¿Cuánto tiempo que le ganamos al día?

La batalla contra la oscuridad. A medida que avanzamos hacia la primavera los días se hacen cada vez más grandes, aquí te desvelamos cuánto le hemos ganado a la noche desde el pasado mes de diciembre. Autopista hacia la luz

El día comienza a ganarle terreno a la noche. Se aprecia a simple vista que a las seis de la tarde todavía es de día, algo que hace apenas un mes y medio no se podía afirmar. Porque desde el 21 de diciembre, coincidiendo con el solsticio de invierno, la luz le ha anotado casi dos horas más frente a la noche. Y así iremos en autopista directa hacia la luz hasta obtener seis horas y media de sol más, momento que coincidirá con el solsticio de verano, el 20 de junio: «Además a partir de ahora vamos más rápido. Si pones en un gráfico el día del año en el eje de las equis y la duración del día en el eje de las íes, ves que es una parábola. Y entonces cuando estás muy cerca del mínimo (solsticio de invierno) o del máximo (solsticio de verano) la variación es pequeña a medida que pasan los días, pero cuando estamos como ahora, justo en el medio, es cuando vamos ganando más rápido horas de luz, o vamos perdiendo también, como en otoño», explica Juan Taboada, de MeteoGalicia. La variación es tal, que de esta semana a la pasada hay una diferencia de 20 minutos, es decir, hemos ganado casi media hora de luz en apenas siete días.

Mientras en diciembre solo disfrutamos de nueve horas de luz, en junio alcanzaremos casi quince horas y media de sol: «Lo que hay que pensar es que el eje de la Tierra está inclinado en más de 20 grados con respecto al plano de la eclíptica, que es el plano en el que la tierra gira alrededor del sol. Entonces, cuando el hemisferio norte está orientado hacia el sol el número de horas de luz va a ser más alto que cuando no lo está. Eso explica que en el ecuador no haya estos cambios, los días y las noches duran aproximadamente doce horas en cualquier momento del año. Sin embargo, en los polos hay seis meses de noche y seis meses de día. Nosotros estamos en una zona intermedia», de ahí esta variación.

Otro dato curioso es que el día en el que antes se pone el sol no coincide con el más corto del año. Es el 9 de diciembre y el ocaso tiene lugar en A Coruña tres minutos antes de las seis de la tarde, mientras que en Vigo, dos minutos después. En cambio, el 21 de diciembre, el día con menos horas de luz de todo el año, anochece a las seis en punto de la tarde en A Coruña y cinco minutos después en Vigo.

Esto también demuestra que el sol no se pone exactamente a la misma hora en las principales ciudades de Galicia. Hay una ligera variación. En el solsticio de invierno, el ocaso tiene lugar cinco minutos antes en las zonas del norte de la comunidad que en las del sur. Mientras que en verano se invierte esta situación y anochece más tarde en A Coruña que en Vigo: «Si te vas moviendo más al sur vas a más hasta llegar al ecuador que serían doce horas de luz. Y también hacia el norte, A Coruña tiene siete minutos menos de luz que Vigo pero, a su vez, seguro que tiene 20 minutos más que Londres, por ejemplo. A medida que te vas moviendo hacia el norte esas diferencias van siendo más acusadas. Y a medida que te mueves hacia el sur vas ganando tiempo de luz. En junio pasa al contrario, es un poquito más largo el día en A Coruña que en Vigo. Y en Londres todavía más, y en Estocolmo tendrán a lo mejor 23 horas de día».

CLARIDAD HASTA LAS ONCE

El 29 de junio es el día del año en el que Lorenzo se pierde más tarde por la línea del ocaso. Lo hace en torno a las 22.15 horas, pero en esos días la llegada de la oscuridad de la noche puede llegar a dilatarse hasta cerca de las once. Ese fenómeno se conoce como crepúsculo: «Hay diferentes definiciones. El crepúsculo civil, el astronómico, el náutico... Si el día está despejado y hay buena visibilidad, el crepúsculo civil que es el que nos afecta a nosotros en este caso, puede llegar hasta media hora después del ocaso».

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XAVIER FONSECA

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Las sociedades precientíficas creían que la Tierra era el centro del universo. Pocos reproches se pueden hacer a los antiguos sabios, ya que la experiencia cotidiana no se ajusta con un mundo en movimiento, mientras que aparentemente lo que sí se desplazan son el resto de cuerpos como la Luna, el Sol y las estrellas. Pero gracias a la revolución científica iniciada en el siglo XVI se pudo descubrir que nada es lo que parece. El planeta sí que mueve. Lo hace alrededor del astro rey y a toda máquina, a unos 30 kilómetros por segundo, una velocidad que varía a lo largo del año. La Tierra tiene otra particularidad: su eje de rotación está inclinado 23,5 grados. «A súa orientación tamén vai mudando ao longo do ano. Estes días, coincidindo co solsticio de inverno, o polo sur está inclinado cara ao sol, xusto o contrario ca hai seis meses», explica Jorge Mira, catedrático de Física de la USC. Esto influye en la radiación solar que recibe cada hemisferio y en la configuración de la línea que separa el día de la noche. «Esa raia, que se chama terminador, é máis dinámica do que a xente cre», reconoce.

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