sus compañeros de aventura. A partir de ahí decidió poner a cero el volumen y disfrutar de la fotografía, que lo dice todo sin necesidad de alzar la voz. «Ya lo hacía antes pero como un proyecto al margen del que entonces era el principal, y después, con más motivo, me dediqué plenamente a la fotografía». Así recomenzó una carrera sin hacer ruido en la que ha ido dando pasos importantes, exponiendo en galerías y ferias de renombre y recogiendo premios que la animan a seguir adelante, aunque según cuenta, también sigue haciendo de vez en cuando vídeo enfocado al documental, pero abordando temas que le interesan o le preocupan, «no como antes, que eran vídeos sobre todo publicitarios», explica.

La autora reside actualmente en el municipio de Getxo, en el Pais Vasco, «aunque este último año estoy más aquí», cuenta recluida en su casa de Vigo, como la mayor parte de los ciudadanos en estos días raros de aislamiento social en lucha contra el coronavirus. De hecho, la entrevista se interrumpe un par de veces para escuchar las advertencias que la policía hace por megafonía a los vecinos que pasan las horas en sus hogares.

Aunque su obra más conocida está poblada de paisajes sin gente, como fotógrafa comenzó por el género del retrato. «Me gustaba muchísimo pero fui derivando hacia lo que hago ahora, que para mí sigue hablando del ser humano pero no de una forma tan explícita, sino más simbólica». Se refiere Eva Díez a la casa, que es un referente en su trabajo. Ella lo ve así: uno es su casa y ahora más que nunca. «Al final para mi, la casa es uno mismo, somos nosotros. Y el que no está a gusto consigo mismo, estos días se vuelve loco». En este momento, esa visión suya cobra aún más sentido con lo que estamos viviendo. De hecho, como revela, le está afectando también a la hora de afrontar el proyecto en el que estaba trabajando. Díez recibió el pasado febrero en la Feria JustMad, paralela en el tiempo a Arco, el Premio de Fotografía Joven Enaire, que tiene una parte económica y otra de acompañamiento para un proyecto de creación con el apoyo de tres artistas tutores. El plan era hacerlo desde marzo hasta mayo, y estrenarlo a principios de junio, en una exposición en el jardín botánico coincidiendo con la inauguración de Photo España. «Pero no puedo salir a hacer fotos ni en Madrid ni aquí así que estoy pensando en alguna manera de poder hacerlo sin salir de casa. Le estoy dando vueltas para ver cómo hago mientras voy asimilando esta situación en la que parece que estamos en una película de ciencia ficción», reflexiona.

Por una foto de la serie Renacer, sobre casas abandonadas, ganó el Premio Galicia de Fotografía Contemporánea del Outono Fotográfico con la Diputación de Lugo y la Xunta de Galicia

La artista cuenta que está ahora con otro proyecto titulado Lugar de ausencia: “Son casas construidas en espejo que llevo a paisajes donde no haya huella del hombre, con horizontes vacíos y mucho silencio. En ellos juego con el reflejo del paisaje en la casa para expresar una sensación de vacío que a la vez tiene todas las posibilidades de llenarse, fundiéndose a veces con la naturaleza para reflexionar sobre esa relación de desequilibrio que establecemos con ella ”.

La relacion del ser humano con la naturaleza

Elige entre sus obras la que tiene en marcha: Lugar de ausencia. Es una serie dividida en tres partes. La primera habla de la relación del ser humano con el medio natural, de la domesticación de la naturaleza. Continúa con una segunda parte que es una pieza protagonizada por una casa en el mar. «La marea va subiendo y quien lo vea puede pensar que es Photoshop, pero yo no trabajo así, es todo real, está hecho con muchos fotogramas y la naturaleza se va comiendo a esa casa que nos simboliza a nosotros. El otro día bajaba a hacer la compra y se escuchaban pájaros, algo que normalmente no se escucha pero ahora sí con este silencio», apunta volviendo al confinamiento. Y habla de «un mundo en que nos creemos el centro del universo y, de repente, un microscópico bichito nos pone a todos a temblar. La tercera parte también hace referencia a este momento de incertidumbre: la vida sigue y lo que vemos por la ventana es surrealista».

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