El Meixoeiro implanta un nuevo sistema que hace más fiables y rápidos los análisis de orina

Los nuevos tubos, que sustituyen a los botes tradicionales, llevan un compuesto que evita que el líquido se corrompa

El robot organiza todas las muestras de orina y clasifica las positivas y negativas
El robot organiza todas las muestras de orina y clasifica las positivas y negativas

Vigo / la voz

Las muestras de orina han dejado de recogerse en los botes tradicionales. Desde noviembre, los centros de salud de Vigo y su área han incorporado un nuevo sistema que conserva mejor las muestras y permite un análisis más fiable, porque evita que el paso del tiempo corrompa el líquido. Primero, el paciente deposita la orina en un bote. Después, se carga en el tubo por un sistema de vacío y este se lleva al centro de salud.

El tubo tiene ácido bórico. «Hace que la muestra quede como congelada en el tiempo, que nada la corrompa», explica el jefe de servicio de microbiología del área sanitaria de Vigo, Benito Regueiro. Conserva la orina para que el resultado del análisis sea tan fiable como si se analizase en el momento de la micción. Hasta ahora no llevaba ningún conservante y para ello lo ideal era hacer el cultivo en las dos horas siguientes a tomar la muestra o bien mantenerla en frío, algo que no siempre se cumplía.

El tubo se carga desde el bote con un sistema de vacío. Luego el bote se desecha
El tubo se carga desde el bote con un sistema de vacío. Luego el bote se desecha

Cada día se mandan cientos de tubos de los centros de salud al Hospital Meixoeiro, donde está el laboratorio. Las muestras se pueden utilizar para muchos diagnósticos. Son habituales para saber si hay una infección del tracto urinario -comúnmente conocida como infección de orina-.

En noviembre se implantó un nuevo sistema de trabajo. Hasta entonces, era necesario hacer un cultivo de todas las muestras. Pero este proceso tarda 24 horas y hay que ir muestra por muestra sin saber si hay infección. El nuevo sistema tiene dos herramientas. Por un lado, un robot ordena todos los tubos. Al paciente se le pueden dar hasta tres, con tapas que tienen un código de colores en función de lo que se busque. El robot tiene un brazo que los coge y los clasifica de forma automática y a toda velocidad.

Después, esas muestras se pasan por un aparato que se llama citómetro de flujo. Los tubos van de cinco en cinco, y tardan cinco minutos. Esa máquina cuenta componentes: bacterias, leucocitos, eritrocitos... El recuento funciona como filtro, porque parte de una premisa básica: si no hay bacterias no puede haber infección.

«La Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica establece que el filtro debe ser de 3.000 bacterias por microlitro. Nosotros somos mucho más garantistas y nos basta con que haya 150; si hay más, hacemos el cultivo», explica el catedrático Regueiro. Pero si el citómetro detecta menos significa que «no puede haber infección», dice el jefe de servicio. Como todo se hace el mismo día, el médico de atención primaria ya tiene el resultado en la historia clínica electrónica en la misma tarde.

El citómetro de flujo procesa cinco tubos cada cinco minutos y cuenta si tienen bacterias
El citómetro de flujo procesa cinco tubos cada cinco minutos y cuenta si tienen bacterias

Después de pasar por el citómetro, todos los tubos vuelven al robot. Separa las muestras que dan resultado positivo de las negativas. Si el resultado es positivo, toca llevar la muestra a otra dependencia y hacer el cultivo por el método tradicional.

De cada muestra se coloca una porción en dos placas de Petri. Se dejan en una estufa durante 24 horas. Es literalmente un cultivo: un proceso para que crezca el germen. Al cabo de ese tiempo, cambian de color. «Con eso ya sabemos qué bacteria hay: si es rosa va a ser E. coli (la mayoría); si es azul, Enterobacter, Klebsiella o Citrobácter; si es amarillo, Morganella, Proteus o Providencia», dice la microbióloga Sonia Rey. El diagnóstico queda claro.

¿Cómo se debe hacer para recoger bien la micción?

Todo sistema de organización de los urocultivos puede ser muy complejo, pero parte de una premisa: que la muestra esté bien tomada. Y esto no es tan sencillo como recoger un poco de orina en un bote sin atender a unas indicaciones. La microbióloga Sonia Rey explica que se suele pedir la primera orina de la mañana porque está más concentrada -«si se bebe mucha agua, se diluye y el recuento de bacterias es menor»-. También se pide lavar la zona genital y desechar el primer chorro para recoger la porción media de la orina. El primer chorro actúa como esterilizante de la uretra y, en principio, en el tramo medio ya se considera que se ha tomado en condiciones estériles. La orina debe tomarse también antes de tomar cualquier antibiótico, para no alterar el resultado.

Una muestra positiva tras un cultivo
Una muestra positiva tras un cultivo

Un sistema informático registra todo el proceso

Todo el proceso de petición y realización de los urocultivos deja un rastro informático. Cada hito queda registrado, desde la hora en la que bajan del camión los tubos hasta el momento en que se notifica en la historia clínica electrónica. Todo. Una parte fundamental de este sistema es la petición electrónica. El médico debe anotar en un programa una orientación diagnóstica y puede escribir en el cualquier cosa que le inquiete sobre el paciente, incluso una petición expresa de cultivo, sin el citómetro, como ya se hace con las embarazas y pacientes inmunodeprimidos en todos los casos. «Nosotros ofrecemos exactamente las mismas pruebas a los hospitales y a atención primaria», dice Regueiro. En enero, los médicos pidieron 4.000 análisis de orina, en 400 de los cuales el citómetro descartó infección.

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