La imbatible tienda de las tribus urbanas

Iván Rodríguez Piñeiro fundó con su mujer un modelo de negocio basado en tendencias juveniles y 31 años después Caramba ha crecido con tres locales, sendos estudios de tatuaje y piercing, y venta «online»


vigo / la voz

Cuando no existía Internet y las tendencias llegaban a Vigo a cuentagotas y con años de retraso, ya cuando casi habían pasado de moda donde se originaban, había una tienda en la ciudad a la que se podía acudir sabiendo que si había algo nuevo, primero iba a llegar allí. El lucense Iván Rodríguez Piñeiro y su mujer, la bueuense Fita, decidieron que Vigo, donde ya residían hacía un lustro, era el lugar perfecto para vivir, para salir de marcha, y para el modelo de negocio que habían pensado desarrollar. «Siempre me gustó esta ciudad», reconoce. «Nosotros empezamos vendiendo a las tiendas como representantes de diferentes marcas e íbamos a ferias de muestras hasta que decidimos hacernos con nuestro propio local», cuenta.

La primera tienda Caramba la abrieron en la calle Pi y Margall, 75, y allí sigue, 31 años después. Luego vinieron dos más, pero Iván solo se acuerda de la fecha exacta de la apertura de la primera, «el 4 de octubre del 89. Y hasta guardé durante años el primer billete que entró en la caja registradora», explica divertido. «Entonces había un bum de la bisutería y teníamos la tienda llena de paneles con cientos de modelos y en cuanto a la ropa, se llevaba la hippy de la India» recuerda.

En aquella época, pasar delante de su escaparate ya era una experiencia en sí misma porque tenían un tipo de ropa y complementos que no se veían en ninguna otra parte. Cuero, tachuelas, zapatos de plataforma, camisetas de grupos de rock que entonces nadie tenía... así fueron aglutinando a seguidores de tribus urbanas, pero como asegura Iván, también a clientes de gustos diferentes y no adscritos a ningún subgrupo cultural unido por aficiones o filias musicales. Se nota, por ejemplo, en sendos estudios de tatuaje y piercing que tienen en cada uno de sus tres locales, con diferentes expertos al frente. «Viene madres con hijas y salen cada una con uno, que eso antes no pasaba», recuerda. Él hace piercings y borra tatuajes con láser. «Lleva 20 minutos hacerlos y hasta dos años quitarlos», revela.

De las perchas cuelgan modelos para punkis, heavys, rockeros, mods, góticos, pin ups o seguidores del trap, pero la moda fagocita estas tendencias que cada vez se encuentran más en el comercio tradicional, copiando lo auténtico que en Caramba reciben de proveedores originales e internacionales. Incluso en artículos que podrían parecer ajenos a modas, como los piercings que traen de New Jersey. «Todo es de importación y seguimos yendo dos veces al año a ferias a Londres, como desde el principio, evolucionando con los tiempos y adaptándonos a lo que llega», reflexiona añadiendo que aunque Internet lo ha hecho todo más global, «hay productos que aún tardan en llegar». En un momento en el que el comercio local cae abatido por la competencia brutal de la venta online, el de Caramba, con tres tiendas funcionando en la misma ciudad, es un caso único. «El primer sorprendido soy yo», admite, aunque a continuación repasa algunos motivos por los que siguen en la brecha, y abriendo nuevos frentes. «Somos muy activos en la búsqueda de producto, trabajamos con buenos proveedores de marcas destacadas, como el calzado New Rock o los cascos Bandit, somos además muy activos en redes sociales, también vendemos por Internet en varias plataformas, desde Ebay a Amazon, pasando por nuestra propia tienda online en desarrollo», explica el profesional, que deja en manos de su hijo David todo lo que implica ordenadores y programas por medio.

Caramba es también refugio de moteros en busca de indumentaria, pero advierte que se especializaron a partir de una importación de diez modelos de Harley Davidson en el 2007. Una de aquellos motos es la suya, y la única que les quedó de entonces sigue a la venta en el local de la calle Urzaiz. «Dejamos la venta porque es un sector muy complicado. Nos centramos en lo que lo rodea: chaquetas, guantes, pantalones, camisetas, gafas, cascos, alforjas... y todo ello dentro del estilo custom, no el de carretera», puntualiza.

Ellos también fueron los primeros en abrir en Vigo un estudio de tatuajes y en Pi y Margall los sigue haciendo su hermano Tito, también rockero.

Lo que además les distingue es que saben de lo que hablan y lo viven. El padre toca el bajo en una banda de blues y el hijo, que toca varios instrumentos y se formó como técnico de sonidos, en varias formaciones de rock.

Desde 1989. 

Dónde está. Tienen tres en Vigo: Pi y Margall 75; luego abrieron en Progreso 36; y la última, en Urzaiz 114.

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