«La gente se sorprende de lo que la música clásica le hace sentir aquí»

Inspirada por Leonardo da Vinci, esta profesora de piano abrió el Vitruvia Café, un local que se ha convertido en parada obligatoria de James Rhodes cuando visita Vigo


vigo / la voz

Una profesora de piano, un alumno empresario y amor por la música. Son los ingredientes de un proyecto cultural y hostelero que nació en el 2015 y que ha llevado a Rosanna Ojea (Vigo, 1981) a recoger hoy el premio Galega Destacada que entrega la Asociación Diálogos 90. «Entre mis alumnos hay dos hermanas que convencieron a su padre, empresario melómano, para que empezase a ir a clase de piano. Ese padre era Javier Ferreiro. Surgió entre nosotros una conexión especial. Nos unían muchas cosas, entre ellas gustarnos la hostelería pero echar de menos algo más, un café en el que pudiesen suceder muchas cosas». Así nació Vitruvia.

El piano es el protagonista de este local en el que Rosanna Ojea programa conciertos a cuatro manos. Ella es la culpable de que en Vigo se pronuncie la palabra schubertiada, evento para celebrar la música del compositor Franz Schubert. Quedadas culturales que ya se han convertido en habituales. Ojea estudió el grado superior en el Conservatorio Superior de Música de Vigo, en O Castro. Retomó su carrera musical después de licenciarse en Publicidad y Relaciones Públicas, en Pontevedra. «Soy publicista, así que me tocó elegir el nombre del local. Me inspiré en la lámina de Leonardo da Vinci, El hombre de Vitruvio. La imagen está relacionada con una época de cambio en el pensamiento, época en la que empiezan los valores humanos relacionados con las artes. Coincidía con la filosofía del proyecto. Nos dimos cuenta de que al decirla, iba cogiendo cuerpo». Vitruvio, pasó a ser Vitruvia y a oler a café recién hecho.

Lo más curioso de esta historia es que el piano de semicola no lo aportó la pianista, sino el empresario, apasionado de la música clásica. Un instrumento robusto pero delicado. Los expertos recomiendan no ubicarlo cerca de las puertas, en zonas con corriente o donde pueda entrar la humedad. En Vitruvia se saltan todas estas normas para regalar a sus clientes conciertos, exposiciones y encuentros de lectores.

«La música es la semilla»

Rosanna asegura que programar música es como elegir un regalo. Escoge lo que le gusta a ella pero también lo que cree que agradará a los clientes del café. «La música es la semilla, es el vehículo. La música es una: es la buena y puede ser de cualquier estilo. En Vitruvia está todo muy pensado, el orden de las canciones, lo que se expone, lo que se dice. Hay un esfuerzo por que eso llegue de la manera adecuada». Ojea selecciona cada uno de los temas que suenan en este local, desde que abre a primera hora para los desayunos hasta que echa el cierre, casi de madrugada, después de servir algunas copas. Son consumiciones que, a veces, preparan las manos de esta pianista. «No le doy menos valor al hecho de poner un café que a cuidar las manos para el piano. Vitruvia vive de los cafés». Tanto prepara un café asiático como toca a cuatro manos en el local con la intérprete Rasa Biveiniene, o da clase a sus alumnos.

Esta mujer se ha propuesto como objetivo democratizar la música culta, acercarla a quienes nunca la irían a buscar pero que la disfrutan cuando la descubren. «Yo lo comparo con el cine, tenemos asumido que la música está puesta y pensada para intensificar la historia. Esto es lo que buscamos, que la música esté influyendo en Vitruvia todo el rato para que todo lo que allí ocurre, sea mejor. Vemos a gente con un libro, trabajando, de conversación. Sea lo que sea lo que estén haciendo, con esta música, es un poco mejor. Es un producto de calidad. Igual que estás con un buen café, esto te está entrando por todos los poros». Buscan una oferta de ocio distinta, que remueva al cliente por dentro, es el objetivo de Ojea. «La gente se sorprende de lo que siente aquí».

Lugar fetiche de James Rhodes

Rosanna mantiene contacto con uno de los pianistas de moda. James Rhodes hace parada en el Vitruvia cada vez que toca en Vigo. Hace solo una semana que se dejó ver por el local. «Él consigue que mis alumnas de nueve años estén emocionadas por tener entradas para ir a un concierto a escuchar tres sonatas de Beethoven. Rhodes explica la música, cuenta anécdotas al público, hace que la gente entienda la historia y sienta más conexión con la melodía».

El arte no se mide con dinero pero los negocios, sí. ¿Es rentable este proyecto? «Claro que sí. Esa es la faceta de Javier y es fundamental, si no es rentable no puede existir. Era una apuesta arriesgada pero hay unos pilares financieros, económicos y de gestión que seguro que muy pocas cafeterías tienen». Y como el arte no hay dinero que lo pague, esta noche han organizado un concierto gratuito para celebrar el premio Galega Destacada que recoge hoy. Un homenaje a Ojea, con 13 músicos, orquestado por quien la introdujo en este mundo, la pianista Rasa Biveiniene.

Su canción

«Fantasía en Fa menor a cuatro manos» de Schubert. «Es una melodía que está considerada como una de las más bellas. Es imposible no sentir cuando escuchas esto. Son joyas que se han creado para disfrutarlas. Es maravilloso que la gente empiece a conocer y a reconocer la melodía porque se escucha en el café.

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