Órdago legítimo por la igualdad

J. R. VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

Xoán Carlos GilXoán Carlos Gil

Éxito de convocatoria en un ambiente festivo y familiar; la Policía Nacional cifra a los asistentes en 25.000 y el Concello de Vigo dispara el dato oficial hasta 50.000

11 mar 2020 . Actualizado a las 11:24 h.

Vigo volvió a colapsarse un 8 de marzo para reclamar igualdad entre mujeres y hombres. También, y principalmente, para exigir ni una agresión más a ninguna mujer. Ni faltas de respeto, ni comentarios fuera de lugar ni nada que atente contra su dignidad. Evie reza, en inglés, el mismo credo. Ayer, poco antes de arrancar la marea humana, se pintaba los labios de violeta entre las calles Urzaiz y Vía Norte. Dos amigas le ayudaban. Todas vestían corona flores y hablaban. Eva, mirando a su alrededor, se confiesa: «Vivo en Vigo trabajando de profesora y todo esto es nuevo. Soy de un pueblo de Inglaterra y en el colegio, allí, no se fomenta igual que aquí, tanto en las aulas como en la calle con manifestaciones como esta».

Añade que los medios no anuncian las movilizaciones, ni se da tanto «bombo» a la desigualdad entre hombres y mujeres. Victoria, de Manchester, también profesora, entra en la conversación buscando el dato en su móvil: «El año pasado, en nuestro país, hubo 80 asesinatos [55 en España], y allí no es noticia, al menos como aquí, no se habla y si hay manifestaciones, al menos yo no sé dónde ni cuándo». Pancartas y más pancartas se ondean a los lados y a lo largo de las miles de cabezas (el recuento de la Policía Nacional en ese momento incipiente elevaba la asistencia a unas 15.000 personas) que ya se acercan al cruce de Urzaiz con República Argentina. Igual que la música y los gritos exigiendo, que no reclamando, el cumplimiento en libertad de sus derechos.

«Temos que organizar a sociedade doutro xeito» y «queremos que as institucións dean resposta a estas necesidades» son algunos pilares del Manifesto de Galegas 8M redactado para la jornada de ayer, que añade: «Queremos que sexa unha cuestión política e económica de primeira orde, garantindo o dereito real de todas as persoas a ser coidadas integralmente, é dicir, con acceso a recursos, con criterios de xustiza social e desde unha perspectiva feminista. Esiximos o dereito a unha vida digna e feliz para todas as persoas! Imos loitar polo que é invisíbel». El alegato advierte también del camino por recorrer aún: