UVigo


Hace ahora 30 años, nacía la Universidad de Vigo. Su rectorado estaba en un apartamento de 70 metros cuadrados en el edificio Moderno, en la Porta do Sol, con un par de funcionarios, un teléfono y un fax. Aquel primer rector era Luis Espada, gran artífice de esta institución, que no se entendería sin su esfuerzo, capacidad de negociación, su gestión, su habilidad política y también su simpatía en aquellos años difíciles. Con todos supo tener buena química, que era su especialidad. Y mantenerse al margen de la corrosión y del ruido, sus grandes líneas de investigación. Tras él llegaron otros cinco rectores: José Antonio Rodríguez (1994-1998); Domingo Docampo (1998-2006); Alberto Gago (2006-2010); Salustiano Mato (2010-2018) y Manuel Reigosa, el actual, que se estrenaba como profesor en el mismo año en que se fundaba la institución.

Hace 30 años no había un campus, y los alumnos subían al monte a veces empujando al autobús. Aquella primera UVigo tenía 11.524 estudiantes, hoy tiene 20.000, pero llegó a tener casi 30.000 cuando asumió a la generación del baby boom. En 1990, sólo había nueve titulaciones, por los 61 grados actuales, a los que hay que sumar 65 maestrados. De cien grupos de investigación se pasó a 250, hoy agrupados en 170. Y, además de haber entrado en el ránking de Shanghai como una de las 500 mejores del mundo, presume de científicos que publican en revistas del mayor prestigio.

Y todos estos éxitos han llegado con una universidad pública. Propiedad de todos. Accesible a todos. Con igualdad de oportunidades para todos. Tomen nota quienes suspiran por privatizarlo todo…

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